El cine de Hirokazu Kore-eda es un susurro, una caricia en el alma que revela las complejidades del corazón humano con una delicadeza casi palpable. Sus películas no gritan; observan. Y en ninguna obra se siente esto con más intensidad que en ‘Aruitemo Aruitemo’, o ‘Still Walking’. Es una película que se despliega en el transcurso de un solo día, un día de verano denso y caluroso, en el que la familia Yokoyama se reúne para conmemorar la muerte del hijo mayor, Junpei. La historia, en su superficie, es simple: una comida familiar, conversaciones a medias, rencores silenciosos y afectos no expresados. Pero bajo esa calma aparente, Kore-eda teje un tapiz universal sobre la memoria, el duelo, las expectativas rotas y los lazos inquebrantables que nos definen. El escenario de este drama íntimo no es un lugar cualquiera. Es una pequeña ciudad costera, un personaje más en la narrativa, un espacio que respira con la misma melancolía y calidez que sus habitantes. Este lugar, que encarna el espíritu de la película, es Yokosuka, en la prefectura de Kanagawa. Emprender una peregrinación, un ‘seichi junrei’, a los lugares que inspiraron ‘Aruitemo Aruitemo’ no es buscar el plató exacto de una película, sino sumergirse en su atmósfera, caminar por las mismas cuestas empinadas, sentir la brisa salada del mar y escuchar el canto de las cigarras que envuelve cada escena. Es un viaje para entender cómo un lugar puede contener el eco de una historia, cómo el espacio físico se convierte en un mapa de las emociones. Los invito a caminar juntos, sin prisa, por los paisajes que dieron vida al mundo de la familia Yokoyama, a descubrir el alma de Yokosuka que Kore-eda capturó con tanto amor y precisión.
Esta peregrinación cinematográfica a Yokosuka comparte el espíritu de otros viajes sagrados al cine, como el que explora los corazones de acero y selvas de ‘El Cazador’.
El Escenario Silencioso: Yokosuka, el Alma de ‘Aruitemo Aruitemo’

Yokosuka no es simplemente un escenario en la película de Kore-eda; es el núcleo latente de la historia. Cada colina, cada callejón estrecho y cada vista al mar están impregnados del peso de la memoria familiar. La ciudad, con su ritmo tranquilo y su aire cargado de salitre, marca el tempo de la película, un compás pausado y contemplativo que permite que los silencios hablen más alto que las palabras. Para comprender plenamente la película, es vital captar el espíritu de este lugar, un espíritu que el director, habiendo crecido en una zona cercana, conoce profundamente. La elección de Yokosuka es una declaración de intenciones: una búsqueda de autenticidad en lo cotidiano, de belleza en la normalidad de un pueblo japonés que vive frente al mar y su propia historia. Es un lugar que, al igual que la familia Yokoyama, muestra una serena belleza exterior que oculta complejidades bajo la superficie.
La Melancolía del Verano Japonés en la Península de Miura
El verano en Japón es una experiencia sensorial intensa, y ‘Aruitemo Aruitemo’ es, ante todo, una película de verano. El calor es un personaje constante, un manto pesado que ralentiza los movimientos y disminuye la paciencia. El zumbido incesante de las cigarras, el ‘min-min-min’ que compone la banda sonora de la vida rural y suburbana, es el metrónomo del tiempo que transcurre, inexorable y cíclico. Al recorrer las calles residenciales de Yokosuka en un día de julio o agosto, uno se siente transportado directamente a la película. El asfalto irradia calor, el aire es denso y húmedo, y el sudor se adhiere a la piel. En este entorno, las pequeñas tensiones familiares pueden intensificarse, un comentario casual puede adquirir un peso inesperado. La península de Miura, donde se encuentra Yokosuka, ofrece este microcosmos perfecto. Sus colinas verdes caen hacia un mar azul profundo, salpicadas de casas con tejas tradicionales y pequeños huertos. Es un paisaje que evoca una nostalgia profunda, un ‘natsukashii’ que remite a la idea de regresar al hogar de la infancia. Esta melancolía no es tristeza, sino una dulce añoranza por un tiempo que ya no regresará, un sentimiento que impregna cada fotograma de la película, desde la luz del sol que se filtra entre las hojas hasta el sonido lejano de un barco en el puerto.
Kore-eda y la Geografía de la Memoria
Hirokazu Kore-eda es un maestro en el uso del espacio narrativo. Para él, los lugares no son intercambiables; son depósitos de recuerdos, testigos silenciosos de las vidas que en ellos transcurren. La casa familiar de los Yokoyama, aunque construida en un set para la película, fue diseñada para sentirse como una auténtica residencia japonesa de la época, con sus puertas correderas de papel, sus suelos de tatami y su pequeño jardín. Pero lo verdaderamente real y explorado es el entorno que la rodea. Kore-eda eligió las colinas de Yokosuka porque reflejan la geografía emocional de la familia. El acto de caminar, ‘aruitemo aruitemo’, se convierte en una metáfora central. El camino desde la estación de tren hasta la casa siempre es cuesta arriba, un esfuerzo físico que simboliza el esfuerzo emocional de regresar a un hogar cargado de historia y expectativas. Cada paso en esa pendiente es un paso hacia el pasado. De igual modo, el descenso representa una liberación temporal, una escapada momentánea de las tensiones familiares. Al recorrer estas calles, quien camina siente en sus piernas el peso de este viaje. El paisaje se transforma en una extensión de la psicología de los personajes. El mar, siempre visible en el horizonte entre los tejados, es un recordatorio constante de la tragedia de Junpei, cuya ausencia define la reunión familiar. Es el espacio donde la vida y la muerte coexisten, un horizonte de belleza y dolor. Kore-eda utiliza la geografía de Yokosuka no solo para situar la acción, sino para profundizar en ella, para que el espectador sienta, más que entienda, el mundo interior de la familia Yokoyama.
Tras los Pasos de la Familia Yokoyama: Puntos Clave de la Peregrinación
La peregrinación a los escenarios de ‘Aruitemo Aruitemo’ es un ejercicio de imaginación y sensibilidad. No se trata de hallar el punto exacto donde se colocó la cámara, sino de captar la esencia de los lugares que inspiraron la película. Es un viaje que se realiza a pie, con los sentidos abiertos, dejando que el ritmo de Yokosuka nos envuelva. Caminar por sus calles es como hojear un álbum de fotos de la familia Yokoyama, reconociendo emociones y atmósferas en cada rincón. La clave está en la lentitud, la observación y el respeto por la vida cotidiana de los residentes que continúan habitando estos espacios. Este no es un parque temático, sino un lugar vivo donde la ficción y la realidad se entrelazan de manera sutil y poética.
La Cuesta Interminable: El Camino hacia el Hogar Familiar
El motivo visual más poderoso de la película es, sin duda, la cuesta. Los personajes suben y bajan constantemente por calles empinadas y escaleras de hormigón que serpentean por las colinas residenciales. Este paisaje constituye el corazón de la experiencia de la peregrinación. Aunque la casa exacta no existe, barrios como Kinugasa o algunas zonas de Akiya en Yokosuka reproducen esta topografía a la perfección. Para el visitante, la mejor manera de encontrar este espíritu es simplemente comenzar a caminar hacia arriba desde las zonas más llanas cerca de la costa o las estaciones de tren. Conforme se asciende, el ruido del tráfico se desvanece y da paso al canto de los pájaros, al zumbido de las cigarras en verano y al eco de la vida doméstica. Las calles se estrechan, flanqueadas por muros de contención, pequeños jardines cuidados con esmero y casas que parecen aferrarse a la ladera. Es un laberinto de asfalto y hormigón, pero lleno de vida. Al andar, se puede imaginar a Ryota y su familia haciendo el mismo recorrido, cargando con la sandía, conversando con frases breves. Se percibe el esfuerzo en la respiración y el sol en la nuca. Y entonces, de repente, al doblar una esquina, se abre una vista espectacular: el azul brillante de la bahía de Tokio salpicado de barcos. Estos momentos son revelaciones, pausas en el esfuerzo del ascenso que reflejan las pequeñas treguas en la tensión familiar. Es importante recordar que estas son áreas residenciales. La peregrinación debe realizarse en silencio, con respeto, observando desde la distancia y sin invadir la privacidad de los habitantes. El objetivo no es hallar una casa, sino encontrar el sentimiento del camino a casa.
El Mar que Observa: La Playa de la Memoria y la Tragedia
El mar es el guardián silencioso de la memoria de la familia Yokoyama. Es el escenario de la tragedia que los une y separa: el ahogamiento de Junpei al salvar a un niño. La presencia del océano es constante en la película, a veces como un fondo sereno, otras como un recordatorio ominoso. Para conectar con este elemento, el peregrino debe dirigirse hacia la costa. Las playas de Yokosuka, como la de Kannonzaki o la de Akiya, ofrecen un paisaje que evoca poderosamente las escenas de la película. No son playas de arena blanca y palmeras; son costas japonesas auténticas, a menudo con rompeolas de hormigón, pequeñas barcas de pesca y un aire de funcionalidad tranquila. Aquí es posible sentir la dualidad del mar. Por un lado, la belleza de las olas rompiendo suavemente, el olor a sal y algas, la inmensidad del horizonte. Por otro, la conciencia de su poder y de su indiferencia. Una actividad esencial para el peregrino es sentarse en uno de los muros de contención que bordean la costa, mirar al mar y simplemente guardar silencio. Es un momento para reflexionar sobre los temas de la película: la pérdida, el paso del tiempo, el perdón. Casi se puede escuchar la conversación entre la madre y Ryota sobre la mariposa amarilla que creen que es el espíritu de Junpei. En estos momentos de quietud, con el sonido de las olas como única compañía, la película adquiere una nueva dimensión, donde la historia de los Yokoyama se siente universal y profundamente personal. El mar de Yokosuka no es solo agua; es un archivo de historias no contadas, un espejo del dolor y la resiliencia de la familia.
El Autobús Local: Un Viaje a Través del Tiempo
Un pequeño pero significativo escenario en ‘Aruitemo Aruitemo’ es el autobús local. La familia lo toma para ir desde la estación hasta la parada más cercana a su casa. Este breve viaje es un microcosmos de la dinámica familiar, lleno de pequeños gestos y diálogos que revelan mucho sobre sus relaciones. Para el visitante, subirse a uno de los autobuses de la compañía Keikyu que recorren Yokosuka es una forma inmersiva y auténtica de experimentar la ciudad al ritmo de sus habitantes. Estos autobuses, a menudo de un color rojo y crema característico, serpentean por las mismas calles estrechas y empinadas que se pueden explorar a pie. El viaje en sí es un deleite para los sentidos. El suave sonido del motor, el tintineo que anuncia la próxima parada, las voces pregrabadas que nombran lugares con una cadencia melódica. Mirar por la ventana es observar la vida cotidiana de Yokosuka: escolares que regresan a casa, ancianos que van de compras, paisajes que cambian de lo urbano a lo residencial y de ahí a lo costero. Es la oportunidad de ver la ciudad no como un turista, sino como un participante. Se pueden buscar los asientos traseros, como hace la familia en la película, y observar a los demás pasajeros, imaginando sus propias historias. Este simple acto de tomar el autobús local convierte la visita de una simple búsqueda de localizaciones en una experiencia cultural más profunda, un pequeño viaje en el tiempo que conecta directamente con el pulso real del lugar que Kore-eda eligió con tanto cuidado.
Saboreando la Película: La Gastronomía como Vínculo y Conflicto

En el cine de Kore-eda, y especialmente en ‘Aruitemo Aruitemo’, la comida funciona como un lenguaje. Es la manera en que los personajes expresan amor, ejercen control, evocan recuerdos y libran batallas silenciosas. La cocina de la matriarca, Toshiko, es el núcleo del hogar, y cada plato que prepara está lleno de significado. Una peregrinación a Yokosuka no estaría completa sin explorar el aspecto gastronómico de la película, buscando los sabores que definen el verano y la memoria de la familia Yokoyama. No se trata de replicar el menú exacto, sino de comprender la cultura culinaria que lo inspira y cómo refleja las complejas relaciones humanas.
El Tempura de Kakiage de Maíz: El Sabor del Verano y la Nostalgia
El plato más emblemático de la película es, sin duda, el tempura de kakiage de maíz. Mientras lo prepara con una destreza casi ritual, Toshiko explica que era el favorito de su difunto hijo, Junpei. Este acto de cocinar no solo busca alimentar a su familia; es una forma de mantener vivo el recuerdo de su hijo, de traer su presencia a la mesa. El sonido del aceite chisporroteando, el aroma dulce del maíz, la textura crujiente… todo se convierte en una expresión tangible de su amor y su duelo. Para el visitante, encontrar este plato exacto puede ser un reto, ya que es una comida muy casera. Sin embargo, la experiencia puede acercarse buscando pequeños restaurantes locales, conocidos como ‘shokudo’ o ‘izakaya’, que sirvan tempura. La clave está en evitar las cadenas y optar por establecimientos familiares, donde la comida se prepara con el mismo cuidado y atención al detalle que muestra Toshiko. Probar cualquier tipo de tempura, especialmente si incluye verduras de temporada, permite conectarse con la cultura del ‘teishoku’ (menú del día), tan central en la vida japonesa. Al saborear la ligereza y el crujido de la fritura, uno puede cerrar los ojos e imaginar la cocina de los Yokoyama, el corazón del hogar, donde los sabores del verano se entrelazan con el peso agridulce de la nostalgia. Es una forma de «probar» la película, dejando que su esencia nos alimente literalmente.
El Unagi y las Sutiles Batallas Familiares
Otro momento culinario fundamental es cuando el patriarca, Kyohei, un médico retirado de carácter difícil, insiste en pedir ‘unagi’ (anguila a la parrilla) a domicilio. Es un plato costoso, un lujo, y su decisión de pedirlo sin consultar a nadie es una pequeña muestra de su autoridad menguante. La comida, en este caso, se convierte en un terreno de batalla para el poder y el resentimiento. El ‘unagi’ es muy apreciado en Japón, especialmente en los meses calurosos de verano, ya que se cree que aporta energía y resistencia. Para el peregrino, buscar un restaurante especializado en ‘unagi’ en Yokosuka o en la cercana Yokohama puede ser una experiencia enriquecedora. Estos restaurantes suelen contar con una larga historia y han perfeccionado su técnica y salsa secreta a lo largo de generaciones. El ritual de comer ‘unagi’ —servido en una caja lacada sobre una cama de arroz, con su aroma ahumado y dulzón— es una inmersión en la tradición culinaria japonesa. Al disfrutar de este manjar, uno puede reflexionar sobre el personaje del padre: su terquedad, su orgullo, pero también su deseo de ofrecer algo especial a su familia, aunque lo haga de manera torpe. Entender el valor cultural y el sabor del ‘unagi’ ayuda a descubrir las capas de significado detrás de esa escena aparentemente sencilla. La comida, una vez más, nos guía para navegar las complejas y a menudo no verbalizadas dinámicas de la vida familiar japonesa.
Información Práctica para el Peregrino Cinematográfico
Un viaje al mundo de ‘Aruitemo Aruitemo’ requiere poca planificación para poder disfrutarlo con la calma y atención que merece. La clave está en no tener prisa, permitirse deambular sin un itinerario rígido y estar abierto a los pequeños descubrimientos que surgen durante el recorrido. Yokosuka es una ciudad acogedora y fácil de recorrer, pero algunos consejos prácticos pueden ayudar a que la experiencia sea más fluida y enriquecedora, permitiendo al visitante enfocarse en la atmósfera y las emociones en lugar de la logística.
Cómo Llegar a Yokosuka: La Puerta de Entrada a la Historia
Llegar a Yokosuka desde el centro de Tokio es un proceso sencillo y directo, lo que la convierte en una excursión de un día ideal. Existen dos líneas de tren principales que conectan ambas ciudades. La primera es la línea JR Yokosuka, que parte desde las estaciones de Tokio y Shinagawa. Este trayecto es tranquilo y ofrece vistas de la expansión urbana de Tokio que poco a poco da paso a los paisajes más verdes y costeros de la prefectura de Kanagawa. La segunda opción, frecuentemente preferida por su acceso más directo al corazón de la ciudad, es la línea principal Keikyu. También partiendo de Shinagawa, esta línea es un poco más rápida y lleva a la estación Yokosuka-Chūō («Yokosuka Central»), que se siente más integrada en la vida local que la estación JR. El viaje en tren es el preludio perfecto para esta peregrinación. Es el trayecto que Ryota y su familia realizan para salir de la bulliciosa metrópolis y adentrarse en el mundo más pausado y personal de su ciudad natal. Mirar por la ventana mientras el paisaje cambia es comenzar a desprenderse de las prisas urbanas y adoptar el ritmo de la película. Se recomienda comprar un billete de ida y vuelta o usar una tarjeta de transporte prepago como Suica o Pasmo para mayor comodidad.
Moviéndose por la Ciudad: Caminando, Caminando
El título de la película es la mejor guía para desplazarse por Yokosuka: caminando, caminando. La mejor forma de descubrir los rincones que evocan la atmósfera de ‘Aruitemo Aruitemo’ es a pie. Solo así se puede percibir la inclinación de las cuestas, apreciar los detalles de los jardines, escuchar los sonidos locales y respirar el aire marino. Es fundamental llevar calzado cómodo, ya que la exploración implica subir y bajar numerosas colinas y escaleras. Para distancias más largas, como el recorrido del centro de la ciudad hasta la costa de Kannonzaki, el sistema de autobuses locales de Keikyu es excelente y, como se ha mencionado, una experiencia en sí misma. Las rutas están bien señalizadas y son frecuentes. Un pase de un día para el autobús puede ser una opción económica si se planea explorar varias zonas. Se recomienda dedicar un día completo a la peregrinación. Esto permite tiempo suficiente para caminar sin prisas, detenerse a tomar un café en una «kissaten» local, sentarse junto al mar durante un buen rato y cenar en un pequeño restaurante familiar. La prisa es enemiga de la contemplación, y este viaje se nutre de la observación pausada y la reflexión.
La Mejor Época para Visitar: El Zumbido del Verano
Para una inmersión completa en el universo sensorial de ‘Aruitemo Aruitemo’, la mejor época para visitar Yokosuka es, sin duda, el verano. Desde finales de junio hasta principios de septiembre, la ciudad cobra vida con los elementos que definen la atmósfera de la película. El calor pegajoso, la luz solar intensa que genera sombras nítidas, el verdor exuberante de la vegetación y, sobre todo, el estruendoso coro de las cigarras. Visitar en esta temporada permite sentir en la piel el letargo y la intensidad del verano japonés. Sin embargo, esto implica la necesidad de prepararse adecuadamente. Es esencial llevar suficiente agua, protegerse del sol con un sombrero o sombrilla y vestir ropa ligera y transpirable. Las tormentas veraniegas, breves pero intensas, también pueden presentarse, agregando un elemento dramático al escenario. Si el calor intenso resulta incómodo, finales de la primavera (mayo y junio) y principios del otoño (septiembre y octubre) son excelentes alternativas. El clima es más suave, pero el paisaje sigue siendo verde y hermoso. Una visita en invierno ofrecería una perspectiva distinta: un Yokosuka más austero y silencioso, con una luz clara y un aire frío proveniente del mar. Esto podría propiciar una reflexión más melancólica sobre los temas de la película, ofreciendo así una visión distinta pero igualmente válida de la geografía emocional de los Yokoyama.
Más Allá de la Pantalla: Descubriendo el Yokosuka Real

Aunque la peregrinación se enfoca en el universo de la película, Yokosuka es una ciudad con una identidad rica y multifacética que trasciende el simple hecho de ser el escenario de ‘Aruitemo Aruitemo’. Dedicar tiempo a explorar otras dimensiones de la ciudad no solo enriquece el viaje, sino que también demuestra un respeto por el lugar como una comunidad viva con su propia historia. Descubrir el verdadero Yokosuka permite situar el mundo tranquilo y doméstico de los Yokoyama dentro de un contexto más amplio y complejo, agregando nuevas capas de apreciación a la elección del director.
Un Crisol de Culturas: El Puerto y su Historia
Yokosuka ha sido históricamente uno de los puertos más importantes de Japón. Es la sede de una significativa base de la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón y, de manera notable, de la Séptima Flota de la Armada de los Estados Unidos. Esta presencia militar ha otorgado a la ciudad un carácter único, un fascinante crisol de culturas japonesa y estadounidense. Un paseo por la zona cercana a la base, especialmente por la famosa calle Dobuita, revela un paisaje completamente distinto al de las tranquilas colinas residenciales. Allí se encuentran bares al estilo americano, restaurantes que ofrecen el ‘Navy Burger’ (una especialidad local) y tiendas que venden chaquetas de aviador y recuerdos militares. Este contraste resulta sorprendente. Por un lado, el Japón íntimo y tradicional de la familia Yokoyama; por otro, un centro vibrante y cosmopolita. Visitar lugares como el Parque Mikasa, donde se conserva el histórico acorazado homónimo, ofrece una lección sobre la historia naval de Japón. Comprender esta faceta de Yokosuka ayuda a valorar aún más la elección de Kore-eda de enfocarse en la vida silenciosa y cotidiana que transcurre bajo la sombra de esta gran historia geopolítica. Es un recordatorio de que, incluso en lugares de importancia estratégica mundial, las pequeñas historias humanas de amor, pérdida y comida familiar son las que verdaderamente perduran.
Escapadas Naturales: La Belleza de la Península de Miura
Yokosuka es la puerta de entrada a la península de Miura, una región de gran belleza natural que ofrece un respiro frente al bullicio de las zonas urbanas. Extender la visita más allá de los límites de la ciudad es una excelente forma de conectar con el paisaje costero, tan vital para la película. Se puede tomar un autobús hasta el Parque Kannonzaki, en el extremo oriental de la península. Allí, un hermoso faro, el primero de estilo occidental en Japón, vigila el concurrido canal de Uraga. Los senderos del parque serpentean entre bosques costeros y ofrecen vistas impresionantes de la bahía. Otra opción es desplazarse más al sur, hacia el puerto pesquero de Misaki, conocido por su mercado de atún y sus excelentes restaurantes de mariscos. Allí se puede experimentar la vida de una comunidad que ha dependido del mar durante siglos. Estas escapadas permiten apreciar el océano no solo como un símbolo de tragedia, como en la película, sino también como una fuente de vida, sustento y belleza. Al explorar la península, se comprende mejor el entorno natural que ha moldeado a generaciones de familias como los Yokoyama, una existencia marcada por la proximidad y el respeto hacia el poder del mar.
Un Cierre Suave: Las Resonancias Eternas de ‘Aruitemo Aruitemo’
Al final del día, cuando el sol comienza a descender sobre la bahía de Tokio y las luces de la ciudad empiezan a brillar, el peregrino cinematográfico se lleva mucho más que simples fotografías de lugares. Se lleva consigo el eco de las conversaciones no dichas de la familia Yokoyama, el peso del calor veraniego en sus hombros y la sensación de la brisa marina rozando su rostro. Caminar por Yokosuka siguiendo los pasos de Ryota, Yukari y el resto de la familia es comprender la película a un nivel profundamente visceral. Es sentir el esfuerzo de la pendiente que conduce a un hogar lleno de amor y de cicatrices. Es entender cómo el zumbido de una cigarra puede encerrar toda la nostalgia de un verano perdido. Es darse cuenta de que, aunque la casa de los Yokoyama no sea real, su espíritu reside en cada rincón de estas calles apacibles. La película de Kore-eda nos recuerda que las vidas ordinarias están colmadas de una belleza y complejidad extraordinarias. Y Yokosuka, con su mezcla de normalidad suburbana, historia imponente y belleza costera, es el lienzo ideal para revelar esa verdad. El viaje puede terminar, pero la resonancia de la historia y del lugar permanece. Nos recuerda que, en nuestras propias vidas, con nuestras propias familias, seguimos caminando, a veces juntos, a veces separados, pero siempre unidos por los lazos invisibles de la memoria. Y ese, al final, es el verdadero destino de esta peregrinación.

