En el panteón del cine bélico, pocas películas resuenan con la cruda y visceral honestidad de ‘Platoon’ de Oliver Stone. Estrenada en 1986, esta obra maestra no solo redefinió el género, sino que también grabó en la conciencia colectiva una imagen imborrable del infierno verde que fue la Guerra de Vietnam. La película, un semi-relato autobiográfico de la propia experiencia de Stone como soldado de infantería, nos sumerge en la brutalidad, la confusión moral y la camaradería rota de un pelotón estadounidense. Sin embargo, lo que muchos espectadores no saben es que la jungla sofocante y el terreno implacable que se convirtieron en un personaje por derecho propio no eran los de Vietnam. El verdadero campo de batalla cinematográfico, el lugar donde Charlie Sheen, Willem Dafoe y Tom Berenger lucharon contra un enemigo invisible y sus propios demonios, se encontraba a miles de kilómetros de distancia, en las profundidades de la selva de Filipinas. Este archipiélago del sudeste asiático, con su historia compleja y su naturaleza exuberante, se transformó en el lienzo perfecto para que Stone pintara su desgarrador retrato de la guerra. Emprender un peregrinaje a estos lugares no es simplemente visitar un plató de cine; es un viaje al corazón de la creación de una leyenda, una inmersión en el mismo entorno que forjó las actuaciones legendarias y la atmósfera opresiva de la película. Es caminar sobre la misma tierra húmeda, sentir el mismo aire denso y escuchar los mismos susurros de la jungla que envolvieron al elenco y al equipo, empujándolos a los límites de su resistencia para capturar una verdad inquebrantable en celuloide. Prepárense para adentrarse en un territorio donde la ficción y la realidad se entrelazan, donde el eco de los helicópteros parece resonar aún entre las copas de los árboles y el espíritu de ‘Platoon’ permanece indeleblemente impreso en el paisaje.
Este viaje a los escenarios de ‘Platoon’ en Filipinas es un peregrinaje cinematográfico tan profundo como el que uno puede realizar a las localizaciones de ‘Doctor Zhivago’ en España.
La Transfiguración de Filipinas: El Vietnam de Oliver Stone

La decisión de filmar ‘Platoon’ en Filipinas no fue casual, sino una combinación de necesidad pragmática y una sorprendente serendipia geográfica. A mediados de los años 80, las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Vietnam aún no se habían normalizado, lo que hacía logísticamente imposible y políticamente delicado rodar una película tan crítica sobre la guerra en su escenario original. Oliver Stone, obsesionado con la autenticidad, buscaba un lugar que no solo se pareciera a Vietnam, sino que también se sintiera como Vietnam. La encontró en el archipiélago filipino, concretamente en la isla de Luzón. Esta nación, con un pasado tumultuoso de conflictos y ocupaciones extranjeras, ofrecía un telón de fondo cargado de una resonancia histórica palpable. Más importante aún, su geografía reflejaba casi de forma perfecta las junglas vietnamitas: una vegetación densa y enmarañada, ríos serpenteantes de aguas turbias, una humedad aplastante y un terreno montañoso que prometía el mismo nivel de desafío físico que enfrentaron los soldados auténticos. Filipinas contaba ya con experiencia como lugar de rodaje para otra emblemática película sobre Vietnam, ‘Apocalypse Now’ de Francis Ford Coppola, filmada casi una década antes. Esta experiencia previa implicaba la existencia de una infraestructura básica y personal local familiarizado con producciones cinematográficas de gran escala. Stone y sus productores hallaron en Filipinas no solo un sustituto visualmente convincente, sino también un entorno capaz de adaptarse a sus exigentes necesidades. La elección permitió al director un control creativo que habría sido inalcanzable en otro lugar, posibilitándole construir aldeas, simular campos de batalla y trasladar equipamiento militar con relativa facilidad, gracias a la cooperación de las autoridades filipinas de entonces. La selva filipina no fue un mero fondo pasivo; se convirtió en un crisol. Su clima impredecible, su fauna exótica y su terreno implacable se transformaron en herramientas para Stone, elementos que usó para despojar a sus actores de las comodidades de la vida moderna y sumergirlos por completo en la psique de un soldado. La transformación fue total: por un breve pero intenso período, un rincón de Luzón dejó de ser Filipinas para convertirse, a los ojos del mundo y en el corazón de quienes lo vivieron, en el epicentro del infierno en la tierra que fue la Guerra de Vietnam.
El Crisol de la Realidad: El Campamento de Entrenamiento en la Jungla
Antes de que siquiera se filmara una sola toma, Oliver Stone sometió a su elenco principal a una experiencia que se convertiría en leyenda en la historia de Hollywood. No buscaba actores que simplemente interpretaran a soldados; quería hombres que comprendieran, aunque fuera en una mínima medida, el agotamiento físico y mental que implica la infantería. Para lograr esto, contrató al Capitán Dale Dye, un veterano de Vietnam condecorado y asesor militar, para llevar a los actores al interior de la selva filipina durante dos semanas de un riguroso campamento de entrenamiento. Esto no fue un simulacro típico de Hollywood. Los actores, entre ellos Charlie Sheen, Willem Dafoe, Tom Berenger, Forest Whitaker y Johnny Depp, perdieron sus nombres y fueron tratados como reclutas. Se les asignaron sus personajes y debieron vivir como ellos. La inmersión fue completa y despiadada. Dye los llevó a realizar marchas forzadas por el denso follaje bajo un calor asfixiante, cargando todo el equipo. Cavaron trincheras bajo lluvias torrenciales, durmieron en el suelo húmedo junto a insectos y serpientes, y realizaron guardias nocturnas en turnos rotativos de dos horas, aprendiendo a sentir el miedo ante una emboscada en la oscuridad absoluta. La comida fue racionada, limitada a las mismas raciones de combate que comían los soldados en Vietnam. La privación de sueño, el hambre constante y el esfuerzo físico extremo tenían el propósito de desmoronar sus espíritus para reconstruirlos como una unidad, como un pelotón. Aprendieron manejo de armas, tácticas de patrulla, lenguaje de señales y disciplina militar. Las confrontaciones eran genuinas; Dye no dudaba en imponer castigos físicos y ejercer una presión psicológica constante. Esta experiencia, realizada en el corazón de la misma jungla donde se filmaría, fue esencial. El sudor, el barro y el agotamiento que aparecen en pantalla no son actuación; son el resultado directo de ese entrenamiento. Los lazos, tensiones y jerarquías que se formaron entre los actores durante esas dos semanas se reflejaron directamente en sus interpretaciones. La fatiga en sus ojos, la forma en que sostenían sus rifles, la desconfianza o camaradería en sus miradas… todo se forjó en el crisol de la selva filipina. Este campamento no solo preparó a los actores para sus papeles, sino que impregnó a ‘Platoon’ de una autenticidad pocas veces igualada. La jungla dejó de ser solo un lugar de filmación para convertirse en el catalizador que transformó a un grupo de actores en un pelotón creíble y fracturado.
Tras las Huellas del Pelotón: Localizaciones Clave en Luzón

El peregrinaje para los aficionados de ‘Platoon’ se centra en la vasta y verde provincia de Laguna y sus alrededores en la isla de Luzón. Aunque muchas de las construcciones hechas para la película han sido reclamadas por la naturaleza, la esencia de los lugares, la topografía y la atmósfera opresiva de la jungla permanecen intactas, aguardando ser redescubiertas.
Monte Makiling: El Corazón de la Batalla y el Sacrificio
El epicentro de la filmación, el verdadero corazón del infierno verde de ‘Platoon’, es la Reserva Forestal del Monte Makiling. Este volcán inactivo, venerado en el folclore local como hogar de una deidad guardiana, proporcionó el terreno accidentado, la vegetación impenetrable y los senderos traicioneros que se muestran en gran parte de la película. Fue en las laderas de Makiling donde se rodaron las escenas más icónicas y memorables. La patrulla del pelotón a través de la densa maleza, la tensión palpable ante una emboscada inminente, el descubrimiento de los túneles del Viet Cong… todo cobró vida en este entorno. Sin duda, la escena más emblemática del filme, y una de las más famosas en la historia del cine, es la muerte del Sargento Elias (Willem Dafoe). Esa imagen inolvidable de Elias corriendo, herido, con los brazos alzados al cielo mientras es acribillado por el enemigo, con el helicóptero de sus compañeros ascendiendo impotente, fue filmada en una de las laderas herbosas de esta región. Aunque hoy resulta difícil precisar la ubicación exacta, recorrer los senderos de Makiling evoca de inmediato esa sensación de desesperación y heroísmo trágico. Actualmente, el Monte Makiling es un popular destino para excursionistas y amantes de la naturaleza, administrado por la Universidad de Filipinas Los Baños. Ofrece una red de senderos que serpentean a través de una selva tropical increíblemente diversa. Para el peregrino, transitar estos senderos es una experiencia multisensorial. El aire es denso y húmedo, cargado con el aroma de tierra mojada y vegetación en descomposición. Los sonidos conforman una sinfonía constante de insectos, aves y el susurro del viento entre árboles gigantescos. Fácilmente se puede imaginar el crujir de ramas bajo las botas de los soldados o el silencio tenso que precede a un tiroteo. Visitar Makiling no significa encontrar un marcador que diga «Aquí se filmó Platoon», sino sumergirse en la misma atmósfera que hizo de la película una experiencia tan visceral. Es un lugar para la reflexión, para sentir la pequeñez del hombre frente a la inmensidad e indiferencia de la naturaleza, un tema central en la narrativa de Stone.
Río Pagsanjan: Navegando las Aguas de la Tensión
Las escenas fluviales, que muestran al pelotón navegando en botes patrulleros a través de aguas oscuras y flanqueadas por una jungla impenetrable, fueron filmadas en y alrededor del famoso río Pagsanjan. Conocido por sus espectaculares cascadas, este río proporcionó el escenario perfecto para representar los momentos de tránsito y la falsa calma que a menudo precedía la violencia. El paseo en canoa por el río Pagsanjan es hoy una de las atracciones turísticas más populares de la provincia de Laguna. Los visitantes pueden contratar a barqueros expertos, conocidos como banceros, para que los lleven río arriba a través de un impresionante cañón. Las paredes rocosas se elevan a ambos lados, cubiertas de enredaderas y helechos, creando un túnel verde. El sonido del agua y la destreza de los banceros al navegar los rápidos constituyen una experiencia en sí misma. Para el fanático de ‘Platoon’, este trayecto tiene un significado más profundo. Mientras la canoa se desliza silenciosamente sobre las aguas tranquilas, es imposible no evocar las escenas de la película: los rostros tensos de los soldados escudriñando las orillas, la amenaza constante de un ataque desde la densa vegetación. El río, con sus corrientes a veces mansas y otras turbulentas, funciona como metáfora del propio flujo de la guerra y del estado psicológico de los personajes. El destino final del paseo en canoa es la cascada principal, conocida como Magdapio Falls, donde es posible subirse a una balsa de bambú para pasar detrás de la cortina de agua. Aunque esta cascada específica puede no aparecer prominentemente en la película, la experiencia de estar rodeado por la fuerza de la naturaleza en un entorno tan dramático conecta directamente con la sensación de asombro y peligro que permea toda la cinta. El río Pagsanjan ofrece una forma tangible de conectar con el viaje del pelotón, de sentir la vulnerabilidad de estar expuesto en aguas abiertas en territorio hostil.
Cavite: Recreando la Vida y la Tragedia en la Aldea
Una de las secuencias más perturbadoras y moralmente complejas de ‘Platoon’ es el asalto a una aldea vietnamita. La confusión, la crueldad y la ruptura de la disciplina que culminan en una masacre fueron esenciales para mostrar el efecto deshumanizador de la guerra. La aldea que sirvió de escenario para esta tragedia fue construida desde cero por el equipo de producción en la provincia de Cavite, al suroeste de Manila. La elección de Cavite resulta interesante desde una perspectiva histórica. Esta provincia es conocida como la «Cuna de la Revolución Filipina» contra el dominio español. Es una tierra que ha sido testigo de su propia cuota de violencia y lucha por la libertad. Aunque la aldea cinematográfica era una construcción temporal y fue desmantelada después del rodaje, visitar las zonas rurales de Cavite ofrece una visión del paisaje y el tipo de vida que se quiso replicar. Hoy, la región es una mezcla de desarrollo urbano y extensas áreas agrícolas. Explorar los pueblos más pequeños, alejados de las ciudades principales, permite observar campos de arroz, cabañas de nipa y una forma de vida comunitaria que, aunque filipina, evoca las imágenes de la vida rural del sudeste asiático retratada en la película. La visita a Cavite se convierte en un ejercicio de imaginación. Al caminar por un sendero polvoriento entre campos verdes, es posible intentar visualizar la llegada del pelotón, la tensión creciente y la explosión de violencia que se desató. Es un recordatorio sombrío de que las víctimas de la guerra son a menudo los civiles atrapados en el fuego cruzado. Este aspecto del peregrinaje tiene menos que ver con encontrar un lugar exacto y más con reflexionar sobre los temas universales de la película: la pérdida de la inocencia, la delgada línea entre el bien y el mal, y el impacto devastador del conflicto en las comunidades humanas. Es una oportunidad para conectar con la historia de Filipinas mientras se medita sobre la tragedia universal que ‘Platoon’ representó con tanta crudeza.
Un Viaje a Través del Tiempo y la Memoria: Planificando tu Expedición
Embarcarse en un peregrinaje a los lugares de rodaje de ‘Platoon’ requiere cierta planificación, pero la recompensa es una experiencia profundamente inmersiva que trasciende el simple turismo cinematográfico. Se trata de una aventura que combina naturaleza, historia y reflexión personal.
La Temporada Ideal para la Aventura
El clima en Filipinas se divide principalmente en dos estaciones: la seca y la lluviosa. Para una experiencia más cómoda, especialmente si planeas hacer senderismo en el Monte Makiling, la mejor época para visitar es durante la estación seca, que generalmente abarca de diciembre a mayo. Durante estos meses, los cielos suelen estar despejados, la humedad es algo menor y los senderos son menos resbaladizos y lodosos. Enero y febrero ofrecen temperaturas particularmente agradables. Visitar en la estación lluviosa, de junio a noviembre, presenta sus propios desafíos y recompensas. La jungla estará en su máximo esplendor, increíblemente verde y frondosa. Sin embargo, las lluvias pueden ser torrenciales y los tifones son una posibilidad. El senderismo se vuelve más complejo y peligroso. Irónicamente, estas condiciones se asemejan más a la atmósfera opresiva y húmeda que se muestra en la película, ofreciendo una inmersión más «auténtica» para los más aventureros, siempre que se tomen las precauciones de seguridad necesarias.
Navegando el Terreno: Acceso y Movilidad
El punto de partida para esta aventura es la capital de Filipinas, Manila. Desde el Aeropuerto Internacional Ninoy Aquino (MNL), se puede llegar a la provincia de Laguna, donde se encuentran el Monte Makiling y Pagsanjan, en aproximadamente dos o tres horas, dependiendo del infame tráfico de Manila. Las opciones de transporte son variadas. Se puede alquilar un coche con o sin conductor, lo que brinda la mayor flexibilidad para explorar a tu propio ritmo. Alternativamente, hay servicios de autobús frecuentes que salen de varias terminales en Manila hacia ciudades como Santa Cruz o Los Baños en Laguna. Desde estas ciudades, se puede tomar un jeepney (el icónico medio de transporte público filipino) o un triciclo (una motocicleta con sidecar) para llegar a los puntos de entrada del Monte Makiling o al área de embarque para las cataratas de Pagsanjan. Para llegar a Cavite, también hay autobuses y furgonetas que salen regularmente de Manila. Una vez en la provincia, la movilidad local depende en gran medida de los jeepneys y triciclos. Moverse por Filipinas es parte de la experiencia. La paciencia es clave, y la interacción con los conductores y otros pasajeros suele dar lugar a conversaciones interesantes y consejos locales. Se recomienda llevar algo de efectivo en pesos filipinos, ya que muchas de estas formas de transporte local no aceptan tarjetas.
El Equipo del Explorador: Preparándose para la Jungla
La preparación adecuada es fundamental para disfrutar de la exploración de la selva filipina. El equipo no tiene que ser de nivel militar, pero la comodidad y la seguridad son primordiales. Un buen par de botas de senderismo con buen agarre es esencial, ya que los senderos pueden ser empinados, rocosos y resbaladizos. La ropa debe ser ligera, transpirable y de secado rápido. Se recomiendan pantalones largos y camisetas de manga larga para protegerse de los arañazos de las plantas y las picaduras de insectos. Un chubasquero o poncho ligero es imprescindible, incluso durante la estación seca, ya que las lluvias tropicales pueden ser repentinas. El sol tropical es intenso, por lo que un sombrero de ala ancha, gafas de sol y protector solar de alto factor son necesarios para protegerse. También es fundamental un repelente de insectos potente, preferiblemente con DEET, para protegerse de los mosquitos, que pueden transmitir enfermedades como el dengue. Mantenerse hidratado es esencial en el clima húmedo de Filipinas. Lleva siempre más agua de la que creas necesitar. Una botella de agua reutilizable es una opción ecológica. Además, es aconsejable llevar algunos snacks energéticos. Finalmente, una pequeña mochila para llevar todo esto, junto con una cámara para capturar los paisajes evocadores y quizá un pequeño botiquín de primeros auxilios, completará tu equipo. Estar bien preparado te permitirá centrarte en la experiencia, absorber la atmósfera y conectar con el espíritu del lugar.
Más Allá de la Pantalla: El Legado de ‘Platoon’ en Filipinas

El impacto de ‘Platoon’ en Filipinas va más allá de las locaciones físicas. La producción de una película de Hollywood de tal envergadura dejó una huella perdurable en la comunidad local y en la industria cinematográfica del país. Para las comunidades cercanas a los lugares de rodaje, la llegada del equipo fue un acontecimiento importante. Se contrataron a cientos de habitantes locales como extras, obreros, conductores y personal de apoyo. Esta inyección de capital en las economías rurales fue significativa, pero el impacto también fue cultural. Muchos filipinos, incluyendo futuras figuras del cine nacional, tuvieron su primera experiencia en un set de filmación profesional, aprendiendo técnicas y procesos que influirían en sus carreras. La película también consolidó la reputación de Filipinas como un destino destacado para producciones internacionales que buscan paisajes del sudeste asiático. El éxito de ‘Apocalypse Now’ y ‘Platoon’ demostró que el país no solo ofrecía la estética visual necesaria, sino también la mano de obra calificada y la capacidad logística para manejar proyectos complejos, lo que abrió las puertas a otras películas y series de televisión en décadas posteriores. Desde una mirada más profunda, la temática de ‘Platoon’ resuena de manera particular con la historia de Filipinas. La película aborda una guerra librada por una superpotencia en territorio extranjero, un concepto con el que el pueblo filipino está íntimamente familiarizado, tras haber vivido siglos de colonización española, ocupación estadounidense durante la Guerra Filipino-Estadounidense y una brutal ocupación japonesa en la Segunda Guerra Mundial. Las escenas que muestran la compleja y a menudo trágica interacción entre los soldados estadounidenses y los aldeanos vietnamitas encuentran un reflejo en la propia historia de Filipinas. El recorrido por los lugares de rodaje de ‘Platoon’ se convierte así en una oportunidad para reflexionar no solo sobre la Guerra de Vietnam, sino también sobre el legado más amplio del colonialismo y la intervención extranjera en el sudeste asiático. La jungla filipina, que sirvió de fondo para una historia sobre el alma perdida de América en Vietnam, es también un testigo silencioso de las luchas y la increíble resiliencia del pueblo filipino. Se trata de un paisaje con múltiples capas de significado, donde la memoria del cine y la memoria histórica se entrelazan de manera poderosa.
Reflexiones Finales en el Corazón de la Selva
Llegar al final de este peregrinaje, quizás sentado en una roca cubierta de musgo en las laderas del Monte Makiling, con el sonido de la jungla como única banda sonora, es comprender que este viaje ha sido mucho más que un simple recorrido por locaciones de cine. Ha sido una inmersión en la génesis de una obra de arte, un encuentro con la fuerza bruta de la naturaleza y una reflexión sobre la cicatriz indeleble que la guerra deja en los hombres y en la tierra. ‘Platoon’ no es una película fácil de ver, y su lugar de nacimiento no es un destino sencillo de visitar. Requiere un esfuerzo físico y la disposición para enfrentar la humedad, los insectos y el terreno accidentado. Pero es justamente en ese desafío donde radica la recompensa. Al sentir el aire denso en tus pulmones, al observar cómo la luz se filtra a través del espeso dosel de hojas, al escuchar el silencio cargado de vida de la jungla, uno empieza a entender por qué Oliver Stone eligió este lugar. No era solo un sustituto de Vietnam; era un personaje, un adversario, un purificador. La selva filipina no solo albergó la filmación; la moldeó, la impregnó con su realismo y su belleza salvaje. Aquí, en este rincón del mundo, un grupo de artistas se esforzó al máximo para contar una verdad dolorosa sobre la guerra. Y la jungla, con su indiferencia milenaria, se convirtió en el testigo perfecto. Regresar de este viaje es llevar consigo no solo fotografías de paisajes exuberantes, sino también una apreciación más profunda de la película y de lo que requiere crear un arte tan honesto y duradero. Es llevar el eco del grito de Elias, la mirada perdida de Chris Taylor, y la comprensión de que, a veces, para hallar el corazón de la oscuridad, hay que estar dispuesto a adentrarse en la selva, literal y metafóricamente. El espíritu de ‘Platoon’ no reside en un monumento ni en una placa, sino en el susurro del viento, en la tierra húmeda bajo tus pies y en la memoria imborrable de una historia que necesitaba ser contada.

