Hay películas que se ven y se olvidan. Hay otras que se instalan bajo la piel, que perturban y fascinan a partes iguales, dejando una cicatriz invisible en la memoria del espectador. ‘Kynodontas’ (‘Dogtooth’), la obra que catapultó al director griego Yorgos Lanthimos al estrellato internacional, pertenece indeleblemente a esta segunda categoría. Es un puñetazo al estómago de la institución familiar, una alegoría salvaje sobre el control, el lenguaje y la libertad construida con la precisión de un cirujano y la crueldad de un fabulista. Pero más allá de su narrativa asfixiante y sus personajes inolvidables, la película posee un protagonista silencioso, un personaje no humano que es, quizás, el más importante de todos: la casa. Esa villa modernista, con su jardín inmaculado y su piscina de un azul irreal, no es solo un escenario; es la jaula, el universo entero, el principio y el fin de la existencia para sus jóvenes prisioneros. Para el cinéfilo devoto, para el viajero que busca las huellas del cine en el mundo real, este lugar se convierte en un destino de peregrinación. Un viaje no hacia un monumento de belleza convencional, sino hacia el epicentro de una de las historias más inquietantes del cine contemporáneo. Nos adentramos en los suburbios de Atenas, en busca de los muros que delimitaron un mundo entero, para entender cómo un espacio físico puede convertirse en un poderoso mapa emocional. Este no es un recorrido turístico al uso; es una inmersión en la geografía del desasosiego, un intento de palpar la atmósfera que Lanthimos embotelló en celuloide. Prepárense para mirar más allá de la cerca.
Si este viaje a los suburbios de Atenas te ha hecho reflexionar sobre cómo el cine puede convertir lugares ordinarios en destinos de peregrinación, te interesará conocer otro viaje cinematográfico similar a las calles de Boston y Toronto.
El Eco de Lanthimos: La Génesis de una Obra Maestra Inquietante

Para entender la relevancia de la localización en ‘Kynodontas’, primero es necesario sumergirse en el contexto que dio origen a la película. Esta no surgió de la nada; fue la explosión que presentó al mundo la llamada «Ola Rara Griega» (Greek Weird Wave), un movimiento cinematográfico que respondió con historias extrañas, a menudo surrealistas y profundamente inquietantes, a la crisis social, económica y de identidad que sacudía a Grecia a finales de la década de 2000. Este cine, liderado por Lanthimos, se distingue por sus diálogos mecánicos, sus actuaciones hieráticas y una exploración clínica de las dinámicas de poder en las relaciones humanas, especialmente en el ámbito familiar. ‘Kynodontas’ es el arquetipo perfecto de este movimiento, una obra que emplea el microcosmos de un hogar para hablar de los macrocosmos del control social, la manipulación del lenguaje y la construcción artificial de la realidad. Por tanto, la elección del lugar para contar esta historia no fue un detalle menor, sino una decisión fundamental que ancla su extrañeza en una realidad palpable y, por ello, mucho más aterradora.
Atenas, un Lienzo de Contrastes
Atenas evoca imágenes inmediatas de la Acrópolis, del Partenón custodiando la ciudad desde su colina sagrada, de las calles bulliciosas de Plaka y Monastiraki que huelen a souvlaki y a historia milenaria. Sin embargo, la Atenas de Lanthimos no es esa postal turística. Es la Atenas de la expansión suburbana, de una periferia anónima donde la clase media edifica sus fortalezas privadas. La crisis económica que estaba por estallar en Grecia ya se percibía en el aire, una tensión latente que se manifestaba en una necesidad de repliegue, de proteger lo propio ante un exterior incierto y amenazante. El director y su coguionista, Efthymis Filippou, encontraron en este paisaje el terreno fértil para su fábula. La narrativa de ‘Kynodontas’ se nutre de este contraste entre la aparente normalidad y seguridad de un hogar suburbano y el horror psicológico que se fragua en su interior. La película nos invita a preguntarnos qué otros dramas silenciosos ocurren detrás de las fachadas ordenadas y los setos bien recortados de las ciudades modernas. Atenas, con su dualidad entre el caos urbano central y la calma suburbana periférica, se convirtió en el laboratorio perfecto para este experimento cinematográfico, demostrando que los monstruos más temibles no habitan en castillos góticos, sino en chalets con piscina.
La Ola Rara Griega: Un Grito Cinematográfico
La Ola Rara Griega no fue un manifiesto firmado ni una escuela formal, sino una sensibilidad compartida por una generación de cineastas como Athina Rachel Tsangari (‘Attenberg’) y Alexandros Avranas (‘Miss Violence’). Surgió como una reacción visceral a años de un cine griego más convencional. Estos directores, con Lanthimos como su figura más visible, optaron por un lenguaje cinematográfico radicalmente distinto. Despojaron a sus personajes de la psicología tradicional, los hicieron hablar con una cadencia extraña, casi robótica, y los situaron en escenarios que oscilan entre lo absurdo y lo brutal. Las temáticas recurrentes incluyen la incomunicación, la alienación del individuo en la sociedad contemporánea, la perversión de las estructuras de poder (familia, estado) y la violencia como un ritual incomprensible pero inevitable. ‘Kynodontas’ es la piedra angular de este movimiento porque sintetiza todas estas inquietudes en una metáfora potente y universal: la familia como una nación totalitaria, los padres como dictadores que reescriben el diccionario y la historia a su antojo. Visitar el lugar donde esta metáfora cobró vida es, en cierto sentido, visitar el monumento a un movimiento cinematográfico que se atrevió a enfrentar de frente las ansiedades de su tiempo y devolvérnos una imagen distorsionada, pero terriblemente lúcida, de nosotros mismos.
La Villa: El Quinto Personaje de ‘Kynodontas’
En la calle Leontariou 19, en el apacible municipio de Pallini, al este de Atenas, se levanta una estructura que para la mayoría de los transeúntes no es más que una casa moderna y elegante. Sin embargo, para quienes han sido impactados por la extrañeza de ‘Kynodontas’, es un santuario. La villa no es simplemente un telón de fondo; es un personaje con una presencia abrumadora, un espacio que moldea y define a sus habitantes. Su diseño, sus ambientes y su relación con el entorno funcionan como elementos narrativos tan vitales como los diálogos o las actuaciones. Lanthimos emplea la arquitectura para contar la historia, transformando un hogar en una prisión estilizada, un paraíso artificial que oculta un infierno de control. Cada rincón de esta propiedad, desde el césped artificialmente verde hasta el agua clorada de la piscina, está impregnado de la tensión y la claustrofobia que caracterizan la película. Acercarse a ella es sentir el peso de esa atmósfera, es experimentar físicamente cómo la belleza y el orden pueden convertirse en las herramientas más efectivas de la opresión. La casa es, en sí misma, una declaración de intenciones: un espacio diseñado para el aislamiento absoluto.
Arquitectura de la Reclusión: Un Análisis del Espacio
La villa de ‘Kynodontas’ es un ejemplo de arquitectura modernista de mediados del siglo XX, reconocida por sus líneas limpias, sus grandes ventanales y la integración de los espacios interiores y exteriores. Irónicamente, Lanthimos subvierte completamente esa filosofía. Los ventanales no son ventanas hacia la libertad, sino pantallas que proyectan un exterior inalcanzable, vitrinas que exhiben a los sujetos de este experimento familiar. El jardín, lejos de ser un espacio de expansión natural, se convierte en un patio carcelario, un escenario donde se escenifican los rituales absurdos y las lecciones perversas impuestas por los padres. La piscina ocupa un lugar central, casi como un altar. Es el espacio de los juegos, de los castigos, del descubrimiento sexual y de la violencia. Su azul brillante contrasta violentamente con los actos que presencia, una mancha de color vibrante en una existencia emocionalmente monocromática. La famosa cerca alta que rodea la propiedad es el símbolo más potente. No es solo una barrera física, sino el límite del conocimiento, el fin del mundo conocido. Lanthimos la presenta constantemente en su filmación, no como un elemento secundario, sino como una presencia activa que condiciona cada movimiento y pensamiento de los hijos. La propia distribución interior de la casa, con sus pasillos y habitaciones funcionales, refuerza la sensación de rutina y control, un laberinto sin salida donde cada día es la repetición del anterior.
Pallini: El Suburbio Anónimo como Prisión Perfecta
La elección de Pallini como escenario es un acierto. No es una zona con un carácter distintivo ni una belleza impresionante. Es un suburbio residencial acomodado, intercambiable con muchos otros a las afueras de cualquier gran ciudad europea. Y precisamente en esa falta de rasgos especiales reside su poder. El horror de ‘Kynodontas’ es más efectivo porque ocurre en un lugar absolutamente normal. La historia no requiere de un paraje gótico ni de un entorno exótico para generar miedo; le basta con la normalidad de una calle tranquila, el ruido distante de coches, el ladrido de un perro en un jardín vecino. Esa normalidad hace que la anormalidad que sucede dentro de la casa resulte aún más chocante y creíble. El viaje en coche desde el centro de Atenas hacia Pallini es una transición gradual. El tejido urbano denso se disuelve, dando paso a avenidas más amplias, a más vegetación, a casas unifamiliares con sus propios jardines. Es un trayecto hacia la supuesta tranquilidad y calidad de vida que promete la vida suburbana. Pero al llegar a la calle Leontariou, el cinéfilo peregrino siente un escalofrío. Esa calma, esa apariencia pacífica, es la misma que envuelve la película, una capa de silencio que oculta lo inconfesable. La genialidad de Lanthimos fue comprender que el aislamiento más profundo no se encuentra en lugares remotos, sino en medio de la gente, protegido por la indiferencia y la discreción que imperan en los suburbios.
La Peregrinación: En Búsqueda del Jardín Prohibido

Emprender el viaje hacia la casa de ‘Kynodontas’ es una experiencia única. No se trata de hacer fila para comprar una entrada ni de seguir a un guía turístico; es una búsqueda personal, casi un acto de voyeurismo cinematográfico. Requiere planificación, respeto y, sobre todo, una gestión adecuada de las expectativas. La recompensa no es una foto junto a un cartel famoso, sino la sensación intangible de estar en un lugar cargado de significado, de conectar el espacio físico con las emociones que despertó la película. Es un peregrinaje silencioso, observando desde la distancia, intentando descifrar los ecos de la ficción en la sólida realidad de sus muros. El viajero se convierte en un observador, al igual que la cámara de Lanthimos, espiando un mundo que no le pertenece pero que, gracias al cine, resulta extrañamente familiar. Es un acto de fe cinéfila, la necesidad de confirmar que ese lugar, esa prisión de diseño, existe realmente en nuestro mundo.
Cómo Llegar al Epicentro de la Disfunción
Llegar a Leontariou 19 desde el centro de Atenas es relativamente sencillo, aunque requiere combinar transporte público y posiblemente una caminata o un corto trayecto en taxi. La forma más eficiente es tomar la línea 3 del metro de Atenas (la línea azul) en dirección al Aeropuerto y bajarse en la estación de Doukissis Plakentias, que funciona como un importante intercambiador para la zona norte y este de la ciudad. Desde allí, las opciones se diversifican: varias líneas de autobús local se adentran en Pallini, por lo que es recomendable usar una aplicación de mapas en tiempo real para identificar qué autobús tiene la parada más cercana a la calle Leontariou. Alternativamente, desde la estación de metro se puede optar por un taxi, que debería dejarte en la dirección exacta en unos 10-15 minutos. El trayecto en taxi es más directo y evita cualquier confusión con las rutas de autobús. Es importante recordar al taxista la dirección completa: Leontariou 19, Pallini. Para los más aventureros, la caminata desde una parada de autobús principal también es viable, ya que permite absorber el ambiente del barrio, observar la arquitectura local y sentir el pulso de la vida suburbana ateniense, haciendo que la llegada al destino sea aún más impactante.
La Experiencia en Leontariou 19: Sensaciones Frente a la Cerca
Una vez allí, la experiencia es profundamente personal y subjetiva. La calle es tranquila y residencial, con un silencio que solo interrumpe el canto de los pájaros o el motor de un coche que pasa. Y entonces, la ves. La casa. La reconocerás de inmediato por su icónica cerca blanca y su diseño geométrico. Estar de pie en la acera de enfrente es un momento extraño y poderoso. El sol de Ática puede pegar fuerte, reflejándose en el asfalto y los muros blancos de la propiedad. El aire es seco, con olor a pino y tierra. Lo primero que llama la atención es la altura de la cerca, que en persona parece aún más imponente que en la pantalla. Es una barrera física y visual real. Inequívocamente te encuentras intentando mirar por encima, buscando un resquicio para ver el jardín, la piscina o la fachada de la casa que tan bien conoces. Escuchas el viento susurrar entre las hojas de los árboles del interior y es imposible no imaginar las voces de los personajes, las lecciones retorcidas del padre, las canciones infantiles con letras cambiadas. La sensación predominante es la de ser un intruso, un observador externo a un secreto. No hay placas ni señales. Sólo una casa. Pero para el peregrino, cada ladrillo y cada barra de la verja está cargado con el peso de la narrativa. Es un lugar que invita a reflexionar sobre los límites, la libertad y la fragilidad de la realidad que damos por sentada.
Fotografía Respetuosa: Capturando la Esencia sin Intrusión
Es natural querer inmortalizar el momento, pero es fundamental hacerlo con el máximo respeto. Recuerda que esta es una residencia privada. Hay personas que viven allí y cuya vida no tiene relación con la ficción que amamos. La clave es la discreción. Utiliza un objetivo que permita capturar detalles desde la distancia, sin necesidad de acercarte a la verja. No hagas ruido ni llames la atención de los vecinos. El propósito no es obtener una foto perfecta de la fachada, sino captar la atmósfera del lugar. Juega con los ángulos. Una foto tomada a ras de suelo que destaque la altura de la cerca puede resultar muy poderosa. Una imagen que incluya la casa en el contexto de la tranquila calle suburbana puede subrayar el contraste que la hace tan especial. Intenta capturar la luz del sol filtrándose a través de los árboles o la sombra que proyecta la cerca sobre la acera. Piensa en términos cinematográficos: ¿cómo lo encuadraría Lanthimos? Busca la extrañeza en lo cotidiano. Una fotografía del buzón, del número de la calle o de una flor creciendo junto al muro puede ser tan evocadora como una imagen completa de la casa. Se trata de documentar la sensación que experimentas al estar allí, sin invadir la privacidad de sus habitantes. La mejor fotografía será aquella que transmita el aislamiento y el misterio que emanan del lugar.
Más Allá de la Cerca: Explorando los Alrededores de Pallini y Ática Oriental
Una vez concluido el acto principal de la peregrinación, la visita a la casa, sería un error dar media vuelta y regresar de inmediato al bullicio de Atenas. La región de Ática Oriental, donde se sitúa Pallini, es un área rica en historia, naturaleza y cultura, y constituye un contraste ideal frente a la experiencia claustrofóbica de ‘Kynodontas’. Explorar los alrededores no solo enriquece el viaje, sino que también libera la mente de la densidad temática de la película, transitando del encierro a la amplitud, de la opresión a la libertad. El entorno geográfico que rodea la casa del film ofrece majestuosas montañas, costas bañadas por el Egeo y una tradición vinícola milenaria. Dedicar un día o al menos una tarde a descubrir estos tesoros cercanos convierte un viaje de un solo destino en una exploración integral de los contrastes que definen esta fascinante región de Grecia. Es la oportunidad de crear nuevos recuerdos que compensen la inquietud provocada por la ficción.
El Monte Pentélico: Mármol, Mitos y Vistas Panorámicas
Muy cerca de Pallini se levanta el imponente Monte Pentélico, una montaña inseparable de la historia ateniense. De sus entrañas se extrajo el célebre mármol pentélico, esa piedra blanca con vetas doradas que se utilizó para construir el Partenón y otros monumentos de la Edad de Oro de Pericles. Visitar la antigua cantera, ahora inactiva, es conectar con una historia de ambición, arte y esfuerzo humano que contrasta con el estancamiento de la familia en ‘Kynodontas’. El monte es también un paraíso para senderistas, con múltiples rutas que serpentean entre bosques de pinos y ofrecen vistas espectaculares de toda la cuenca de Atenas y el mar. En un día claro, se puede contemplar la ciudad extendiéndose a sus pies, un vasto organismo vivo. Subir al Pentélico significa, simbólicamente, obtener una perspectiva negada a los personajes de la película, es ver el «mundo exterior» en toda su inmensidad. Además, la montaña está cargada de leyendas, como la de la Cueva de Davelis, un lugar misterioso vinculado a cultos antiguos y fenómenos inexplicables, que añade una capa de misticismo a la excursión.
La Costa de Artemida y Rafina: Un Escape Hacia el Mar Egeo
Desde Pallini, la costa del Mar Egeo se encuentra a un corto trayecto en coche o autobús. La sensación de dejar atrás el interior y contemplar el azul infinito del mar es liberadora. Localidades como Artemida (también llamada Loutsa) ofrecen largas playas de arena donde los atenienses buscan refugio del calor estival. Sentarse en una tumbona, sentir la brisa marina y escuchar el suave murmullo de las olas es el antídoto perfecto contra la claustrofobia causada por ‘Kynodontas’. Un poco más al norte está Rafina, el segundo puerto más importante de Ática. Aunque es una escala habitual para quienes viajan a las islas Cícladas como Andros o Mykonos, Rafina posee un encanto propio. Su puerto pesquero rebosa vida, y las tabernas que lo bordean sirven el pescado y marisco más fresco imaginable. Disfrutar de un plato de pulpo a la parrilla o calamares fritos acompañado de un vaso de ouzo helado, mientras se observa el ir y venir de los ferris, es una experiencia típicamente griega. Es un recordatorio de que, más allá de cualquier cerca, siempre existe un mar abierto, un horizonte de posibilidades, una invitación a viajar y a ser libre.
El Legado del Vino: Las Bodegas de Mesogeia
La región de Ática que rodea Pallini es conocida históricamente como Mesogeia, que significa «tierra media». Esta llanura ha sido una de las zonas vinícolas más antiguas e importantes de Grecia, famosa por la uva Savatiano. En las últimas décadas, ha habido un resurgimiento en la producción de vino de alta calidad. Cerca de la casa de ‘Kynodontas’, se encuentran varias bodegas familiares que ofrecen visitas y catas. Visitar una de estas bodegas, como la reconocida Papagiannakos Winery, con su destacado edificio bioclimático, es sumergirse en la cultura y sabores de la tierra. Es aprender sobre un proceso que exige paciencia, conocimiento y una profunda conexión con la naturaleza, todo lo contrario a la realidad artificial y desconectada que presenta la película. Catar un vino Savatiano, con sus notas de fruta y hierbas mediterráneas, es saborear el paisaje de Ática. Esta experiencia sensorial proporciona una conexión tangible y placentera con el lugar, una manera de comprenderlo no a través de la inquietud de una película, sino a partir de la generosidad de su tierra y su gente.
Consejos Prácticos para el Cinéfilo Viajero

Como toda peregrinación que se respete, un viaje a los escenarios de ‘Kynodontas’ requiere cierta preparación para que la experiencia sea lo más fluida y enriquecedora posible. No se trata solo de llegar, sino de cómo se llega, cuándo se parte y, sobre todo, con qué actitud se afronta la visita. Estos consejos están pensados para ayudar al viajero a manejar los aspectos prácticos del viaje, asegurando que el foco permanezca en la experiencia cinematográfica y cultural, siempre desde una perspectiva de respeto hacia el lugar y sus habitantes. Son pequeños detalles que pueden marcar una gran diferencia, transformando una simple visita en un recuerdo memorable y significativo, una verdadera inmersión en el universo de Lanthimos.
La Mejor Época para Emprender el Viaje
El clima en Atenas y sus alrededores es típicamente mediterráneo, con veranos muy calurosos y secos, e inviernos suaves y húmedos. La mejor época para realizar esta peregrinación es, sin duda, la primavera (de abril a principios de junio) y el otoño (de septiembre a octubre). Durante estos meses, las temperaturas son agradables, ideales para caminar por los suburbios y explorar los alrededores sin el agobio del calor extremo del verano. La luz también es especialmente hermosa en estas estaciones, más suave y dorada, perfecta para la fotografía, permitiendo captar la atmósfera del lugar de una manera más sutil y evocadora. El verano (finales de junio a agosto) puede ser brutalmente caluroso, con temperaturas que fácilmente superan los 35°C, lo que puede hacer que la experiencia resulte físicamente agotadora. El invierno, aunque más tranquilo, puede traer días de lluvia y cielos grises que, si bien añaden un toque melancólico interesante, normalmente no son ideales para disfrutar plenamente de la visita y las excursiones por la zona.
Etiqueta y Respeto: Recordando la Realidad del Lugar
Este es, quizás, el consejo más importante de todos. Es fundamental tener siempre presente que la casa de Leontariou 19 es una propiedad privada y el hogar de una familia. No es un decorado de cine abandonado ni una atracción turística. La peregrinación debe llevarse a cabo con la máxima discreción y respeto. Esto implica no intentar entrar en la propiedad, no tocar la verja ni el timbre, no asomarse de forma insistente y evitar hacer ruido. Mantén una distancia prudente desde la acera de enfrente. Sé consciente de los vecinos; estás en su barrio, en su espacio vital. Si te cruzas con algún residente, un saludo cortés (‘Yassas’) es lo apropiado. La idea es ser un fantasma, un observador invisible que rinde homenaje a un lugar de ficción sin perturbar la paz de la realidad. Tu visita debe dejar la misma huella que una sombra: ninguna. Este acto de respeto no solo es una cuestión de civismo, sino que también enriquece la propia experiencia, alineándola con el tono observacional y distante de la película.
Preparativos Esenciales: Qué Llevar en la Mochila
Para un día de exploración por Pallini y sus alrededores, es recomendable estar bien preparado. Una mochila pequeña y cómoda será tu mejor aliada. Entre sus contenidos no pueden faltar varios elementos esenciales. En primer lugar, agua en abundancia, especialmente si viajas en los meses más cálidos, pues la hidratación es clave. Un sombrero, gafas de sol y protector solar son imprescindibles para protegerse del intenso sol griego. Calzado cómodo para caminar es fundamental, ya que probablemente te desplazarás bastante. Lleva tu smartphone completamente cargado y, si es posible, una batería externa; la necesitarás para la navegación por GPS y para tomar fotos. Si eres un verdadero cinéfilo, considera llevar una pequeña libreta y un bolígrafo para anotar tus impresiones, o incluso algunas capturas de pantalla de la película en tu teléfono para comparar los encuadres en tiempo real. Finalmente, lleva algo de dinero en efectivo, ya que no todas las pequeñas tiendas o quioscos (perípteros) de los suburbios aceptan tarjeta. Estar bien preparado te permitirá centrarte en disfrutar la experiencia sin preocuparte por detalles logísticos.
El Impacto Duradero: Cuando el Cine Se Convierte en Geografía
Existen lugares que visitamos y otros que nos visitan a nosotros, permaneciendo resonando en nuestro interior mucho tiempo después de habernos ido. La villa de ‘Kynodontas’ pertenece a esta segunda categoría. El viaje a Pallini no concluye al tomar el metro de regreso al centro de Atenas. Prosigue en la mente, en la forma en que revives la película, en la nueva percepción que tienes de los espacios suburbanos. La experiencia transforma un punto en el mapa en un lugar cargado de narrativa, emoción y una profunda inquietud. El cine, en su máxima expresión, posee el poder de redefinir la geografía, de conferir significado a lugares anónimos, convirtiéndolos en destinos de peregrinación para una comunidad global de seguidores. Visitar la casa de ‘Kynodontas’ es participar en este fenómeno, ser testigo de cómo el arte puede alterar la realidad, dejando una huella imborrable tanto en el paisaje como en el viajero.
‘Kynodontas’ como Mapa Emocional
Después de estar allí, de ver la cerca con tus propios ojos y sentir el sol sobre la calle silenciosa, la película ya no es la misma. Se vuelve tridimensional, tangible. Cada vez que la vuelvas a ver, tu mente superpondrá tus recuerdos a las imágenes de Lanthimos. Recordarás el sonido del viento, el color auténtico del cielo de Ática, la textura del asfalto bajo tus pies. El espacio cinematográfico se mezcla con el espacio real, generando una experiencia mucho más rica e inmersiva. Un suburbio común deja de ser solo un suburbio; se transforma en un símbolo del aislamiento, en un escenario posible para dramas invisibles. ‘Kynodontas’ te ofrece un mapa emocional que puedes aplicar a otros lugares, enseñándote a mirar más allá de las apariencias, a intuir las historias ocultas tras las fachadas ordenadas. El viaje te proporciona una nueva sensibilidad, la capacidad de leer el paisaje no solo por lo que es, sino por lo que podría esconder.
Un Eco que Resuena: La Relevancia Continua de la Película
En un mundo cada vez más conectado digitalmente pero a menudo más aislado socialmente, donde las ‘fake news’ y las burbujas informativas construyen realidades a medida, los temas de ‘Kynodontas’ resultan hoy más vigentes que nunca. La película es una advertencia atemporal sobre los peligros del control total, la manipulación del lenguaje y la creación deliberada de la ignorancia. Estar físicamente en el lugar donde se filmó esta poderosa alegoría intensifica su mensaje. Te obliga a reflexionar sobre las cercas, visibles e invisibles, que existen en tu vida y en tu sociedad. Te invita a cuestionar las ‘verdades’ que has aceptado sin cuestionar. El viaje no es solo un homenaje a una película; es una invitación a la introspección. El eco de las palabras retorcidas (‘mar’ significa ‘silla’, ‘zombi’ es una ‘pequeña flor amarilla’) resuena de forma especial en la calle Leontariou, recordándonos la fragilidad de nuestro entendimiento del mundo y la importancia de atreverse, como la hija mayor, a mirar más allá del muro. Y es con este pensamiento, con esta inquietud fértil, que el peregrinaje encuentra su verdadero y duradero sentido.

