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Druk: Una Peregrinación Etílica por el Corazón de Copenhague

Hay películas que se ven y se olvidan. Hay otras que se beben, que se sienten en la sangre, que nos dejan una resaca de emociones y una sed insaciable de vida. Druk, conocida en el mundo hispanohablante como Otra Ronda, es una de esas películas. La obra maestra de Thomas Vinterberg, galardonada con el Oscar, no es simplemente una historia sobre cuatro profesores daneses que deciden experimentar con un nivel constante de alcohol en sus venas; es un brindis a la existencia misma, con toda su embriagadora alegría, su amarga tristeza y su caótica belleza. Es un poema visual que nos pregunta: ¿hemos olvidado cómo vivir de verdad? Y para contar esta historia, Vinterberg no eligió un escenario cualquiera. Eligió Copenhague. La capital danesa no es un mero telón de fondo en Druk; es el quinto amigo, el confidente silencioso, el bar y el puerto donde las almas de Martin, Tommy, Peter y Nikolaj naufragan y, finalmente, aprenden a nadar de nuevo. Este artículo no es una simple guía de localizaciones. Es una invitación a un peregrinaje. Un viaje para caminar por las mismas calles, sentir la misma brisa del mar Báltico y, quizás, entender un poco mejor esa compleja y hermosa filosofía danesa de la vida que la película captura con tanta maestría. Seguiremos los pasos de nuestros cuatro héroes, desde los venerables pasillos de su instituto hasta el muelle donde la vida explota en una danza inolvidable, descubriendo cómo cada rincón de Copenhague y sus alrededores da forma y sentido a su odisea etílica y existencial. Prepárense para descorchar la ciudad, porque este viaje es un sorbo largo y profundo al alma de Otra Ronda.

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目次

El Templo del Saber y la Desesperación: Aurehøj Gymnasium

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Nuestra peregrinación comienza en el punto donde la historia de Martin y sus amigos se encuentra estancada, en el lugar que define sus vidas profesionales y su creciente apatía: el instituto. El escenario real es el Aurehøj Gymnasium, una prestigiosa escuela secundaria situada en el próspero municipio de Gentofte, al norte de Copenhague. No es una elección al azar. Fundado en 1906, Aurehøj no es solo un edificio; es una institución llena de historia, un bastión de la educación danesa que ha visto pasar generaciones de jóvenes llenos de potencial, que nuestros protagonistas sienten haber perdido. La arquitectura del lugar, una mezcla de clasicismo nórdico y funcionalidad, impone un respeto casi solemne. Sus largos pasillos de baldosas pulidas, sus altos ventanales que inundan de una luz pálida nórdica las aulas, y sus paredes que han absorbido décadas de conocimiento y sueños juveniles, crean una atmósfera de orden y tradición que se convierte en la jaula dorada de los cuatro profesores.

Los Pasillos de la Rutina y la Rebelión

Al ver la película, uno puede casi oler el polvo de tiza y el barniz de los suelos de madera. Vinterberg captura estos pasillos no solo como meros corredores, sino como las venas de un sistema que bombea rutina. Es aquí donde vemos a Martin (interpretado magistralmente por Mads Mikkelsen), casi fantasmal, desconectado de sus alumnos y de su propia pasión por la historia. Los pasillos son el escenario de su invisibilidad. Sin embargo, esos mismos pasillos se transformarán en el campo de pruebas secreto de su rebelión. A medida que el alcohol comienza a fluir por su sistema, los colores se vuelven más vivos, los sonidos más nítidos. La cámara sigue sus pasos, ahora un poco más enérgicos, un poco más audaces, por los mismos lugares que antes representaban su estancamiento. Para quien viaje a Gentofte, aunque no es posible entrar libremente por tratarse de una escuela en funcionamiento, observar el edificio desde afuera ya es una experiencia poderosa. Se puede percibir el contraste entre la energía vibrante de los estudiantes que entran y salen, y el peso de la historia que emanan sus muros de ladrillo. Es el lugar ideal para reflexionar sobre el primer acto de la película: la chispa de una idea peligrosa y liberadora en el corazón de la conformidad.

El Aula como Escenario de una Transformación

Las aulas de Aurehøj son el microcosmos donde el experimento de Skårderud se pone a prueba. De ser espacios de aburrimiento y desconexión, se transforman en laboratorios de pedagogía revitalizada. La lección de Martin sobre Churchill y su relación con el alcohol, o la clase de música de Peter, donde la confianza etílica le permite conectar verdaderamente con un alumno inseguro, son momentos clave que ocurren dentro de estas cuatro paredes. El aula deja de ser prisión para convertirse en escenario. La arquitectura funcional del lugar, diseñada para la concentración y el aprendizaje, se ve subvertida por la energía caótica y creativa del experimento. Para el visitante, imaginar estas escenas mientras contempla el edificio desde el exterior resulta un ejercicio fascinante. Se puede llegar fácilmente a Gentofte desde el centro de Copenhague utilizando el S-tog (tren de cercanías), línea A, hasta la estación de Jægersborg o Gentofte. Un paseo por el tranquilo y arbolado barrio residencial que rodea el instituto ayuda a comprender el entorno de clase media-alta en el que viven los personajes, un mundo de orden aparente que oculta profundas crisis existenciales. Visitar este lugar es entender el punto de partida, la tesis de la película, antes de que el experimento la haga estallar en mil pedazos.

El Refugio de la Amistad: Gastronomía y Confesiones

Si el instituto es el escenario de la crisis, los restaurantes y bares de Copenhague son el santuario donde la amistad se celebra, se pone a prueba y se reconstruye. La cultura gastronómica danesa, con su énfasis en la calidad, la sencillez y el hygge (esa intraducible sensación de calidez y convivialidad), se convierte en el entorno ideal para las interacciones de los cuatro amigos. Es en la mesa, con buena comida y varias botellas de vino, donde surgen las ideas más descabelladas y se comparten las verdades más profundas.

Lumskebugten: La Cuna del Pacto

La escena que da inicio a todo, la celebración del 40 cumpleaños de Nikolaj, tiene lugar en un restaurante emblemático de Copenhague: Lumskebugten. Ubicado cerca de la fortaleza de Kastellet y del paseo marítimo, este restaurante es una institución con más de 160 años de historia. Su nombre, que significa «La Bahía Traicionera», es una premonición perfecta para el peligroso camino que están a punto de emprender. El interior de Lumskebugten es la esencia misma del hygge: paneles de madera oscura, manteles blancos inmaculados, luz cálida y un ambiente que invita a largas y profundas conversaciones. Es aquí, en medio de un festín de mariscos y vinos selectos, donde la vulnerabilidad de Martin aflora y la teoría del psiquiatra Finn Skårderud se debate abiertamente. La atmósfera del restaurante, a la vez elegante y acogedora, permite que la escena oscile con maestría entre la comedia y el drama. Para el devoto de Druk, cenar en Lumskebugten se convierte casi en un rito de iniciación. Es aconsejable reservar con anticipación, especialmente si se desea disfrutar de su famoso smørrebrød al mediodía o de su menú de cena, que ofrece una cocina danesa clásica con un toque contemporáneo. Sentarse en una de sus mesas es transportarse a aquella noche crucial, sentir el peso de la decisión y, por qué no, alzar una copa en honor a la amistad y a las locuras que, a veces, nos salvan la vida.

Bares y Bodegas: El Lubricante Social Danés

Más allá de Lumskebugten, la película nos adentra en la cultura de bares de la ciudad. Vemos a los amigos en diferentes bodegas y bares, espacios que funcionan como extensiones de su sala de estar. Estos lugares no son solo para beber; son foros sociales, confesionarios y escenarios para desahogos emocionales. Copenhague está llena de estos værtshuse (tabernas tradicionales), conocidas a menudo como brune værtshuse (tabernas marrones) por sus interiores oscurecidos por décadas de humo y confidencias. Aunque la película no especifica todos los bares, capta perfectamente su esencia. Para el viajero, recorrer los barrios de Vesterbro o Nørrebro revela numerosos locales con carácter, desde bares de vino sofisticados hasta pubs con solera donde el tiempo parece haberse detenido. Es en estos espacios donde se comprende la dualidad de la relación danesa con el alcohol, tan presente en la película: es una herramienta para socializar, para romper con la reserva típica nórdica, pero también una pendiente resbaladiza hacia el exceso. Pedir una cerveza local, sentarse en la barra y simplemente observar es una manera inmersiva de conectar con el espíritu de la película, con esos momentos de euforia descontrolada y camaradería etílica que definen gran parte del viaje de los protagonistas.

Naturaleza y Fuga: El Lago Furesø

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En medio del torbellino urbano y etílico, Vinterberg nos brinda un respiro, un instante de calma y conexión con la naturaleza, que se convierte en una de las escenas más crudas y emotivas de la película. Los cuatro amigos escapan de la ciudad para una excursión en canoa, intentando reconectar entre ellos y con algo más puro que el alcohol. Este interludio tiene como escenario el majestuoso lago Furesø, el más profundo de Dinamarca, ubicado a poca distancia al noroeste de Copenhague.

Un Espejo de Agua para el Alma

El Furesø es un paisaje de belleza serena y sobrecogedora. Sus aguas tranquilas reflejan el cielo nórdico, mientras sus orillas están bordeadas por densos bosques de haya. Es un lugar que invita a la introspección. En la película, este entorno idílico se convierte en el confesionario al aire libre de los amigos. La escena donde pescan y beben en medio del lago es un momento de auténtica camaradería, una burbuja de felicidad frágil. No obstante, la naturaleza también es testigo de la oscuridad. Es aquí donde Tommy, el más vulnerable del grupo, revela las grietas más profundas de su ser, en un instante que presagia su trágico destino. La inmensidad del lago contrasta de forma brutal con la fragilidad humana. El agua, símbolo de vida y purificación, también puede ser fría y peligrosa. Visitar el Furesø es una experiencia esencial para comprender la paleta emocional de Druk. Se siente una paz enorme al recorrer sus senderos o al alquilar un kayak para remar por sus aguas, pero conociendo la película, es imposible no experimentar también un escalofrío, una melancolía que impregna el ambiente.

Más Allá de la Película: Explorando el Entorno

Llegar al Furesø desde Copenhague es sencillo. Se puede tomar el S-tog hasta la estación de Holte o Farum y desde allí caminar o tomar un autobús hasta la orilla del lago. La zona que rodea el lago es un paraíso para quienes aman la naturaleza. Existen numerosos senderos para caminar y rutas en bicicleta, como el sendero Furesøstien, que circunda todo el lago. Alquilar un kayak o una canoa en lugares como Furesøbad o el club de yates de Holte permite revivir la experiencia de los personajes. Es una oportunidad para desconectarse del bullicio urbano y sumergirse en un paisaje que ha moldeado el carácter danés: vasto, hermoso y algo melancólico. Se recomienda dedicarle un día completo, preparando un picnic como lo harían los locales, y simplemente disfrutar del silencio, del sonido del viento entre los árboles y del suave murmullo del agua. Es el contraste perfecto frente al ritmo frenético de la ciudad y a la intensidad del experimento de los protagonistas.

La Cotidianidad Rota: Símbolos del Hogar y la Crisis

Druk no solo examina la vida pública y social de sus protagonistas, sino que se adentra con una honestidad brutal en su vida privada. Los hogares y los espacios cotidianos se transforman en campos de batalla silenciosos donde se libra la verdadera lucha contra la apatía, la incomunicación y la desesperación. Estos escenarios, aunque menos vistosos, son esenciales para comprender la profundidad del drama.

El Supermercado: Un Laberinto de Ansiedad

Una de las escenas más impactantes y desgarradoras de la película ocurre en un entorno aparentemente banal: un supermercado. Martin, en el punto más bajo de su crisis antes del experimento, intenta comprar la cena. La abundancia de opciones, las luces fluorescentes y el murmullo de los demás compradores se convierten en un ataque sensorial que lo paraliza. No puede tomar una simple decisión. Es una representación visual poderosa de la depresión y la parálisis existencial. Aunque el supermercado en sí no es un destino turístico, la escena es reconocible en cualquier supermercado suburbano danés, como los de Gentofte o sus alrededores. Son lugares de una normalidad aséptica, diseñados para la eficiencia, que en la película se transforman en un laberinto de ansiedad. Esta escena nos recuerda que los grandes dramas de la vida a menudo ocurren en los espacios más cotidianos. Al recorrer estas zonas residenciales, uno puede apreciar la pulcritud y el orden de la vida danesa, un orden que, como descubre Martin, puede resultar increíblemente opresivo cuando uno ha perdido el rumbo.

Las Fachadas de la Vida Familiar

Las casas de los personajes constituyen otro elemento fundamental. Vemos el hogar de Martin, una casa unifamiliar espaciosa y elegante en un barrio acomodado, que sin embargo se siente fría y vacía debido a la distancia emocional con su esposa Anika y sus hijos. La arquitectura de estas viviendas, a menudo de ladrillo rojo con jardines bien cuidados, refleja el ideal de la vida familiar danesa. Sin embargo, Vinterberg nos revela las grietas bajo esa fachada perfecta. La cocina, tradicionalmente el corazón del hogar, se convierte en un espacio de tensión. El salón, pensado para la relajación, es escenario de confrontaciones dolorosas. El recorrido del fan de Druk por estos barrios no busca una dirección precisa —lo que sería una invasión de la privacidad— sino captar la atmósfera. Caminar por calles de zonas como Hellerup o Gentofte permite comprender el contexto social de los personajes. Son hombres que, en teoría, lo tienen todo: un buen trabajo, una familia, una casa bonita. Y, sin embargo, sienten un vacío profundo. La uniformidad y perfección de estos barrios se convierten en un recordatorio visual de la presión por encajar en un molde de felicidad que ya no les sirve.

El Muelle de la Catarsis: Nordre Toldbod y el Baile Final

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Todo el viaje emocional, toda la euforia y toda la tragedia de Druk confluyen en su escena final, una de las más icónicas, liberadoras y agridulces de la cinematografía reciente. Y el escenario de esta explosión de vida no podría ser más adecuado: el paseo marítimo de Nordre Toldbod, en el puerto de Copenhague.

Un Escenario Frente al Øresund

Nordre Toldbod es un tramo del puerto con una gran carga histórica y simbólica. Es un lugar de llegadas y partidas, con vistas espectaculares que se extienden desde la moderna Ópera de Copenhague en la orilla opuesta hasta los históricos pabellones reales, donde la familia real danesa espera para embarcar en su yate. A poca distancia se encuentran la famosa Sirenita y la imponente fortaleza de Kastellet. Es un espacio abierto, iluminado por la luz del sol que se refleja en las aguas del estrecho de Øresund, que separa Dinamarca de Suecia. La energía del lugar es palpable: un punto de encuentro entre la historia y la modernidad, entre la ciudad y el mar abierto. Vinterberg elige este lugar justamente por su simbolismo. Es un umbral. El lugar donde los jóvenes estudiantes celebran el fin de una etapa y el inicio de otra, y donde Martin debe decidir cómo comenzar la suya tras la tragedia de Tommy.

Recreando la Danza de la Vida

La escena final es puro catarsis. Mientras los recién graduados festejan ruidosamente en sus camiones, Martin, tras recibir un mensaje de su esposa que abre una puerta a la reconciliación, se une a ellos. Lo que sigue es inolvidable. Mads Mikkelsen, quien fue bailarín profesional en su juventud, desata un baile que mezcla ballet, jazz y pura improvisación. No es solo un baile; es un exorcismo. Es la expresión física de todo el dolor, la tristeza, la alegría contenida y el amor por la vida acumulados. Cada salto, cada giro, es un grito de desafío y aceptación. La escena concluye con Martin lanzándose al mar, un bautismo, una inmersión en la incertidumbre del futuro. Para el viajero, caminar por el muelle de Nordre Toldbod es una experiencia profundamente conmovedora. Se puede sentir la brisa marina, escuchar el sonido de las gaviotas y de los barcos, y detenerse exactamente en el lugar donde Martin bailó. Es casi imposible no poner la canción «What a Life» de Scarlet Pleasure en los auriculares y sentir un impulso irrefrenable de moverse. Visitar este lugar al atardecer, cuando la luz dorada envuelve la ciudad, es especialmente mágico. Es el final perfecto para nuestro peregrinaje, un sitio para reflexionar sobre el mensaje final de la película: la vida, a pesar de todo su dolor, es algo que vale la pena bailar.

Copenhague: El Lienzo de una Oda a la Vida

Al finalizar nuestro recorrido por las localizaciones de Druk, queda evidente que Copenhague es mucho más que un simple telón de fondo. La ciudad, con su mezcla única de diseño innovador y encanto histórico, de eficiencia nórdica y un toque hedonista, representa el ecosistema ideal para la historia que Vinterberg deseaba contar. Es una urbe que refleja la dualidad explorada en la película: el orden y el caos, la contención y la liberación.

Moviéndose por la Ciudad como un Local

Para experimentar realmente Druk, es necesario desplazarse por Copenhague tal como lo hacen sus habitantes. Esto implica, sobre todo, subirse a una bicicleta. La ciudad figura entre las más amigables del mundo para ciclistas, con una extensa red de carriles bici que permite acceder a casi todos los lugares mencionados de manera rápida y agradable. Pedalear alrededor de los lagos del centro, cruzar los puentes hacia Christianshavn o recorrer la costa hacia el norte es percibir el latido de la ciudad. Para distancias mayores, como ir a Gentofte o al lago Furesø, el sistema S-tog (trenes de cercanías) es impecablemente eficiente y sencillo de usar. Combinar bicicleta y tren es la manera perfecta de descubrir el alma de Copenhague y sus alrededores, permitiendo al viajero experimentar la geografía física y emocional que recorren los personajes de la película.

El Espíritu de ‘Druk’ en el Aire

El espíritu de Druk no habita solo en sus localizaciones físicas, sino en la atmósfera de la ciudad. Se encuentra en la cultura del fredagsbar (el bar del viernes), donde compañeros de trabajo y estudiantes se relajan tras la semana laboral. Está presente en la manera en que los copenhaguenses colman parques y muelles al primer rayo de sol, celebrando la luz con una cerveza o una copa de vino. Se siente en esa mezcla de melancolía y alegría, en esa aceptación de que la vida es imperfecta y que, en ocasiones, un poco de caos controlado es necesario para sentirse vivo. Por eso, este peregrinaje no debe ser una simple lista de sitios para visitar; debe ser una inmersión. Siéntense en un café, observen a la gente, paseen sin rumbo fijo, entablen una charla en un bar. Descubran su propio Copenhague, su propia «otra ronda».

Este viaje a través de los escenarios de Druk es, en última instancia, un recorrido hacia el corazón de su filosofía. Nos recuerda que los lugares que habitamos moldean nuestras historias y que, a veces, para reencontrarnos, debemos revisitar esos espacios, tanto físicos como emocionales. Copenhague, con su belleza serena y energía vibrante, nos aguarda para ofrecernos su propio brindis: por la amistad, por las segundas oportunidades y por la danza caótica y maravillosa que llamamos vida. Skål.

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この記事を書いた人

Decades of cultural research fuel this historian’s narratives. He connects past and present through thoughtful explanations that illuminate Japan’s evolving identity.

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