En un rincón remoto del Océano Índico, donde las corrientes del monzón susurran leyendas antiguas y el tiempo parece haberse detenido en un ámbar geológico, yace un archipiélago que desafía la imaginación. Este es Socotra, una isla que no pertenece del todo a nuestro mundo, sino más bien a un sueño febril de la naturaleza, un laboratorio evolutivo donde la vida ha tomado formas tan extrañas y maravillosas que parecen arrancadas de las páginas de una novela de ciencia ficción o de un bestiario mitológico. Perteneciente a Yemen, pero cultural y biológicamente un universo en sí mismo, Socotra es mucho más que un destino de viaje; es una peregrinación a los orígenes de la extrañeza, un santuario de lo bizarro y lo sublime. Olvídense de los mapas convencionales y de las expectativas terrenales. Aquí, los árboles sangran resina carmesí, los desiertos florecen con rosas de piedra y los paisajes evocan la melancolía de un planeta abandonado. Para el viajero que busca no solo ver, sino sentir el pulso de un mundo diferente, para el alma creativa que anhela la inspiración en su forma más pura y alienígena, Socotra es el destino final, el lugar sagrado donde la realidad supera con creces a la fantasía. Es un testamento viviente de la resiliencia y la creatividad sin límites de la evolución, un eco de la prehistoria en nuestra era moderna. Adentrarse en Socotra es como abrir un libro prohibido cuyo lenguaje es el viento, cuyas palabras son las siluetas de árboles imposibles contra un cielo de zafiro. Es una invitación a perderse para, finalmente, encontrarse en la inmensidad de lo verdaderamente único.
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El Archipiélago Olvidado por el Tiempo

La magia de Socotra no es una ilusión. No se trata de un escenario creado para maravillar, sino del resultado de un proceso geológico tan antiguo y profundo como los mismos continentes. Para comprender la isla, primero hay que entender su aislamiento. Socotra no es una isla volcánica nacida del fuego, sino un fragmento continental, un trozo del supercontinente Gondwana que se desprendió de África hace millones de años y emprendió un viaje solitario a la deriva. Este aislamiento, una condena para algunos, fue la bendición de Socotra. Protegida por vastas extensiones oceánicas y su propio clima riguroso, la vida aquí siguió un camino evolutivo completamente distinto al del resto del planeta. Es una cápsula del tiempo biológica, un arca a la deriva donde especies desaparecidas en otros lugares encontraron un último refugio, y donde nuevas formas de vida, audaces y extrañas, surgieron para ocupar cada nicho ecológico.
Un Legado de Aislamiento Geológico
Pasear por Socotra es sentir el peso de eones bajo tus pies. Las montañas de granito de Hajhir, que se alzan como una espina dorsal afilada en el centro de la isla, son los huesos primordiales de aquella antigua masa terrestre. El paisaje habla un lenguaje de tiempo profundo: mesetas de piedra caliza erosionadas por vientos constantes, cañones profundos tallados por lluvias torrenciales estacionales y costas dramáticas golpeadas por el Índico. Este aislamiento no solo ha conservado la flora y la fauna, sino también una atmósfera especial. Hay una quietud en Socotra, una sensación de permanencia que contrasta con el ritmo frenético del mundo moderno. Es como si la isla entera respirara a un ritmo más pausado, el ritmo de la geología. La sensación de ser un intruso en un reino antiguo es palpable, una humildad que invade al contemplar un árbol cuya estirpe es más antigua que muchas civilizaciones humanas. Esto no es un parque temático natural; es un documento vivo de la historia de la Tierra, y nosotros apenas somos lectores privilegiados de sus páginas más extrañas.
El Espíritu de la Isla: Mitos y Leyendas
Donde la ciencia observa evolución, la imaginación humana percibe magia, y Socotra ha sido un lienzo para mitos durante milenios. Los marineros de la antigüedad, que navegaban estas aguas en busca de las resinas preciosas de la isla, hablaban de ella con mezcla de temor y reverencia. Se decía que estaba protegida por genios y serpientes gigantes. El nombre de Socotra suele vincularse con el sánscrito «Dvipa Sukhadara», que significa «isla de la felicidad», un paraíso perdido. Sin embargo, fueron sus tesoros botánicos los que aseguraron su lugar en la historia y la leyenda. El incienso, la mirra y, sobre todo, la resina carmesí del Árbol de la Sangre de Dragón, eran bienes más valiosos que el oro. Esta resina, conocida como cinabrio en la antigüedad, se usaba como pigmento, medicina y barniz para los violines Stradivarius. Las leyendas contaban que esta resina era la sangre real de un dragón, derramada en una batalla épica con un elefante. Se creía que el ave Fénix anidaba en las ramas de estos árboles, renaciendo de sus cenizas en este remoto santuario. Estos relatos no son meras curiosidades; forman parte del alma de la isla, un aura de misterio que impregna el aire y transforma una simple visita en una expedición a un reino fantástico.
Flora de Otro Mundo: Los Protagonistas de Socotra
Si Socotra fuera un teatro, su flora sería el elenco principal, una compañía de personajes tan excéntricos y fascinantes que parecen obra de un director de cine surrealista. Más de un tercio de las aproximadamente 900 especies de plantas de la isla son endémicas, es decir, no se encuentran en ningún otro lugar del planeta. No se trata solo de flores singulares o arbustos inusuales; son formas de vida que redefinen lo que un árbol o una planta puede ser. Son esculturas vivientes, monumentos a la adaptación que han aprendido a prosperar en un entorno de calor extremo, sequía y vientos implacables. Contemplar estas plantas no es una experiencia botánica pasiva; es un diálogo silencioso con seres que han perfeccionado el arte de la supervivencia de manera espectacularmente bella y extraña.
El Árbol de la Sangre de Dragón: El Símbolo Inmortal de Socotra
No se puede hablar de Socotra sin rendir tributo a su indiscutible monarca: el Árbol de la Sangre de Dragón (Dracaena cinnabari). Ver uno por primera vez es una vivencia que queda grabada en la memoria. No se parece a ningún otro árbol. Su tronco, grueso y arrugado como la piel de un reptil antiguo, se eleva y luego se ramifica en un patrón geométrico perfecto, formando una corona densa y abovedada que recuerda a un paraguas gigante invertido o a un hongo monumental. Esta forma única no es un capricho estético, sino una obra maestra de la ingeniería evolutiva. La densa copa está diseñada para atrapar la humedad de las nieblas que recorren las tierras altas, canalizando cada gota de agua hacia sus raíces. Además, proporciona sombra vital para sus plántulas, asegurando la supervivencia de la siguiente generación. Estar en un bosque de estos árboles, como los que se encuentran en la meseta de Dixam o el bosque de Firmhin, es como viajar a otro planeta. La luz que filtra entre las copas crea patrones extraños en el suelo, el viento produce un susurro seco al rozar sus hojas coriáceas, y el silencio es tan profundo que casi se puede escuchar el latido del tiempo. Y luego está su secreto: la sangre. Al hacer una incisión en la corteza, el árbol exuda lentamente una resina roja intensa, casi sangrienta. Esta sustancia, que le da nombre, es un mecanismo de defensa, un antiséptico natural que sella sus heridas. Para los socotríes, ha sido una farmacia y fuente de ingresos durante siglos, un regalo sagrado del espíritu de la isla.
El Árbol Botella y el Pepino Arbóreo: Esculturas Vivientes del Desierto
Si el Árbol de la Sangre de Dragón es el rey, el Árbol Botella (Adenium obesum socotranum) es el bufón encantador y surrealista de la corte. Conocido localmente como la Rosa del Desierto, este árbol parece una caricatura, un personaje sacado de un cuento de hadas botánico. Su rasgo más llamativo es su tronco desproporcionadamente grueso e hinchado, que puede alcanzar grandes diámetros, dándole la apariencia de una botella o de un pequeño baobab. Este tronco, llamado caudex, es en realidad un sofisticado tanque de agua que le permite sobrevivir a las largas y duras estaciones secas. Aferrados a las laderas rocosas y acantilados, a menudo en posiciones que desafían la gravedad, estos árboles parecen esculturas abstractas plantadas en el paisaje. Y en la cima de esta extraña forma, durante la primavera, brotan delicadas flores de un rosa intenso, un estallido de belleza frágil en un entorno implacable. El contraste entre el tronco grotesco y las flores delicadas es la esencia misma de Socotra: belleza que nace en la adversidad. Junto a él, a menudo rivalizando en rareza, se encuentra el Árbol del Pepino (Dendrosicyos socotrana). Es una anomalía biológica, el único miembro de la familia de las cucurbitáceas (a la que pertenecen pepinos, melones y calabazas) que ha evolucionado hasta convertirse en un árbol. Su tronco es pálido, bulboso y fibroso, y sus ramas escasas sostienen grandes hojas arrugadas. Su apariencia es prehistórica, casi cómica, como si un pepino gigante hubiera decidido echar raíces y crecer hacia el cielo. Verlo recuerda que en Socotra, las reglas habituales de la botánica simplemente no aplican.
Otros Habitantes Botánicos Extraordinarios
La lista de maravillas botánicas de Socotra parece interminable, y cada especie cuenta una historia de adaptación y supervivencia. El granadillo de Socotra (Punica protopunica), pariente silvestre de la granada, es uno de los pocos en su género en el mundo. Los árboles de incienso (Boswellia spp.) crecen en condiciones extremadamente inhóspitas, pareciendo a menudo arbustos secos y desolados hasta que, al cortar su corteza, liberan la fragancia aromática que ha impulsado economías e inspirado rituales durante milenios. Tal vez una de las plantas más sorprendentes sea la higuera de Socotra (Dorstenia gigas), que no se parece en nada a una higuera. Crece directamente sobre las rocas, con un tronco hinchado y casi sin ramas, semejando más un coral terrestre que una planta. Su capacidad para prosperar con casi nada de suelo es un testimonio de la tenacidad de la vida en la isla. Cada valle, meseta y ladera de Socotra es un jardín botánico repleto de rarezas, un tesoro de biodiversidad que sigue asombrando a científicos y cautivando a viajeros. Es un ecosistema tan único y frágil que recorrerlo se siente como un inmenso privilegio y una gran responsabilidad.
Fauna Singular: Los Guardianes Secretos del Archipiélago

Aunque la flora acapara la mayor parte de la atención, la fauna de Socotra es igualmente singular, aunque más discreta y evasiva. La misma historia de aislamiento que moldeó sus plantas también determinó qué animales pudieron prosperar en la isla. No existen mamíferos terrestres nativos, salvo varias especies de murciélagos que lograron volar hasta allí. Esta carencia de grandes depredadores facilitó que otros grupos, como reptiles y aves, evolucionaran en formas únicas y a menudo notablemente audaces.
El Reino de las Aves y los Reptiles
Para los aficionados a las aves, Socotra es un verdadero paraíso. La isla alberga varias especies endémicas que no se encuentran en ningún otro lugar. El estornino de Socotra, con su plumaje oscuro y brillante; el gorrión de Socotra; el cistícola de Socotra; y el elegante nectarínido de Socotra, son solo algunos de los tesoros alados que se pueden observar. La isla también sirve de refugio a especies amenazadas mundialmente, como una importante población de alimoche común y el majestuoso buitre egipcio. Al no existir depredadores terrestres, muchas de estas aves muestran una sorprendente confianza, lo que permite a los observadores acercarse y admirarlas fácilmente. El mundo de los reptiles es igualmente fascinante. La isla está llena de gecos, eslizones y camaleones endémicos, cada uno adaptado a un microhábitat particular. El camaleón de Socotra, por ejemplo, es uno de los más grandes de su especie. Estos pequeños reptiles son los verdaderos guardianes de los ecosistemas insulares, controlando las poblaciones de insectos y desempeñando un papel crucial en la cadena alimentaria. Su presencia silenciosa y vigilante añade una capa extra de misterio al ya enigmático paisaje.
Un Mundo Submarino Virgen
La singularidad de Socotra no termina en sus costas. Las aguas que rodean el archipiélago son un punto de encuentro de diversas corrientes oceánicas, generando un ecosistema marino de asombrosa diversidad. Los arrecifes de coral, aunque afectados por el cambio climático global, todavía albergan una increíble variedad de vida marina. Se pueden hallar más de 250 especies de corales formadores de arrecifes, 730 especies de peces costeros y 300 especies de cangrejos, langostas y camarones. Bucear o hacer snorkel en lugares como el Área Marina Protegida de Dihamri es sumergirse en un acuario natural. Es habitual nadar junto a tortugas marinas, ser acompañado por grupos de delfines juguetones y maravillarse con los vibrantes colores de los peces de arrecife. Las aguas de Socotra recuerdan que la isla es la cima de una montaña submarina, un mundo completo tanto por encima como por debajo de las olas. Este santuario marino es tan vital y frágil como los bosques de Sangre de Dragón en las montañas, y su conservación es igualmente esencial.
Planificando Tu Expedición al Planeta Socotra
Un viaje a Socotra no es una escapada de fin de semana improvisada, sino una verdadera expedición que exige planificación meticulosa, paciencia y una mentalidad aventurera. La ubicación remota de la isla y la compleja situación política en Yemen continental convierten la logística en el mayor desafío. Sin embargo, para quienes estén decididos a descubrir sus maravillas, la recompensa es inmensa. La clave del éxito está en comprender que Socotra se rige por sus propias normas y su propio ritmo.
¿Cuándo y Cómo Llegar? La Puerta hacia lo Desconocido
La pregunta más importante para cualquier visitante potencial es cómo llegar. Debido a la inestabilidad en Yemen, las rutas tradicionales no son viables. Actualmente, la única vía segura y confiable es mediante un vuelo chárter semanal desde Abu Dhabi, en los Emiratos Árabes Unidos. Estos vuelos no aparecen en los sistemas de reserva comerciales y deben organizarse a través de una de las pocas agencias de viajes especializadas y autorizadas que operan en la isla. Es fundamental no intentar viajar por cuenta propia. Contratar un tour completo que incluya vuelos, visados, permisos, alojamiento, transporte y guías no es una opción, sino una necesidad. Estas agencias locales constituyen el puente indispensable entre el mundo exterior y Socotra. El mejor periodo para visitar la isla es durante los meses más tranquilos, desde finales de septiembre hasta principios de mayo. Durante esta época, el clima es más seco y suave, y el mar está calmado, facilitando el acceso a todos los rincones de la isla y a las actividades acuáticas. De junio a septiembre, la isla se ve afectada por fuertes vientos monzónicos, que hacen que el viaje sea muy difícil y a menudo imposible.
Navegando la Isla: Alojamiento y Logística
Una vez en Socotra, es necesario ajustar las expectativas respecto a la comodidad. La infraestructura turística es muy limitada, lo que forma parte de su encanto y es un factor clave para su conservación. No esperen hallar hoteles de lujo ni resorts. El alojamiento se basa principalmente en hoteles modestos en la capital, Hadibu, y, sobre todo, en campamentos ecológicos situados en los lugares más espectaculares de la isla. Acampar bajo un cielo estrellado en una playa virgen o cerca de un bosque de Sangre de Dragón es una parte esencial de la experiencia socotrí. Los tours siempre incluyen un vehículo 4×4, generalmente un Toyota Land Cruiser, indispensable para recorrer las escarpadas y muchas veces inexistentes carreteras de la isla. Viajarán acompañados en todo momento por un conductor y un guía local. Estos guías no solo son traductores o chóferes, sino guardianes del conocimiento del territorio. Conocen cada planta, cada leyenda y cada sendero. Escuchar sus relatos y ver la isla a través de sus ojos es una de las experiencias más enriquecedoras del viaje.
Un Viaje Responsable: Protegiendo el Paraíso
Visitar un ecosistema tan singular y frágil implica una gran responsabilidad. Socotra es un Tesoro de la Humanidad, y cada visitante tiene el compromiso de ayudar a preservarlo. El principio básico es «no dejar rastro». Todo lo que se lleva a la isla, especialmente los residuos, debe ser recogido y eliminado adecuadamente. Es vital no tocar ni dañar la flora ni la fauna. No se debe arrancar ninguna planta ni recolectar conchas, corales u otros elementos naturales. El respeto por la cultura local es igualmente esencial. La sociedad socotrí es conservadora y tradicional. Se recomienda vestir con modestia, especialmente las mujeres, cubriendo hombros y rodillas. Pedir permiso antes de fotografiar a las personas es un acto básico de respeto. Apoyar la economía local contratando guías de la isla, comprando artesanías locales y alojándose en establecimientos de propiedad local es la mejor manera de asegurar que el turismo beneficie directamente a la comunidad que cuida este paraíso. Un viaje a Socotra debe ser un intercambio, no una mera transacción: ofrecemos nuestro respeto y apoyo, y a cambio, la isla nos regala sus maravillas.
Paisajes que Roban el Aliento: Itinerario por lo Imposible

Un viaje por Socotra es una sucesión de postales de otro mundo. Cada día descubre un paisaje nuevo y aún más impresionante que el anterior, un festín visual que agota los adjetivos. Desde dunas de arena que caen al mar hasta cañones escondidos con pozas de agua dulce, la diversidad geográfica de la isla es tan sorprendente como su biodiversidad.
Las Dunas de Arena de Arher: Gigantes Blancos junto al Mar
En la costa noreste de la isla se encuentra uno de los paisajes más fotogénicos de Socotra: las dunas de Arher. Aquí, enormes dunas de arena blanca como el azúcar, moldeadas por el viento monzónico, se han acumulado al pie de los acantilados de granito. El contraste es impresionante: la arena blanca inmaculada, las rocas oscuras, el azul turquesa del Océano Índico y, frecuentemente, un arroyo de agua dulce que surge de la montaña y serpentea por la arena hasta encontrarse con el mar. Subir a la cima de una de estas dunas al amanecer o al atardecer es una experiencia casi mística. La vista panorámica de la costa y la sensación de la arena fina bajo los pies, acompañada del sonido de las olas de fondo, crea un momento de paz y asombro absoluto. Es un lugar que hace sentir increíblemente pequeño y, a la vez, profundamente conectado con la belleza elemental del planeta.
La Meseta de Dixam y el Bosque de Firmhin: El Santuario de la Sangre de Dragón
El corazón de Socotra late en sus tierras altas, en la meseta de Dixam. Este es el principal hábitat del Árbol de la Sangre de Dragón. Conducir por esta meseta es como entrar en una pintura surrealista. El paisaje rocoso y árido está salpicado por las siluetas icónicas de estos árboles milenarios. El punto culminante es el mirador de Shebahon, que ofrece una vista vertiginosa del cañón de Dirhur. Desde ahí se puede contemplar la inmensidad del cañón y, en sus laderas y en la distancia, el bosque de Firmhin, la mayor y más densa concentración de árboles de Sangre de Dragón en el mundo. La imagen de miles de estas copas en forma de paraguas extendiéndose hasta donde alcanza la vista es el emblema de Socotra, un espectáculo que justifica por sí solo el largo viaje hasta este lugar. Es un paisaje que parece susurrar historias de un tiempo anterior a la humanidad.
El Cañón de Wadi Dirhur y las Piscinas Naturales
Descendiendo desde la meseta de Dixam se encuentra el cañón de Wadi Dirhur, un oasis de vida que contrasta vivamente con la aridez de las tierras altas. Un río estacional ha tallado este profundo barranco en la piedra caliza, creando un paraíso escondido. El fondo del cañón está adornado con palmeras datileras y vegetación exuberante. Pero la verdadera joya son sus piscinas naturales. El agua de lluvia, filtrada a través de la roca, se acumula en pozas de un verde esmeralda de una claridad impresionante. Nadar en estas aguas frescas y cristalinas, rodeado por las imponentes paredes del cañón y bajo la sombra de las palmeras, es una experiencia revitalizante. Es un recordatorio de cómo el agua da forma a la vida incluso en los entornos más secos, creando santuarios de serenidad y belleza inesperada.
La Cueva de Hoq: Un Viaje al Corazón de la Tierra
La geología de Socotra no es solo espectacular en su superficie. En las entrañas de la isla se oculta otro mundo: la cueva de Hoq. Ubicada en la costa noreste, llegar a ella requiere una caminata de una o dos horas por una ladera empinada, pero el esfuerzo es ampliamente recompensado. La entrada de la cueva es una boca gigantesca que da acceso a un sistema de cavernas de más de tres kilómetros de profundidad. En su interior, un universo de estalactitas, estalagmitas y otras formaciones calcáreas de tamaño colosal crea una catedral subterránea. El silencio es absoluto, roto solo por el goteo ocasional de agua que ha esculpido este lugar durante milenios. La cueva no es solo una maravilla geológica; también es un tesoro arqueológico. Se han encontrado inscripciones y tablillas de madera en varios idiomas antiguos, dejadas por marineros que visitaron la isla hace casi dos mil años, lo que demuestra la importancia de Socotra en las antiguas rutas comerciales.
Las Playas de Qalansiya y la Laguna de Detwah: Un Espejismo Turquesa
En el extremo occidental de la isla se encuentra lo que muchos consideran la joya de la corona de la costa de Socotra: el pueblo pesquero de Qalansiya y la laguna adyacente de Detwah. La playa de Qalansiya es una extensión de arena blanca y fina que se extiende por kilómetros, bañada por aguas de un turquesa casi irreal. Desde aquí, se puede tomar un barco para visitar la playa de Shoab, a menudo llamada «la playa virgen», un paraíso aislado al que solo se puede acceder por mar. La laguna de Detwah, por su parte, es un paisaje de ensueño. Protegida por una lengua de arena que se adentra en el mar, forma una vasta piscina natural de aguas poco profundas y cristalinas. El paisaje cambia constantemente con las mareas, revelando bancos de arena blanca y una rica vida marina, como rayas y pulpos. Contemplar la puesta de sol sobre la laguna, con las montañas escarpadas como telón de fondo, es una de las experiencias más mágicas que Socotra puede ofrecer. Es la imagen perfecta de un paraíso terrenal.
La Cultura Socotrí: El Alma de la Isla
Tan singular como su flora y fauna es la gente de Socotra. Los socotríes son los auténticos guardianes de la isla, un pueblo cuya cultura y estilo de vida han sido moldeados por el aislamiento que también dio forma a su entorno. Poseen una identidad única, un idioma propio y una conexión espiritual profunda con su tierra. Conocer su cultura no es un complemento del viaje, sino una parte esencial para entender el verdadero espíritu del archipiélago.
Un Idioma y un Legado Únicos
El alma de la cultura socotrí se encuentra en su idioma, el soqotri. No es un dialecto del árabe, sino una lengua semítica del sur completamente distinta, con raíces antiquísimas que se remontan a miles de años. Durante la mayor parte de su historia, fue una lengua exclusivamente oral, transmitida de generación en generación mediante la poesía y las canciones. Solo en tiempos recientes los lingüistas han desarrollado un sistema de escritura para ella. Escuchar el soqotri es como oír un eco del pasado, una lengua que conserva en sus sonidos la historia de la isla. Los socotríes son un pueblo de una resiliencia extraordinaria. Han vivido en armonía con un entorno a menudo hostil, cultivando un conocimiento profundo sobre las propiedades medicinales de las plantas locales y los patrones climáticos. Su legado es una historia de autosuficiencia y adaptación.
Tradiciones y Vida Cotidiana
La vida tradicional en Socotra se centra en el pastoreo de cabras y ovejas, la pesca y el cultivo de palmeras datileras. En las montañas, las comunidades habitan pequeñas aldeas de piedra, mientras que en la costa, los pueblos pesqueros se llenan de actividad al amanecer y al atardecer. La hospitalidad es un pilar fundamental de su cultura. A pesar de una vida sencilla, los socotríes son increíblemente acogedores y generosos con los visitantes. Compartir una taza de té con leche de cabra en la casa de una familia local o ser invitado a una comida sencilla de pescado fresco con arroz es una oportunidad para conectar con la isla a un nivel humano profundo. La poesía es otra parte esencial de su identidad. Los socotríes son poetas innatos, y emplean la poesía para todo: para cortejar, resolver disputas, contar historias y expresar su amor por la tierra. Sus versos, a menudo improvisados, son una ventana a su visión del mundo, una visión repleta de belleza, sabiduría y un profundo respeto hacia la naturaleza.
Epílogo: El Eco de un Mundo Perdido

Dejar Socotra es como despertar de un sueño intenso y extraordinario. Volver al mundo habitual resulta discordante, los colores parecen menos vivos, las formas menos impactantes. La isla imprime una huella imborrable en el alma, un eco de su silencio, su belleza singular y su poder ancestral. Un viaje a Socotra va mucho más allá de unas vacaciones de aventura; es una lección de humildad, un recordatorio de la asombrosa diversidad de la vida en nuestro planeta y de la fragilidad de estos tesoros únicos. Es una peregrinación a un santuario natural que nos invita a replantear nuestro lugar en el mundo. La isla no solo revela lo que la naturaleza puede crear cuando se la deja en paz, sino que también nos alerta sobre lo mucho que podemos perder. Proteger Socotra no es solo una cuestión de conservación; es preservar la imaginación de la Tierra, salvaguardar uno de los últimos capítulos verdaderamente mágicos en la historia de la vida. Quienes tienen el privilegio de recorrer sus senderos se convierten en sus embajadores, portadores de la historia de un planeta perdido que, afortunadamente para nosotros, aún existe en el corazón de Yemen.

