El cine, en su magia más pura, no solo cuenta historias; nos transporta. Nos envuelve en atmósferas tan densas y palpables que casi podemos sentir el crujir de la seda, el frío del mármol bajo nuestros pies y el peso de una corona invisible sobre nuestra cabeza. Pocas películas logran esta inmersión con la maestría visceral de ‘La Favorita’ de Yorgos Lanthimos. Más allá de su brillante guion y sus actuaciones monumentales, la película es un triunfo estético, un ballet de poder y fragilidad que se desarrolla en salones y corredores que son, en sí mismos, protagonistas silenciosos de la historia. Este no es un simple viaje a localizaciones de rodaje; es una peregrinación al corazón del siglo XVIII, una invitación a caminar por los mismos espacios donde la Reina Ana, Lady Sarah y Abigail Hill tejieron su red de amor, ambición y traición. Nos adentraremos en la Inglaterra de la Casa de Estuardo, pero a través del singular objetivo de Lanthimos, un mundo opulento y a la vez claustrofóbico, bañado en la luz de las velas y la pálida claridad de un sol inglés. Este recorrido es para aquellos que buscan sentir la historia, no solo verla; para los que desean descifrar los susurros atrapados en los tapices y sentir el eco de las intrigas en la vastedad de una galería dorada. Prepárense para descorrer el pesado cortinaje del tiempo y entrar en el escenario real de ‘La Favorita’.
Si te apasiona este tipo de inmersión cinematográfica en lugares históricos, también te fascinará explorar otros viajes de peregrinación fílmica.
Hatfield House: El Corazón Palpitante de la Intriga

Si hay un lugar que encarna el espíritu de ‘La Favorita’, ese es sin duda Hatfield House. Ubicada en Hertfordshire, a un breve y agradable viaje en tren desde el bullicio de Londres, esta mansión jacobea no fue simplemente un set de filmación; se transformó en el palacio de la Reina Ana, en el tablero de ajedrez donde se movían las piezas de este drama cortesano. Desde el momento en que uno pisa sus terrenos, se siente inmediatamente como si hubiera cruzado un portal en el tiempo. La casa, construida en 1611 por Robert Cecil, primer conde de Salisbury y ministro de Jacobo I, emana historia en cada ladrillo color miel y en sus imponentes chimeneas. Pero bajo la dirección de Lanthimos, Hatfield perdió su aura de museo para convertirse en un espacio vivo, vibrante y peligrosamente íntimo. La decisión de rodar casi exclusivamente con luz natural o de velas convirtió sus grandiosos interiores en un lienzo de claroscuros, donde las sombras bailan y ocultan tanto como revelan, reflejando la psique atormentada de sus habitantes.
Una Joya Jacobea en el Lienzo de Lanthimos
La elección de Hatfield House fue un acierto notable. Su arquitectura, un ejemplo supremo del estilo jacobeo, brindaba la opulencia necesaria, pero también una cierta rigidez y formalidad que Lanthimos supo subvertir con su cámara. Al recorrer sus estancias, es fácil imaginar al director de fotografía Robbie Ryan moviéndose con su objetivo gran angular, esa lente ojo de pez que se convirtió en una seña distintiva visual de la película. Esta técnica no solo capturaba la magnificencia de los techos dorados y las paredes paneladas, sino que también deformaba el espacio, creando una sensación de encierro y paranoia. Los pasillos parecen extenderse hasta el infinito, las habitaciones se curvan como si soportaran una inmensa presión, encerrando a los personajes en su jaula de oro. Pasear hoy por Hatfield es una experiencia dual: por un lado, se aprecia la belleza histórica; por otro, se siente la tensión cinematográfica, la distorsión emocional que Lanthimos imprimió en cada rincón.
El Gran Salón: Ecos de Banquetes y Poder
El primer impacto al entrar en Hatfield House es su Gran Salón, conocido como el Salón de Mármol. En ‘La Favorita’, este espacio funciona como el vestíbulo principal del palacio, el punto donde la corte se reúne, se anuncian las llegadas y donde el poder se exhibe sin reservas. Su suelo ajedrezado de mármol blanco y negro se convierte en símbolo del juego estratégico que allí se desarrolla. Las paredes, revestidas en una oscura y rica madera de roble, están decoradas con retratos ancestrales que parecen juzgar silenciosamente las frivolidades y crueldades de la corte de Ana. Aquí vemos llegar por primera vez a Abigail, un punto pequeño en un espacio imponente. Es aquí donde tienen lugar los banquetes y bailes, como la extraña y anacrónica danza protagonizada por Sarah y el barón Masham. Estar en el centro de esta sala es sentir el peso de la historia y el eco de esas escenas. La luz que se filtra a través de los enormes ventanales dibuja patrones cambiantes sobre el suelo, y uno casi puede escuchar el murmullo de los cortesanos y el roce de las telas pesadas. La enorme chimenea de piedra tallada domina un extremo, un hogar que parece incapaz de calentar la fría ambición que impregna el ambiente.
La Galería Larga: Un Corredor de Susurros y Conspiraciones
Pocas estancias en la historia reciente del cine son tan memorables como la Galería Larga de Hatfield House. Con más de 50 metros de longitud, su techo dorado extremadamente detallado y sus paredes cubiertas de tapices y retratos, esta galería es el verdadero escenario del drama. En la película, es un espacio multifuncional: es el pasillo por donde la Reina Ana se desplaza en su silla de ruedas, a veces con alegría infantil, otras con furia desesperada; es el campo de tiro improvisado donde Sarah y Abigail compiten por el favor de la reina; y, sobre todo, el confesionario y campo de batalla de las dos favoritas. Los diálogos más punzantes, las miradas más cargadas de significado y las conspiraciones más sutiles ocurren entre estas paredes. Recorrerla despacio resulta casi una experiencia mística. La luz inunda el espacio a través de las ventanas que recorren un lateral, creando un ritmo visual que acompaña tus pasos. El suelo de madera cruje bajo tus pies, cada sonido reverbera en la inmensidad del corredor. Es imposible no detenerse a mirar por las ventanas hacia los jardines, tal como hacían los personajes, buscando una escapatoria o planeando su próximo movimiento. Se siente la claustrofobia dentro de la grandeza, un pasillo sin salida, una metáfora perfecta de la vida en la corte.
La Biblioteca: Refugio de la Reina y Campo de Batalla Silencioso
La biblioteca de Hatfield, con sus estanterías de madera oscura repletas de volúmenes encuadernados en cuero, fue convertida en los aposentos privados de la Reina Ana, su dormitorio y refugio. Este espacio, más íntimo y sombrío que el resto de la casa, se transformó en el epicentro emocional de la película. Aquí la reina muestra su vulnerabilidad, sufriendo los estragos de la gota, llorando a sus hijos perdidos y siendo manipulada por sus favoritas. El aroma a papel antiguo, cera y madera pulida inunda el ambiente, creando una atmósfera solemne y melancólica. Es en esta habitación donde Abigail aplica hierbas sobre las piernas hinchadas de la reina, ganándose su confianza. También aquí Sarah y Ana sostienen sus conversaciones más honestas y crueles. La gran cama con dosel, añadida para la película, dominaba el espacio, convirtiéndose en trono, lecho de enferma y escenario de seducción. Aunque el mobiliario cinematográfico ya no está, la esencia permanece. La luz tenue que entra por las ventanas y los miles de libros que guardan silencio contribuyen a crear un sentimiento de intimidad violada, un santuario convertido en campo de batalla psicológico.
Los Jardines: Un Laberinto de Belleza y Secreto
Los exteriores de Hatfield House, sus vastos y meticulosos jardines, también juegan un papel fundamental. Ofrecen un respiro al ambiente opresivo de los interiores, pero es un respiro engañoso, pues las intrigas continúan al aire libre. Los jardines se dividen en varias secciones, cada una con su carácter propio. El Jardín Oeste, con sus parterres formales, fuentes y esculturas, es el escenario de la famosa carrera de patos y las prácticas de tiro al pichón. Aquí la naturaleza está domada, controlada, reflejando el orden estricto de la sociedad cortesana. Sin embargo, es en estos espacios abiertos donde los personajes revelan sus instintos más primarios. Pasear por los senderos de grava, entre setos perfectamente cortados y el aroma de rosas y lavanda, es un deleite para los sentidos. Se puede descubrir el antiguo laberinto o sentarse junto a una fuente, escuchando el murmullo del agua. En la película, estos jardines son testigos de conversaciones secretas y alianzas cambiantes. Representan un mundo en el que belleza y peligro conviven, donde una fachada de civilidad apenas oculta la brutal lucha por el poder.
Consejos Prácticos para Explorar Hatfield
Visitar Hatfield House requiere un mínimo de planificación para aprovecharla al máximo. La casa y los jardines suelen estar abiertos al público desde la primavera hasta el otoño, pero es fundamental consultar su página web oficial para conocer horarios y días específicos, ya que con frecuencia cierran por eventos privados o rodajes. La forma más sencilla de llegar desde Londres es en tren desde la estación de King’s Cross o Moorgate hasta la estación de Hatfield; el viaje dura entre 20 y 30 minutos, y desde la estación la entrada a la finca está a un breve paseo. Recomiendo reservar al menos medio día para la visita. Lleva calzado cómodo, pues caminarás bastante tanto dentro de la casa como por sus extensos terrenos. Desde la perspectiva de una mujer que viaja sola, el lugar resulta muy seguro y acogedor. Un consejo personal: después de explorar la casa, busca un banco tranquilo en el Jardín del Palacio Viejo, la zona más antigua y serena del terreno. Es el lugar ideal para sentarse, respirar profundamente y dejar que la atmósfera del lugar, tanto histórica como cinematográfica, te impregne completamente.
Hampton Court Palace: El Esplendor Real y sus Fantasmas
Si Hatfield House fue el corazón íntimo y oscuro de ‘La Favorita’, Hampton Court Palace fue su cara pública, su imponente símbolo de poder real. Este palacio, ubicado a orillas del Támesis en el suroeste de Londres, es una obra arquitectónica fascinante, un lugar donde dos épocas se encuentran de manera espectacular. Por un lado, la Inglaterra Tudor de Enrique VIII, con sus ladrillos rojos, patios empedrados y cocinas cavernosas; por otro, el elegante barroco de finales del siglo XVII, encargado por Guillermo III y María II, monarcas que precedieron a la Reina Ana. Esta dualidad lo convirtió en el complemento ideal para Hatfield. Mientras que algunas de sus estancias más modernas ampliaron el palacio ficticio de la película, fueron sus rincones más antiguos y funcionales los que Lanthimos utilizó de forma más sorprendente.
Un Palacio de Dos Caras: Tudor y Barroco
La genialidad de elegir Hampton Court reside en su autenticidad histórica. La Reina Ana vivió y gobernó desde aquí, por lo que recorrer sus salones barrocos es literalmente seguir sus pasos. Estos apartamentos reales, con sus techos pintados por Verrio y tapices de valor incalculable, aparecen en varias escenas que requieren una grandeza abrumadora. Sin embargo, el verdadero placer para los seguidores de ‘La Favorita’ es descubrir cómo la producción aprovechó los espacios menos obvios del palacio. La película entrelaza historia y ficción de tal manera que al visitarlo resulta difícil distinguir dónde termina el palacio de la Reina Ana y dónde comienza el de Enrique VIII. Esta fusión de estilos y épocas refuerza la sensación de un mundo en transición, un tema central en la película.
La Gran Cocina de Enrique VIII: El Vientre de la Corte
Una de las localizaciones más memorables de Hampton Court en la película son sus vastas cocinas Tudor. En el universo de ‘La Favorita’, estos espacios no representan las cocinas de la Reina Ana, sino el submundo de los sirvientes, el corazón caótico que mantiene en marcha la opulenta maquinaria de la corte. Es aquí donde vemos por primera vez a Abigail, cubierta de barro, entrando en un mundo completamente ajeno al suyo. Las cocinas de Hampton Court son un laberinto de piedra y hollín, con chimeneas tan grandes que una persona podría estar dentro de ellas. El aire se siente más denso, cargado con los fantasmas de siglos de trabajo frenético. Al recorrerlas, se puede imaginar el calor de los fuegos, el ruido de ollas y sartenes, y oler los asados y pasteles. Lanthimos capturó perfectamente este ambiente crudo y visceral, contrastándolo brutalmente con la elegancia estéril de los salones superiores. Es una representación perfecta de la división de clases, el ‘arriba y abajo’ que define la vida palaciega.
Fountain Court y los Pasillos del Poder
El majestuoso Fountain Court, patio barroco diseñado por Sir Christopher Wren, y sus columnatas circundantes sirvieron como exteriores para muchas escenas de transición. Por estos pasillos abiertos y simétricos caminan ministros y cortesanos, conspirando y cotilleando. La arquitectura aquí es pura matemática y poder, concebida para impresionar y transmitir un sentido de orden. La luz se filtra creando patrones rítmicos de luces y sombras entre las columnas. Pasear por la columnata que rodea el patio es sentirse un personaje secundario, un observador silencioso de las intrigas que se desarrollan a tu alrededor. El sonido de tus pasos sobre la piedra rompe el silencio, un silencio que invita a la contemplación y la imaginación. Es fácil imaginar a Sarah caminando con paso firme por estos corredores o a Harley urdiendo sus planes en la sombra de una columna.
Planificando tu Visita al Palacio de Hampton Court
Hampton Court es una excursión de día completo desde el centro de Londres. La forma más pintoresca de llegar es en tren desde la estación de Waterloo, un trayecto de 35-40 minutos que te deja a pocos pasos del palacio. Debido a su tamaño, es recomendable llegar temprano. El palacio es enorme y hay mucho por ver más allá de las localizaciones de ‘La Favorita’, incluyendo los apartamentos de Enrique VIII, la Capilla Real y, por supuesto, sus famosos jardines y el laberinto. Para una inmersión completa, recomiendo alquilar una audioguía que narra brillantemente las historias y secretos del palacio a través de los siglos. Desde un punto de vista práctico, el sitio está bien organizado, pero puede llenarse mucho, especialmente fines de semana y vacaciones escolares. Un consejo para evitar aglomeraciones es explorar primero los jardines y dejar los apartamentos de estado para más tarde. Y no olvides perderte (literalmente) en el laberinto; es una experiencia británica por excelencia.
Joyas Ocultas: Otros Escenarios Clave de ‘La Favorita’

Aunque Hatfield House y Hampton Court son las bases fundamentales del mundo de ‘La Favorita’, la producción aprovechó con inteligencia otras localizaciones para añadir texturas y autenticidad a su universo visual. Estos lugares, pese a aparecer en pantalla por menos tiempo, resultan igualmente fascinantes y merecen una mención en nuestro recorrido.
Oxford, la Ciudad del Saber y el Drama
La ciudad universitaria de Oxford, con su arquitectura gótica y su atmósfera de erudición centenaria, prestó algunos de sus edificios más emblemáticos para escenas clave de poder político. La Biblioteca Bodleiana, una de las más antiguas y renombradas del mundo, se empleó para representar las Cámaras del Parlamento. En particular, la Divinity School, con su impresionante bóveda de abanico, fue el escenario donde la Reina Ana se dirige a los políticos y se debaten las estrategias bélicas. Estar en ese lugar resulta sobrecogedor. El techo de piedra parece una delicada filigrana celestial, y la luz que penetra a través de las vidrieras góticas crea una atmósfera casi sagrada. Se percibe el peso de siglos de conocimiento y debate. Es el espacio idóneo para filmar escenas de poder intelectual y retórico, en marcado contraste con el poder emocional y físico ejercido dentro de los muros del palacio.
Danson House: Elegancia Paladiana para Escenas Íntimas
Ubicada en el municipio londinense de Bexley, Danson House es una hermosa villa paladiana del siglo XVIII que, aunque menos conocida, aportó su elegancia a la película. Sus interiores georgianos, más claros y aireados que los oscuros salones jacobeos de Hatfield, se usaron para algunas escenas específicas, probablemente para representar los aposentos de los personajes a medida que ascendían en la jerarquía social. Visitar Danson House es descubrir una joya oculta, un ejemplo perfecto de la arquitectura y el diseño de la época en que se ambienta la película, ofreciendo una visión de cómo vivía la aristocracia fuera del círculo inmediato de la corte.
El Alma del Lugar: Cómo los Espacios Dieron Forma a la Película
Una visita a las locaciones de ‘La Favorita’ no estaría completa sin reflexionar sobre cómo estos espacios físicos fueron manipulados y transformados mediante el lenguaje cinematográfico, convirtiéndose en una extensión de la psicología de los personajes. No son meros escenarios, sino participantes activos en la narrativa.
La Luz Natural como Pincel del Director
La decisión de Yorgos Lanthimos y Robbie Ryan de prescindir de la iluminación artificial es quizás el elemento más crucial en la creación de la atmósfera del filme. Al depender únicamente de la luz solar que entraba por las ventanas o del parpadeo de cientos de velas, lograron una autenticidad impresionante. Esta elección influyó profundamente en nuestra percepción de los espacios. Las amplias salas, durante el día, se llenan de una luz suave y difusa que revela el polvo en el aire y la textura de las telas. Por la noche, se transforman en cavernas oscuras donde vastas áreas se pierden en las sombras y los rostros de los personajes son iluminados por el cálido y tembloroso resplandor de las llamas. Esta iluminación crea una intimidad cruda y una sensación de vulnerabilidad. El espectador se convierte en un voyeur, espiando momentos privados en un mundo a la vez hermoso e inquietante. Al visitar estos lugares, intenta imaginarlos sin luz eléctrica, solo con la luz del día o la de una vela en tu mano. El carácter del espacio cambia radicalmente.
El Ojo de Pez: Deformando la Realidad y el Poder
El uso recurrente de lentes gran angular, o ‘ojo de pez’, es otra gran firma estilística de la película. Esta técnica visualmente impactante distorsiona las líneas rectas de la arquitectura, curvando paredes y techos, y reduce a los personajes dentro de su entorno. El efecto es múltiple. Por un lado, acentúa la escala y opulencia de los palacios, haciéndolos parecer aún más vastos e impersonales. Por otro, genera una sensación de vigilancia y paranoia, como si observáramos la acción a través de una mirilla o un ojo distorsionado. Esta perspectiva deforma la realidad, reflejando el estado mental inestable de los personajes y la naturaleza retorcida de las relaciones de poder en la corte. Los grandes salones se convierten en prisiones doradas y los largos pasillos en túneles interminables. Se trata de una elección audaz que nos impide ver estos lugares históricos como simples postales y nos obliga a experimentar su peso psicológico.
Un Viaje Sensorial: Más Allá de la Pantalla

Para que esta peregrinación sea completa, debemos involucrar todos nuestros sentidos, conectando la experiencia cinematográfica con el mundo real de una manera más profunda. Se trata de sentir, no solo de observar.
Vístete para la Ocasión (con un Toque Moderno)
Desde mi perspectiva, viviendo entre la moda y los viajes, creo que la manera en que nos vestimos puede transformar nuestra experiencia en un lugar. No propongo un disfraz de época, sino inspirarse en la paleta de colores y las texturas de la película para conectar con su estética. Piensa en terciopelos oscuros, brocados, sedas en tonos joya, o incluso el sobrio blanco y negro del vestuario de los sirvientes. Un abrigo bien cortado, una bufanda de seda, unos guantes de cuero… pequeños detalles que te harán sentir parte del cuadro. Y, por supuesto, el calzado debe ser elegante pero cómodo. Unos botines de cuero o zapatos planos con estilo son esenciales para recorrer los suelos de piedra y senderos de grava con confort y elegancia.
Los Sabores de la Época: Dónde Comer y Beber
Cerca de estas grandes fincas históricas, a menudo se encuentran pubs tradicionales ingleses con siglos de historia. Buscar uno de estos lugares para almorzar puede ser el complemento ideal para tu visita. Imagínate sentado junto a una chimenea crepitante, disfrutando de un ‘pie’ (pastel de carne) o un ‘Sunday roast’, platillos que no habrían sido desconocidos en el siglo XVIII. Acompaña la comida con una ‘ale’ local. O, para una experiencia más refinada, reserva un ‘afternoon tea’ en un hotel cercano. La ceremonia del té, con sus sándwiches delicados, sus ‘scones’ con ‘clotted cream’ y mermelada, y sus pasteles en miniatura, es un reflejo de la elegancia y el ritual de la vida aristocrática que acabas de presenciar.
Capturando la Esencia: Consejos de Fotografía
Al fotografiar estos lugares, trata de ir más allá de la simple documentación. Busca capturar la atmósfera de Lanthimos. Juega con la luz y la sombra. En lugar de usar el flash, aprovecha la luz natural que entra por las ventanas. Fotografía un rayo de sol iluminando el polvo en el aire de una habitación oscura. Usa los marcos de las puertas para encuadrar tus tomas, creando una sensación de profundidad y de estar espiando. Captura los detalles: la textura de un tapiz, el brillo de un pomo de puerta de latón, el reflejo en un suelo pulido. Y no olvides hacer tomas amplias que muestren la soledad de una figura en un espacio inmenso, para emular esa sensación de opresión y grandeza que define la estética de la película.
Una Invitación a Perderse en el Tiempo
Visitar los escenarios de ‘La Favorita’ es mucho más que un simple recorrido cinematográfico. Es una inmersión profunda en un periodo histórico fascinante, una exploración de la arquitectura que moldeó una nación y una oportunidad para conectar con una obra cinematográfica a un nivel casi tangible. Estos palacios y mansiones no son reliquias mudas; son teatros de la memoria donde las paredes aún susurran historias de poder, pasión y pérdida. Caminar por la Galería Larga de Hatfield o por las cocinas de Hampton Court es sentir el latido de la historia bajo la piel, comprender cómo el espacio puede influir en el destino y dar forma al alma humana. Por eso te invito a seguir este mapa, no solo con los ojos, sino también con el corazón. Piérdete en estos corredores, deja que el esplendor y la decadencia te envuelvan, y por un instante, siéntete parte de la corte. Porque en estos lugares, el eco del pasado resuena con una claridad tan intensa que casi podrías escuchar a la reina llamando tu nombre.

