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Tras los Pasos de Zula y Wiktor: Un Viaje Cinematográfico por la Polonia de ‘Cold War’

La pantalla se ilumina, pero no con color. Lo hace con una luminosa escala de grises, una ventana a un tiempo suspendido, a una Europa herida que intenta reconstruirse sobre sus propias cenizas. ‘Cold War’ (Zimna wojna), la obra maestra de Paweł Pawlikowski, es más que una película; es una balada melancólica, un poema visual que late al ritmo de una música inolvidable y de un amor tan apasionado como imposible. La historia de Zula y Wiktor, dos almas destinadas a encontrarse y desencontrarse a través de las fronteras físicas e ideológicas del Telón de Acero, se grabó a fuego en la memoria de quienes la vieron. Pero su espíritu no reside únicamente en la ficción. Reside en las calles empedradas, en los patios silenciosos de los edificios de apartamentos, en las iglesias de madera y en los cafés humeantes de una Polonia que sirvió de lienzo para su romance. Este no es un simple viaje turístico. Es una peregrinación. Un peregrinaje a los lugares sagrados donde la cámara de Łukasz Żal capturó la belleza y el dolor, donde la historia de dos amantes se entrelazó con la historia de una nación. Nos adentramos en el corazón de Polonia, no como turistas, sino como exploradores de emociones, buscando los ecos de ‘Dwa serduszka’ en el viento frío del este, listos para ver el mundo, por un momento, en el mismo blanco y negro poético de la película.

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El Corazón Rústico: Los Orígenes de la Música y el Amor

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La película arranca con un sonido crudo y auténtico. Wiktor, el etnomusicólogo, recorre una Polonia rural, desolada y hermosa, grabando las voces del pueblo en busca de la pureza del folclore que el nuevo régimen comunista pretende moldear y emplear como herramienta de propaganda. Estas primeras escenas, que establecen el tono y la paleta sonora del filme, no se rodaron en una sola aldea sino que constituyen un mosaico, un destilado del alma rural polaca. Para capturar ese espíritu, es necesario adentrarse en regiones como Mazowsze, la llanura que rodea Varsovia, o más al sur, en las colinas de Podhale y los Beskides Bajos, hogar de las tradiciones Łemko. Aquí, el paisaje habla: las iglesias de madera oscura, con tejados de tejas que casi rozan el suelo, se erigen como centinelas silenciosos. Los campos se extienden en vastas zonas de verde y ocre, salpicados de cruces de caminos y pequeñas capillas. Es un mundo donde el tiempo parece detenido, un lugar de belleza austera que Pawlikowski captura con una reverencia casi sagrada. Imaginen el aire frío y cortante, el aroma a tierra húmeda y a leña ardiendo en las chimeneas. En este entorno, Wiktor escucha por primera vez a Zula: su voz, un diamante en bruto, rompe el silencio. La travesía hacia ‘Cold War’ no comienza en una ciudad, sino en la idea de este paisaje. Para experimentarlo, se puede visitar el Museo al Aire Libre de la Aldea de Lublin (Muzeum Wsi Lubelskiej), un lugar que representa a la perfección la arquitectura y la atmósfera de la época, con sus casas de madera trasladadas, molinos de viento y una iglesia que parece sacada directamente de los primeros fotogramas de la película. Es un viaje al origen, al lugar donde nació la música que uniría y separaría a los amantes.

Łódź: La Cuna Cinematográfica y el Alma Industrial

Si el corazón musical de la película late en el campo, su alma cinematográfica y urbana se halla en Łódź. Esta ciudad, con su pasado como potencia textil del siglo XIX y su presente como eje central del cine polaco, se convierte en un personaje propio. Sus calles rezuman una melancolía industrial, sus fachadas de ladrillo rojo y sus palacios de antiguos magnates relatan historias de opulencia y decadencia. No sorprende que Pawlikowski, formado en la renombrada Escuela de Cine de Łódź, escogiera esta ciudad para reconstruir gran parte del mundo de Zula y Wiktor. Pasear por Łódź es como caminar por un plató de cine al aire libre. La ciudad no necesitó grandes artificios para evocar la atmósfera de los años 40 y 50; su propia arquitectura es un testimonio vivo de aquella época. Los patios interiores (podwórka), a menudo descuidados pero llenos de vida e historia, los imponentes edificios de apartamentos (kamienice) con sus fachadas ornamentadas pero desgastadas por el tiempo, y las antiguas fábricas de ladrillo que dominan el horizonte, todo contribuye a la estética visual de ‘Cold War’. La ciudad se convierte en un laberinto de esperanzas y desilusiones, un lugar donde el arte y la burocracia, el amor y la vigilancia, conviven en una tensión constante.

La Calle Roosevelta 17: El Refugio de un Amor Clandestino

Uno de los espacios más íntimos y esenciales de la película es el modesto apartamento que sirve de nido de amor para Zula y Wiktor. El edificio se ubica en la calle Roosevelta, número 17. Al llegar, uno se encuentra frente a una típica kamienica de Łódź, un inmueble de viviendas anteriores a la guerra con una gran puerta de madera que da acceso a un patio interior. Este patio es el auténtico escenario. Al cruzar el umbral, el ruido de la ciudad se atenúa y uno entra en un microcosmos. Aquí vemos a los personajes en sus momentos más vulnerables, lejos de las miradas del partido. La arquitectura de estos patios fue diseñada para fomentar la comunidad, pero en la era estalinista también se convirtió en un espacio de vigilancia mutua. Se siente el peso de las miradas desde las ventanas circundantes, la falta de privacidad que define la vida bajo el régimen. La fachada de estuco, desconchada en algunos puntos, las escaleras de hierro forjado y las galerías que comunican los apartamentos conforman una composición visual de líneas y sombras que el blanco y negro de la película explota a la perfección. Visitar este lugar es una experiencia delicada. No hay placas ni señales, solo el edificio, el silencio del patio y la imaginación del visitante. Es un momento para reflexionar sobre la fragilidad del amor en un mundo que intenta controlarlo todo, un espacio privado constantemente amenazado por la esfera pública.

El Grand Hotel: Ecos de un Esplendor Pasado

En contraste con la modestia del apartamento en la calle Roosevelta, ciertas escenas que requerían un toque de grandeza oficial se rodaron en el histórico Grand Hotel de Łódź, situado en la emblemática calle Piotrkowska. Este hotel, inaugurado en 1888, fue en su época un símbolo de lujo y riqueza de los barones textiles de la ciudad. Para la época de ‘Cold War’, su esplendor se había desvanecido, pero conservaba una pátina de grandeza decadente, ideal para representar los espacios oficiales donde la compañía de danza Mazurek actúa ante los dignatarios del partido. Los interiores del hotel, con sus techos altos, lámparas de araña y mobiliario pesado, evocan un mundo de formalidad y poder. Aunque el acceso a las habitaciones suele estar restringido a los huéspedes, el vestíbulo y el restaurante mantienen gran parte de su carácter histórico. Tomar un café en el Grand Hotel es como retroceder en el tiempo, imaginando conversaciones susurradas, miradas furtivas y la tensión palpable de una actuación bajo la vigilancia de las autoridades. Es un lugar que simboliza la jaula de oro en la que el talento de Zula y Wiktor es a la vez celebrado y aprisionado.

Wrocław: Un Escenario de Múltiples Caras

Wrocław, conocida como la ciudad de los cien puentes, es quizás el escenario más versátil dentro del conjunto de localizaciones de ‘Cold War’. Con una historia compleja que la vio ser la ciudad alemana de Breslau hasta 1945, su arquitectura representa una fascinante mezcla de influencias góticas, barrocas y modernistas. Esta diversidad la convirtió en el lugar ideal para que Pawlikowski recreara no solo diferentes regiones de Polonia, sino también otras ciudades europeas como Berlín Oriental y París. Marcada por la destrucción bélica y la posterior repoblación polaca, la ciudad guarda en sus piedras una historia de desplazamiento y reinvención, tema que resuena profundamente con la propia odisea de Zula y Wiktor. Recorrer Wrocław siguiendo los pasos de la película es descubrir cómo un mismo lugar puede contar historias muy distintas, dependiendo del ángulo de la cámara y la emoción que se quiere transmitir. Es una ciudad camaleónica, llena de rincones que parecen suspendidos en el tiempo, aguardando ser descubiertos por el viajero cinematográfico.

El Puente Tumski y Ostrów Tumski: Un Viaje en el Tiempo

La zona más antigua de Wrocław, Ostrów Tumski o Isla de la Catedral, es un lugar de una belleza casi irreal. Con sus calles empedradas, iglesias góticas y su atmósfera de serenidad, es fácil olvidar que se está en pleno siglo XXI. Este es el corazón espiritual de la ciudad y uno de los escenarios más románticos y melancólicos de ‘Cold War’. El Puente Tumski, conocido también como el puente de los amantes por los candados que cuelgan de sus barandillas, es la puerta de entrada a este mundo mágico. En la película, este entorno atemporal sirve como telón de fondo para los encuentros y paseos de la pareja. El director utiliza la arquitectura medieval para crear un contraste con la opresiva modernidad del régimen comunista. Aquí, entre los muros de la catedral de San Juan Bautista y las sombras proyectadas por los antiguos edificios, Zula y Wiktor pueden, por un breve momento, evadir la historia y existir solo el uno para el otro. Caminar por Ostrów Tumski genera una sensación de profunda paz. El sonido de los pasos sobre los adoquines, el lejano tañido de una campana, la vista del río Oder fluyendo lentamente… todo contribuye a crear una atmósfera cinematográfica.

La Atmósfera Nocturna de Ostrów Tumski

Para vivir la experiencia de ‘Cold War’ en su máxima expresión, es imprescindible visitar Ostrów Tumski al anochecer. Es una de las pocas zonas de Europa donde aún existe la figura del farolero (latarnik). Cada tarde, al caer el sol, un hombre vestido con capa y sombrero tradicionales recorre las calles de la isla encendiendo una por una las más de cien farolas de gas con una larga pértiga. Este ritual diario transforma el lugar, bañándolo en una luz cálida y titilante que parece sacada directamente de las fotografías de Łukasz Żal. La luz de gas suaviza los contornos de los edificios, profundiza las sombras y crea un ambiente de misterio y romance. Ver al farolero en su ronda es como presenciar un fragmento de historia viva, un espectáculo silencioso y poético que transporta instantáneamente a la Europa de mediados del siglo XX. Sin duda, es el momento y lugar perfectos para sentir la esencia de la película, imaginar a Zula y Wiktor caminando por las mismas calles, envueltos en esa misma luz dorada, sus siluetas recortadas sobre la piedra antigua.

El Dworzec Świebodzki: Una Estación Hacia el Destino

Las estaciones de tren son espacios de transición, despedidas y esperanzas. En ‘Cold War’, simbolizan las bifurcaciones del destino, las decisiones que marcarán la vida de los protagonistas. Para estas escenas cruciales, el equipo de producción escogió la estación de tren Świebodzki en Wrocław. Construida en la década de 1840, es una de las estaciones más antiguas de Polonia, aunque hoy ya no presta servicio a pasajeros. Su estado de abandono y su arquitectura neoclásica, grandiosa pero melancólica, la convierten en el escenario ideal para representar las partidas hacia un futuro incierto. Al visitar Dworzec Świebodzki, uno se encuentra con un edificio majestuoso que parece dormido. Los andenes, ahora silenciosos, aún resuenan con ecos de miles de historias. Se puede casi escuchar el silbido del tren de vapor, el bullicio de pasajeros, la tensión de una despedida en el andén. La estación, con su gran reloj detenido en el tiempo, simboliza la encrucijada de Wiktor: quedarse en una Polonia que reprime su arte o escapar hacia un oeste desconocido pero libre. Un lugar poderoso que habla del peso de la historia y las decisiones que definen una vida. Para el viajero, es una oportunidad única de explorar una pieza de la historia ferroviaria y conectar con uno de los momentos más dramáticos de la película.

De Varsovia a París: El Exilio y la Nostalgia

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El viaje de Zula y Wiktor es un constante ir y venir entre el este y el oeste, entre la pertenencia y el exilio. Aunque la película se enfoca emocionalmente en los paisajes de Łódź y Wrocław, la narrativa también nos transporta a las capitales que representan los dos bloques de la Guerra Fría: Varsovia y París. Varsovia, capital de la República Popular de Polonia, se presenta como el centro del poder. Aunque no es una localización principal, su presencia se percibe a través de la omnipresencia del Estado. El monumental Palacio de la Cultura y la Ciencia, un «regalo» de Stalin a la ciudad, se alza como un símbolo imponente del orden que Wiktor y Zula intentan sortear. Representa la ideología, la ambición y el control que definen sus trayectorias dentro del conjunto Mazurek. Es el opuesto al París bohemio al que aspiran.

París: La Bohemia y el Corazón Roto

Cuando Wiktor finalmente cruza a Occidente, llega a París, la ciudad de la luz, de la libertad artística y del jazz. El contraste visual y sonoro es inmediato. Pawlikowski nos sumerge en los clubes de jazz humeantes de Saint-Germain-des-Prés, en las calles bulliciosas y en la efervescencia creativa de la posguerra parisina. Aunque muchos de los interiores de los clubes, como el ficticio ‘L’Éclipse’, fueron recreados en estudios en Polonia, el espíritu de la ciudad se captura en las tomas exteriores. Caminar por el Barrio Latino, cerca del Sena, es seguir los pasos de Wiktor en su exilio. Se percibe la mezcla de euforia y soledad que experimenta. Es libre para crear la música que desea, pero está separado del amor de su vida. El París de ‘Cold War’ no es la ciudad turística de las postales. Es un lugar de sombras y anhelos, un refugio que también se vuelve una prisión de nostalgia. Para el viajero, la experiencia consiste en perderse por las callejuelas, detenerse en un café e imaginar el sonido de un saxofón escapando por la puerta de un sótano. Es buscar la atmósfera de libertad agridulce que define la segunda mitad de la película, una libertad que, para Wiktor, nunca está completa sin Zula.

Croacia: La Ilusión de un Paraíso Yugoslavo

En su viaje por Europa, la pareja también pasa un tiempo en Yugoslavia, un país que en aquel entonces representaba una especie de «tercera vía», ni totalmente alineado con Moscú ni integrado al bloque occidental. Para recrear este interludio mediterráneo, el equipo de filmación se trasladó a Croacia, específicamente a la ciudad de Split. Este cambio de entorno aporta una nueva textura visual a la película: la luz del sol del Adriático, la piedra blanca y la historia antigua, que contrastan notablemente con los paisajes grises y frecuentemente nevados de Polonia.

El Palacio de Diocleciano: Un Laberinto de Piedra y Sombra

El centro de Split es el majestuoso Palacio de Diocleciano, un complejo romano del siglo IV que hoy constituye el núcleo vivo de la ciudad. Sus antiguos muros, sótanos y patios se convirtieron en el laberíntico escenario yugoslavo de ‘Cold War’. Pawlikowski aprovecha este entorno singular para crear una atmósfera que resulta a la vez liberadora y claustrofóbica. Vemos a Zula actuando en un escenario improvisado en el Peristilo, la plaza central del palacio, rodeada de columnas romanas. La combinación de la música folclórica polaca con la grandeza de la arquitectura imperial genera una imagen poderosa y particular. Para el visitante, explorar el Palacio de Diocleciano es una experiencia cautivadora. No es un museo en ruinas, sino una parte vibrante de la ciudad, con apartamentos, tiendas y cafés integrados en las construcciones antiguas. Perderse por sus estrechos pasajes de piedra, descubrir patios ocultos y sentir el calor del sol reflejado en las paredes es sumergirse en la misma atmósfera que habitaron los personajes. Es un lugar que en la película representa un breve respiro, un paraíso temporal que, como todos los demás, termina siendo frágil e ilusorio.

La Cinematografía en Blanco y Negro: Cómo el Lugar se Convierte en Personaje

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No se puede hablar de una peregrinación a los lugares de ‘Cold War’ sin mencionar el lenguaje visual que los caracteriza. La decisión de Paweł Pawlikowski y el director de fotografía Łukasz Żal de rodar en blanco y negro y con una relación de aspecto de 4:3 (casi cuadrada) no es un simple capricho estético. Es una elección esencial que convierte cada localización en un personaje con su propia voz y emoción. El blanco y negro elimina las distracciones cromáticas del mundo, obligando al espectador a fijarse en la textura, la luz, la sombra y la composición. Las fachadas desconchadas de Łódź se vuelven más táctiles, la nieve en los campos polacos más pura y desoladora, y el humo en los clubes de jazz parisinos más denso y misterioso. La relación de aspecto 4:3, que remite a la fotografía y al cine de la época, enmarca a los personajes de una forma que a menudo los hace parecer atrapados, confinados por las fuerzas de la historia, la política y su propia pasión destructiva. El cielo se comprime con frecuencia, dando mayor peso a la tierra, a los edificios y al entorno que los oprime. Por ello, visitar estos lugares con la película en mente es un ejercicio de reencuadre. Es aprender a mirar de nuevo, a descubrir la poesía en la decadencia y la belleza en la austeridad. Es comprender que en ‘Cold War’ el paisaje no es solo un fondo; es un reflejo del alma de los protagonistas, un testimonio silencioso de su amor y sufrimiento.

Consejos Prácticos para el Peregrino Cinematográfico

Emprender un viaje siguiendo los pasos de Zula y Wiktor exige una planificación que va más allá de un itinerario turístico común. Se trata de buscar una atmósfera, una sensación. Aquí algunos consejos para que la experiencia sea más intensa y evocadora.

La Mejor Época para Viajar

Aunque Polonia es hermosa en cualquier estación, para capturar el espíritu melancólico de ‘Cold War’, conviene viajar en otoño o a inicios de la primavera. Durante estos meses, la luz es más suave, los cielos suelen estar cubiertos por nubes dramáticas y hay menos turistas. El clima fresco y a veces sombrío de octubre o noviembre puede evocar perfectamente la paleta emocional de la película. El invierno, con su nieve silenciosa, también brinda la oportunidad de ver los paisajes rurales y urbanos bajo un manto que los acerca aún más a la estética en blanco y negro del film.

Moviéndose por Polonia

El sistema ferroviario polaco (PKP Intercity) es una manera excelente y eficiente de desplazarse entre las ciudades principales de la película, como Varsovia, Łódź y Wrocław. El viaje en tren es, en sí mismo, una experiencia casi cinematográfica, observando cómo los paisajes industriales dan paso a llanuras y bosques. Es una forma de conectar con el ritmo del país y reflexionar sobre los viajes que los personajes realizaron, aunque bajo circunstancias mucho más difíciles. Para zonas más rurales, alquilar un coche ofrece la libertad de explorar a su propio ritmo y descubrir pueblos y entornos alejados de las rutas habituales.

Más Allá de la Pantalla

Sumergirse verdaderamente en el mundo de ‘Cold War’ implica también disfrutar de la cultura de la época. Busque los ‘bares de leche’ (bar mleczny), cantinas de la era comunista que aún existen y ofrecen comida tradicional polaca a precios muy accesibles. Probar un plato de pierogi o una sopa żurek en uno de estos lugares resulta una experiencia auténtica. Además, explore la escena musical. Aunque los clubes de jazz de la película estaban en París, Polonia posee una rica tradición en este género. Busque pequeños locales en Cracovia o Varsovia para conectar con la música que fue tan vital para el alma de Wiktor. No se limite solo a los lugares de filmación; permita que el espíritu de la película lo guíe hacia la historia, la gastronomía y el arte que configuran la Polonia contemporánea.

Alojamiento con Carácter

Para una inmersión completa, considere hospedarse en un hotel boutique o apartamento ubicado en alguna de las históricas ‘kamienice’ de Łódź o Wrocław. Despertar en un edificio de altos techos, con suelos de madera que crujen y vistas a un patio interior puede acercarlo mucho más a la vida cotidiana mostrada en la película. Estos alojamientos, frecuentemente restaurados de manera exquisita, conjugan el encanto histórico con las comodidades modernas, ofreciendo una base perfecta y con ambiente para su peregrinación.

Viajar por los escenarios de ‘Cold War’ es, en esencia, adentrarse en el corazón de una historia de amor inolvidable y en el alma compleja de la Europa del siglo XX. No se trata solo de marcar lugares en un mapa, sino de detenerse en una calle silenciosa de Łódź y sentir el peso de la historia, de cruzar un puente en Wrocław al atardecer y percibir la magia de un instante robado, de escuchar una melodía folclórica y comprender la nostalgia que siguió a Zula y Wiktor a lo largo de un continente dividido. Las localizaciones de la película no son simples escenarios; son santuarios de memoria, espacios donde ficción y realidad se entrelazan. El amor de Zula y Wiktor pudo ser trágico, pero el viaje por su mundo es una revelación poética, una invitación a encontrar belleza en las sombras y esperanza en las notas de una canción triste. Estos lugares guardan sus secretos, esperando que el peregrino silencioso venga a escucharlos.

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この記事を書いた人

A visual storyteller at heart, this videographer explores contemporary cityscapes and local life. His pieces blend imagery and prose to create immersive travel experiences.

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