Hay lugares que trascienden el mapa para convertirse en poesía, en un estado del alma. La Mancha, esa tierra vasta y austera que vio nacer a Don Quijote, es uno de ellos. Pero para una generación de cinéfilos, su nombre resuena con un eco diferente, teñido de rojo pasión, de luto y de una vitalidad arrolladora. Es la Mancha de Pedro Almodóvar, el lienzo sobre el que pintó una de sus obras maestras, «Volver». Este no es solo un viaje a las localizaciones de una película; es una inmersión profunda en el universo del director, un peregrinaje al origen de sus obsesiones, a la geografía emocional que moldeó su mirada. Es sentir el viento solano que, según dicen, trastorna a las gentes, y comprender por qué, para Almodóvar, «volver» es siempre volver a este pedazo de España árida y mágica, donde la vida y la muerte danzan en un abrazo eterno. Aquí, entre campos ocres y cielos infinitos, las mujeres fuertes, pilar de su filmografía, no son un arquetipo, sino el paisaje humano cotidiano. Prepárense para un recorrido que va más allá del celuloide, un itinerario que busca el alma manchega que late con fuerza en cada fotograma de «Volver».
Si te apasiona explorar los lugares que inspiraron grandes películas, también te fascinará descubrir los escenarios de ‘La Vita è Bella’ en la Toscana.
La Mancha: El Escenario del Alma Almodovariana

Para comprender «Volver», primero es necesario entender La Mancha. No solo como un simple escenario, sino como un personaje más, silencioso pero omnipresente, cuyas características definen el temperamento de sus habitantes y el tono de la historia. Pedro Almodóvar, nacido en Calzada de Calatrava, no elige su tierra natal por casualidad. La escoge porque es el único lugar en el mundo donde sus historias pueden respirar con autenticidad. La Mancha es una tierra de contrastes: veranos que queman la piel e inviernos que hielan los huesos. Un paisaje horizontal, casi infinito, que obliga a la mirada a buscar refugio en el cielo o en el interior de uno mismo. Esta vastedad, esta aparente nada, es en realidad un crisol de emociones contenidas, de pasiones que estallan con la fuerza de un volcán dormido, como los numerosos que salpican la comarca del Campo de Calatrava.
El rojo de la tierra, producto de su origen volcánico, es el rojo de la sangre, de la pasión y de la vida que se aferra a un entorno difícil. Es el mismo rojo que Almodóvar utiliza como leitmotiv cromático en sus películas, un color que simboliza tanto el amor como el peligro, la vitalidad y la herida. Caminar por estos campos es como pasear por la paleta de colores del director. El viento solano, ese viento del este, seco y enloquecedor, es otro elemento fundamental. En la película, se le atribuye la culpa de los incendios y de la locura de los hombres. Es una fuerza invisible que agita los espíritus, desentierra secretos y empuja a los personajes a actuar. Visitar La Mancha es sentir ese viento en la cara, es comprender de manera visceral esa superstición popular que Almodóvar convierte en motor narrativo. La Mancha, con su aparente simplicidad, es un escenario de profunda complejidad, donde el realismo más crudo convive con lo mágico y lo surrealista. Es la tierra de las viudas de negro, de los patios frescos, de los secretos guardados por generaciones y de una solidaridad femenina a prueba de todo. Es, en definitiva, el corazón palpitante del cine de Almodóvar.
Almagro: El Corazón Teatral de «Volver»
Si La Mancha es el alma, Almagro es sin duda el corazón de «Volver». Esta joya monumental, declarada Conjunto Histórico-Artístico, no es solo una localización; es la encarnación del espíritu de la película: un lugar donde la vida cotidiana se representa con una teatralidad innata. Sus calles y plazas se convierten en el escenario ideal para el drama y la comedia de las vidas de Raimunda, Sole y Paula. Pasear por Almagro es como entrar en un fotograma de la película, sintiendo la presencia de sus personajes en cada rincón.
La Plaza Mayor: Donde la Vida y el Cine se Encuentran
La Plaza Mayor de Almagro es una de las más bellas y singulares de España, y un lugar emblemático en «Volver». Su estructura rectangular, flanqueada por soportales con columnas toscanas y dos hileras de galerías acristaladas de un característico color verde, crea un espacio escénico único. Aquí transcurre desde hace siglos la vida social de Almagro, y es donde Almodóvar sitúa a sus personajes, integrándolos en ese tapiz humano. Al visitar la plaza, uno puede imaginar fácilmente a Sole (Lola Dueñas) caminando apresuradamente, o a Raimunda (Penélope Cruz) haciendo sus recados, con la mirada perdida entre los reflejos de los cristales.
La atmósfera de la plaza cambia radicalmente con la luz del día. Por la mañana, es un hervidero de actividad, con los lugareños yendo y viniendo y el murmullo de las conversaciones en las terrazas de los bares. Es el momento perfecto para sentarse a tomar un café y observar el ritmo pausado de la vida manchega. Al atardecer, la plaza adquiere una cualidad mágica. El sol poniente tiñe de tonos dorados y anaranjados las fachadas y los cristales, creando un espectáculo visual impresionante. Es un instante de pura poesía, un momento en el que la frontera entre cine y realidad se difumina por completo. Un consejo para el visitante es buscar los pequeños detalles: los escudos heráldicos en las fachadas, el hierro forjado de los balcones, el reflejo del cielo en los miles de cristales. La Plaza Mayor de Almagro no es solo un lugar para ver, sino para sentir, para sentarse y dejar que las historias, tanto reales como cinematográficas, te envuelvan.
El Corral de Comedias: Un Eco del Pasado
Justo en uno de los flancos de la Plaza Mayor se encuentra el Corral de Comedias, el único teatro del Siglo de Oro español que se conserva intacto y en activo desde el siglo XVII. Aunque no aparece de forma explícita en una escena principal de «Volver», su espíritu impregna toda la ciudad de Almagro y, por extensión, la película. La propia estructura del filme, con sus giros dramáticos, secretos revelados y su catarsis final, posee mucho de teatral, de ese teatro popular y vibrante que se representaba aquí hace cuatrocientos años.
Visitar el Corral de Comedias es un viaje en el tiempo. Su estructura de madera, el patio donde el público llano (los «mosqueteros») asistía de pie a las obras, las galerías para los nobles y la «cazuela» para las mujeres; todo habla de una forma de entender el espectáculo y la sociedad. La visita guiada es muy recomendable, ya que revela los secretos y anécdotas de este espacio mágico. Si se tiene la suerte de visitar Almagro durante el Festival Internacional de Teatro Clásico, que se celebra cada mes de julio, asistir a una representación en el Corral es una experiencia inolvidable. Sentir la acústica natural, ver a los actores bajo la luz de la luna y compartir el espacio con un público entregado es conectar con la esencia misma del arte dramático. Es comprender por qué Almagro, con este templo del teatro en su centro, era el lugar perfecto para una historia como «Volver», donde cada personaje interpreta un papel, oculta una verdad y busca su propia redención en el gran teatro de la vida.
Las Calles Empedradas y las Fachadas Blancas
Más allá de sus monumentos más emblemáticos, el verdadero encanto de Almagro reside en perderse por su laberinto de calles empedradas. El casco antiguo es un mosaico de fachadas encaladas, salpicadas por el intenso color de los geranios que cuelgan de los balcones y el ocre de los marcos de puertas y ventanas. Cada calle, cada plaza, parece un decorado cinematográfico esperando a ser descubierto. Es en este deambular sin rumbo donde se encuentra la verdadera esencia de la Almagro que enamoró a Almodóvar.
El barrio noble, con sus imponentes casas solariegas y escudos de armas tallados en piedra, habla de un pasado de esplendor ligado a las órdenes militares de Calatrava. Al caminar, es inevitable fijarse en los grandes portones de madera que, a menudo entreabiertos, dejan entrever la belleza de los patios interiores. Estos patios, de inspiración andaluza, son el corazón de la casa manchega: un oasis de frescor y vegetación donde la vida familiar transcurre lejos de las miradas curiosas. Son espacios de confidencia, de secretos susurrados, muy en la línea del universo femenino de «Volver». Aunque muchos sean privados, algunos palacios y conventos, como el de la Asunción de Calatrava, permiten visitar sus claustros y patios, ofreciendo una visión privilegiada de esta arquitectura íntima. La luz de La Mancha, intensa y nítida, juega un papel fundamental en este paseo, creando fuertes contrastes entre las zonas de sol y sombra, y realzando la textura de la cal y la piedra. Es un placer sencillo, casi meditativo, el de caminar por estas calles, escuchando el eco de los propios pasos y sintiendo que, en cualquier esquina, podría aparecer una de las mujeres de Almodóvar, con su fuerza, su dolor y su inquebrantable esperanza.
Granátula de Calatrava: La Cuna del Director y el Viento

Si Almagro es el escenario principal, los alrededores, y en especial el término municipal de Granátula de Calatrava, constituyen el alma mater, la tierra que alimenta la imaginación de Almodóvar. Aunque el director nació en la vecina Calzada, es en este paisaje donde se filmaron algunas de las escenas más fuertes y simbólicas de «Volver», aquellas que se vinculan directamente con los grandes temas de la película: la muerte, las raíces y las fuerzas indomables de la naturaleza.
El Cementerio: Un Homenaje a la Vida
La escena inicial de «Volver» es una declaración de intenciones. Un ejército de mujeres, armadas con cubos y fregonas, limpia cuidadosamente las lápidas de sus seres queridos en un cementerio abarrotado. Es una imagen poderosa que refleja la particular relación que la cultura manchega, y española en general, mantiene con la muerte. No es una escena sombría, sino llena de vida, color, cotilleos y un pragmatismo casi festivo. Este cementerio no es un lugar de tristeza, sino un punto de encuentro con los antepasados, un espacio social donde se mantiene vivo el hilo de la memoria.
La ubicación real de esta escena es el cementerio de Granátula de Calatrava. Visitarlo es una experiencia conmovedora. A diferencia de los cementerios anglosajones, aquí predomina el mármol blanco, las flores de plástico de colores vivos (más duraderas bajo el sol implacable) y las fotografías de los difuntos. El lugar, situado en una pequeña loma, ofrece una vista panorámica del paisaje manchego, con sus campos de olivos y el horizonte infinito. Lo que más impresiona es la sensación de cuidado y devoción. Cada nicho, cada lápida, está impecablemente limpia y adornada. Se percibe el amor y el respeto con que las familias cuidan de sus muertos, integrándolos en su vida cotidiana. Al pasear por sus calles silenciosas, bajo el sol cegador y con el viento como única compañía, se comprende la profundidad de esa primera escena. No es un ritual macabro, sino una celebración de la continuidad, un acto que afirma que los lazos familiares trascienden la muerte. Para el visitante, es esencial mostrar el máximo respeto. Es un lugar sagrado para la comunidad y debe ser tratado como tal. Observar en silencio, sin tomar fotografías indiscretas, es la mejor manera de honrar el espíritu del lugar y de la película.
El Paisaje Volcánico y el Viento Solano
El Campo de Calatrava es una de las zonas volcánicas más importantes de la Península Ibérica. Aunque sus volcanes están inactivos, su presencia ha modelado el paisaje y el carácter de la región. En «Volver», esta geología latente actúa como una metáfora de las pasiones reprimidas que amenazan con estallar en cualquier momento. La tierra roja, la orografía suavemente ondulada, todo habla de un fuego interior. Una de las localizaciones más espectaculares es el paraje donde se instaló el parque eólico que aparece en la película, un lugar donde la tecnología moderna se encuentra con la fuerza ancestral de la naturaleza.
La escena en la que el coche de Raimunda y Paula se detiene junto a los enormes molinos de viento es visualmente impactante. Estos modernos quijotes, girando al compás del viento, simbolizan esa fuerza invisible y poderosa que domina todo: el viento solano. Para llegar a este lugar, es necesario conducir por carreteras secundarias que serpentean entre campos de cultivo. La experiencia de apagar el motor del coche y quedarse en silencio, escuchando solamente el zumbido rítmico de las aspas y el silbido del viento, es sobrecogedora. Es aquí donde se siente con toda su intensidad el poder del viento que tanto obsesiona a los personajes. Este viento que, según la tradición, seca las cosechas, provoca incendios y desata la locura. Sentir su fuerza, a veces como una caricia, a veces como un empujón violento, es conectar con el corazón más salvaje de La Mancha. El paisaje, desde esta altura, es impresionante: una planicie inmensa salpicada por pequeños pueblos blancos. Es un lugar que invita a la reflexión, a pensar en la fragilidad humana frente a la inmensidad de la naturaleza. Sin duda, es una de las paradas imprescindibles para cualquier peregrino almodovariano que busque no solo ver, sino sentir el alma de «Volver».
Puertollano: El Eco Industrial en la Memoria de Raimunda
En contraste con la belleza rural y atemporal de Almagro y Granátula, Almodóvar introduce un toque de modernidad y desarraigo al situar parte de la vida de Raimunda en un entorno urbano y anónimo, inspirado en ciudades como Puertollano. Aunque las escenas del aeropuerto donde trabaja Raimunda se rodaron en el aeropuerto real de Ciudad Real (un proyecto faraónico que hoy es casi un aeropuerto fantasma, lo que añade otra capa de ironía almodovariana), el espíritu de la ciudad obrera, del extrarradio y de la lucha por la supervivencia remite a lugares como Puertollano.
Puertollano, históricamente vinculada a la minería del carbón y a la industria petroquímica, representa la cara opuesta de La Mancha. Es la Mancha que emigró del campo a la ciudad en busca de un futuro, la que cambió el arado por la fábrica. Este paisaje industrial, con sus chimeneas, sus complejos industriales y sus barrios obreros, crea un fuerte contraste con la Mancha de los pueblos blancos y las tradiciones ancestrales. Es el mundo del trabajo precario, de las largas jornadas y de la soledad en medio de la multitud. Para Raimunda, este entorno es a la vez una prisión y una vía de escape de los fantasmas del pasado que la acechan en su pueblo.
Visitar Puertollano no ofrece la belleza pintoresca de Almagro, pero brinda una comprensión más profunda y completa del universo social que retrata Almodóvar. Pasear por sus calles, observar la arquitectura funcional de sus barrios y visitar el Museo de la Minería permite entender la historia de esfuerzo y sacrificio que ha moldeado el carácter de su gente. Es un ejercicio de realismo que complementa la magia y el folclore de otras localizaciones. Permite ver cómo Almodóvar no idealiza su tierra, sino que la muestra con todas sus contradicciones: la tensión entre el mundo rural y el industrial, entre la tradición y la modernidad, entre la comunidad del pueblo y el anonimato de la ciudad. Incluir Puertollano o una ciudad similar en el itinerario de «Volver» añade una capa de complejidad al viaje: es comprender que el mundo de Raimunda está hecho tanto de la tierra roja de su infancia como del asfalto gris de su presente.
Sabores de La Mancha: La Gastronomía que Nutre «Volver»

Un viaje al universo de «Volver» no estaría completo sin adentrarse en su gastronomía, que va mucho más allá de ser un simple acompañamiento. La comida, en el cine de Almodóvar, actúa como un vehículo de afecto, un símbolo de cuidado maternal y un catalizador de encuentros y confesiones. La cocina de Raimunda, improvisada pero llena de amor, representa el corazón de su hogar y el motor de su resiliencia. Degustar los platos de La Mancha es, en cierto sentido, saborear la esencia misma de la película.
Pisto Manchego y Duelos y Quebrantos
La cocina manchega es como su paisaje: austera, directa y basada en productos de la tierra de calidad extraordinaria. El plato estrella es, sin duda, el pisto manchego. Esta humilde pero deliciosa fritada de pimientos, tomates, calabacín y cebolla es el sabor del verano en La Mancha. En la película, Raimunda lo prepara para alimentar a todo un equipo de rodaje, demostrando su ingenio y su capacidad para convertir nada en un festín. Sentarse en un restaurante de Almagro y pedir una ración de pisto, preferiblemente con un huevo frito encima, es un gesto de comunión con el espíritu del filme. Su sabor, reconfortante y honesto, nos recuerda que la felicidad frecuentemente reside en las cosas más simples.
Otro plato con un nombre evocador es «duelos y quebrantos». Mencionado en El Quijote, su receta tradicional, a base de huevos revueltos con tocino y chorizo, es pura energía, un plato de pastores y labradores para sobrellevar las duras jornadas de trabajo. Su nombre, que evoca dificultades y penas, contrasta con su sabor potente y satisfactorio. Probarlo es conectar con la historia más profunda de esta tierra y su espíritu de resistencia. Otros platos que no hay que perderse son las migas de pastor, las gachas, el asadillo manchego o la caldereta de cordero. Todos ellos son platos contundentes, sin artificios, que reflejan una cultura de aprovechamiento y un profundo respeto por el producto.
Vinos de Valdepeñas y Queso Manchego
La Mancha es la mayor extensión de viñedo del mundo, y sus vinos son el acompañamiento ideal para su gastronomía. La Denominación de Origen Valdepeñas, una de las más antiguas de España, produce vinos tintos robustos y blancos frescos que combinan a la perfección con los sabores intensos de la cocina local. Visitar alguna de las numerosas bodegas de la zona es una excelente forma de conocer el proceso de elaboración y degustar los vinos en su lugar de origen. Pedir una copa de vino local en un bar de la Plaza Mayor de Almagro, mientras el sol se pone, es uno de los grandes placeres del viaje.
Y, claro está, no se puede hablar de La Mancha sin mencionar su producto más universal: el queso manchego. Elaborado exclusivamente con leche de oveja de raza manchega, este queso, con su sabor intenso y ligeramente picante, es una auténtica delicia. Se puede disfrutar de muchas maneras: como tapa, en ensalada o simplemente con un trozo de pan y un chorro de aceite de oliva. Comprar un queso entero en una tienda local para llevar a casa es la mejor forma de prolongar el sabor de este viaje. La combinación de queso manchego y vino de Valdepeñas no es solo un placer para el paladar, sino también la síntesis perfecta de una tierra que ofrece al mundo sabores auténticos y con carácter, al igual que los personajes de Almodóvar.
Guía Práctica para el Peregrino Cinematográfico
Emprender la ruta de «Volver» es una aventura fascinante que, sin embargo, requiere una mínima planificación para poder disfrutarla al máximo. La Mancha es una región extensa cuyos tesoros suelen estar escondidos lejos de las rutas más transitadas. Aquí te comparto algunos consejos para que tu peregrinaje cinematográfico sea una experiencia fluida e inolvidable.
Cómo Llegar y Moverse por La Mancha
El punto de partida más lógico para un viajero internacional es Madrid. Desde la capital española, La Mancha está sorprendentemente cerca. La forma más rápida y cómoda de llegar al corazón de la región es tomando el tren de alta velocidad (AVE). La línea Madrid-Sevilla tiene paradas en Ciudad Real y Puertollano. El trayecto dura menos de una hora, y desde la estación es posible alquilar un coche, herramienta fundamental para este viaje.
Aunque el tren te acerca a la zona, para explorar las localizaciones de «Volver» con total libertad, el coche es indispensable. Las distancias entre pueblos no son grandes (de Ciudad Real a Almagro hay unos 30 minutos; de Almagro a Granátula, apenas 15), pero muchas de las localizaciones más evocadoras, como los paisajes volcánicos o los parques eólicos, se encuentran en carreteras secundarias que solo pueden ser accesibles con vehículo propio. Conducir por las llanuras manchegas es una experiencia en sí misma: las carreteras son rectas, el tráfico escaso y el paisaje, hipnótico. Permite detenerse cuando quieras, improvisar y dejarse llevar por el espíritu de la tierra. Simplemente pon la banda sonora de Alberto Iglesias en el coche y déjate llevar por el viento.
La Mejor Época para Visitar
El clima de La Mancha es continental extremo, con estaciones muy marcadas. La mejor época para visitar la región es, sin duda, la primavera (de abril a junio) y el otoño (de septiembre a octubre). Durante estos meses, las temperaturas son suaves y agradables, perfectas para pasear por los pueblos y explorar el campo. En primavera, además, el paisaje se viste de un verde efímero y los campos se llenan de amapolas rojas, creando una estampa de gran belleza. El otoño ofrece una luz dorada y cálida, ideal para la fotografía.
El verano, especialmente en julio y agosto, puede ser brutalmente caluroso. Las temperaturas suelen superar los 40 grados Celsius (104 Fahrenheit) durante el día, lo que hace que cualquier actividad al aire libre sea agotadora. Si viajas en verano, es fundamental planificar las visitas a primera hora de la mañana o al atardecer, pasando las horas centrales del día a cubierto, disfrutando de una larga comida o de la siesta, al estilo local. El invierno, por su parte, es frío y riguroso, con heladas frecuentes, aunque un día soleado de invierno puede tener un encanto especial, con luz nítida y una atmósfera tranquila.
Dónde Alojarse: De Paradores a Casas Rurales
La región ofrece una amplia variedad de alojamientos que se adaptan a todos los gustos y presupuestos. Para una experiencia de lujo con un profundo sabor histórico, la opción ideal es el Parador de Turismo de Almagro. Ubicado en un antiguo convento del siglo XVI, este hotel es un oasis de paz, con sus hermosos claustros y patios, y una decoración cuidada que mezcla lo histórico con el confort moderno. Alojarse aquí es sumergirse completamente en la atmósfera de la ciudad.
Para quienes buscan una experiencia más íntima y auténtica, la región está repleta de casas rurales y pequeños hoteles con encanto. Hospedarse en una casa rural en los alrededores de los pueblos permite un contacto más directo con la naturaleza y el ritmo de vida local. Muchas de estas viviendas son antiguas casas de labranza rehabilitadas con mucho gusto, que ofrecen un trato cercano y familiar. Dormir en una de ellas, despertar con el silencio del campo y disfrutar de un desayuno con productos locales es una manera maravillosa de conectar con la verdadera esencia de La Mancha. Sea cual sea la elección, es recomendable reservar con antelación, especialmente cuando se viaja durante el Festival de Teatro de Almagro o en puentes festivos.
Más Allá de la Película: El Espíritu Indomable de las Mujeres Manchegas

Un viaje a los escenarios de «Volver» revela rápidamente que el mayor acierto de Pedro Almodóvar no fue solo escoger localizaciones bellas, sino capturar con asombrosa fidelidad el espíritu de su gente y, en especial, de sus mujeres. Las mujeres de la película –Raimunda, Sole, Agustina, la tía Paula– no son invenciones de un guionista; son el reflejo de las miles de mujeres reales que han sostenido y continúan sosteniendo la vida en esta tierra dura.
El matriarcado práctico que se muestra en la película es una realidad palpable en La Mancha. Son las mujeres quienes guardan la memoria familiar, administran la economía doméstica y constituyen el centro gravitacional de la comunidad. Su fortaleza no es ruidosa ni fingida; es una resiliencia serena, forjada a lo largo de generaciones de trabajo, pérdidas y una inquebrantable capacidad para salir adelante. Se expresa en su pragmatismo ante la muerte, en su red de solidaridad femenina (el «qué dirán» funciona como un control social, pero la ayuda mutua entre vecinas es ley), y en su humor socarrón, capaz de hallar luz incluso en las situaciones más oscuras.
Al recorrer Almagro o cualquier otro pueblo de la zona, es fácil encontrar a estas mujeres. Están sentadas al fresco en las puertas de sus casas al atardecer, compartiendo confidencias. Están en el mercado, eligiendo los mejores productos con sabiduría ancestral. Están en el cementerio, cuidando de sus muertos como si aún estuvieran vivos. Observarlas, escuchar sus conversaciones, sentir su energía, es la lección más importante de este viaje. Es comprender que la fuerza de Raimunda para arrastrar un congelador con un cadáver dentro no es una hipérbole cinematográfica, sino una metáfora de la capacidad infinita de estas mujeres para cargar con el peso del mundo y seguir adelante. Este viaje, por tanto, se convierte en un homenaje a todas ellas, las anónimas protagonistas de la vida real que inspiraron una de las historias más bellas del cine contemporáneo.
Conclusión: El Viento que Nos Llama a Volver
Finalizar este recorrido por la Mancha de «Volver» es como despertar de un sueño intenso y vívido. Los colores, sonidos y sabores de esta tierra quedan grabados en la memoria mucho después de haber dejado atrás sus infinitas llanuras. No fue un simple tour por localizaciones de cine, sino una inmersión en la geografía sentimental de uno de los creadores más geniales de nuestro tiempo. Caminamos por las mismas calles que sus personajes, sentimos el mismo viento que trastornó sus almas y vislumbramos el origen de su universo estético y narrativo.
Descubrimos que la Plaza Mayor de Almagro es aún más teatral en la vida real, que el silencio del cementerio de Granátula habla más fuerte que mil palabras, y que el rojo de la tierra volcánica es el pigmento con el que se escribe la historia de esta comarca. Pero, sobre todo, aprendimos que La Mancha es mucho más que un paisaje. Es un estado de ánimo, una manera de entender la vida y la muerte, un lugar donde los secretos se guardan con llave pero donde la solidaridad siempre encuentra una grieta por la que colarse. El viaje nos enseñó que la palabra «volver» tiene un significado profundo y universal: es regresar a las raíces, a la memoria de quienes nos precedieron, al lugar donde nuestro corazón se siente en casa. Almodóvar volvió a su tierra para crear su obra más personal y, al hacerlo, nos invitó a todos a encontrar ese lugar al que siempre necesitamos regresar. Y mientras el viento solano siga soplando sobre estos campos, su llamada resonará en nosotros, susurrándonos al oído la promesa de un eterno retorno.

