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Tras los Pasos de Murasaki Shikibu: Un Viaje Rítmico al Corazón del Genji Monogatari

En el corazón de la historia literaria de Japón, en un tiempo de exquisita belleza y profunda melancolía, una mujer tomó su pincel y tinta para crear un universo. Su nombre era Murasaki Shikibu, y su obra, el «Genji Monogatari» o «La Novela de Genji», no solo se convertiría en la piedra angular de la literatura japonesa, sino que sería aclamada como la primera novela del mundo. Más de mil años después, las páginas de su relato continúan susurrando historias de amor, pérdida y la efímera belleza de la existencia. Este no es solo un viaje a través de un libro; es una peregrinación a los paisajes físicos y emocionales que dieron forma a su genio. Caminaremos por los mismos senderos de Kioto, sentiremos la brisa del lago Biwa que avivó su inspiración y nos perderemos en la neblina melancólica de Uji, donde los destinos de sus personajes quedaron sellados. Este es un viaje fotográfico y espiritual, una inmersión en el ritmo de la era Heian, siguiendo el rastro de tinta de una mujer que definió el alma de una nación. Acompáñame a desentrañar el mapa de su vida y su obra, un mapa trazado no solo con lugares, sino con sentimientos, colores y la sutil estética del «mono no aware», la agridulce conciencia de la impermanencia de las cosas.

Para descubrir cómo otros autores han capturado la esencia de una ciudad en sus obras, explora este viaje literario por el Pekín de Lao She.

目次

Kioto, el Escenario Imperial de la Púrpura

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Kioto, antiguamente conocida como Heian-kyō, fue la capital imperial de Japón por más de mil años y el núcleo del mundo en el que vivió Murasaki Shikibu. Aquí, dentro de los muros de palacios y residencias aristocráticas, se desplegó el drama de la corte Heian, un microcosmos de intrigas políticas, alianzas matrimoniales, rivalidades poéticas y romances prohibidos. Para entender a Murasaki y a su radiante príncipe Genji, es fundamental recorrer esta ciudad, sentir la geometría de sus calles y el peso de su historia. Aunque gran parte de la Heian-kyō original ha desaparecido, su espíritu se mantiene vivo en los templos, los jardines y, sobre todo, en el ambiente. Es una atmósfera de elegancia contenida, una belleza que no clama sino que susurra a través de la madera envejecida, la grava rastrillada y el musgo que cubre las piedras. Es el lienzo sobre el cual se pintó el «Genji Monogatari».

Palacio Imperial de Kioto: Ecos de la Corte de Genji

Al atravesar las majestuosas puertas del Parque Nacional Kyoto Gyoen y acercarse al Palacio Imperial de Kioto, uno siente que ha sido transportado a otra época. Aunque el edificio actual es una reconstrucción del siglo XIX, su diseño sigue fiel a los principios arquitectónicos de la era Heian. El vasto patio de grava blanca (el «dantei») frente al Salón Shishinden, el espacio principal para ceremonias de estado, resulta imponente. Bajo el sol brillante, la grava deslumbra, obligándote a entrecerrar los ojos, y es posible imaginar a los cortesanos con sus coloridos atuendos de seda deslizándose por este espacio abierto, con sus pasos apenas audibles. Este no era solo un lugar de poder, sino también un escenario. Aquí, Genji habría danzado la «Olas Azules del Mar», cautivando a toda la corte. Aquí, Murasaki Shikibu, dama de compañía de la emperatriz Shoshi, habría observado en silencio, absorbiendo cada detalle, cada gesto, cada palabra no dicha que luego transformaría en literatura inmortal.

La atmósfera es de una grandeza formal y serena. Los edificios, con techos de corteza de ciprés y líneas limpias y horizontales, parecen flotar sobre la grava. El silencio es profundo, roto solo por el graznido de algún cuervo o el crujir de tus propios pies. Para quienes la visitan por primera vez, es importante entender que no se puede entrar en los edificios, aunque las visitas guiadas (que deben reservarse con anticipación a través de la Agencia de la Casa Imperial) ofrecen una mirada fascinante a la vida en la corte. Desde una perspectiva fotográfica, el reto y la recompensa están en capturar la escala y la simplicidad: los patrones de la grava, el contraste entre la madera oscura de los pilares y el blanco del papel de las puertas correderas, y cómo la luz del sol proyecta sombras largas y nítidas a lo largo del día. Es un lugar para practicar la paciencia, para esperar el instante en que la luz revele el alma del lugar. La mejor época para visitarlo es en primavera, cuando los cerezos llorones florecen en cascadas rosadas, o en otoño, cuando los arces tiñen los bordes del parque con tonos de fuego.

Templo Rozan-ji: El Hogar de la Escritora

A pocos pasos al este del Palacio Imperial, en una calle tranquila, se encuentra un pequeño templo que quizás es el rincón más íntimo y personal de esta peregrinación: el Templo Rozan-ji. Según la tradición, aquí estuvo la residencia del bisabuelo de Murasaki Shikibu, donde ella nació, se casó, dio a luz a su hija y, lo más importante, se cree que fue el lugar donde escribió gran parte de «La Novela de Genji». Entrar en Rozan-ji es abandonar la grandiosidad imperial y adentrarse en un espacio de contemplación y creatividad. El templo es modesto, pero su atmósfera está cargada de significado literario. El aire huele a incienso añejo y a tierra húmeda.

El punto culminante es el Jardín Genji (Genji no Niwa). Se trata de un pequeño jardín de musgo y arena blanca, salpicado de campanillas chinas (kikyo) de un vibrante color púrpura. El color no es casualidad. «Murasaki» significa púrpura en japonés, color asociado con la flor de glicina y, por extensión, con el clan Fujiwara, la familia más poderosa de la época y mecenas de Shikibu. Las campanillas, que florecen en verano, son un homenaje directo a ella. Sentarse en la veranda de madera que da al jardín, mirando el musgo que parece una alfombra de terciopelo y las flores púrpuras meciéndose con la brisa, es una experiencia profundamente conmovedora. Aquí, en este mismo lugar, una mujer observó el cambio de las estaciones mientras tejía las complejas vidas de sus personajes. El jardín es una metáfora viva de su obra: una belleza contenida, llena de simbolismo y con una corriente subterránea de melancolía. Es fácil imaginarla aquí, con el pincel en mano y la luz de una lámpara de aceite parpadeando, dando vida al Príncipe Genji y a las mujeres que amó y perdió. Para el visitante, es un recordatorio de que las grandes obras de arte a menudo nacen no en la grandiosidad, sino en la quietud de un espacio personal.

Ishiyama-dera, la Cuna de la Inspiración Divina

Dejamos atrás la capital y nos dirigimos hacia el sur, a la prefectura de Shiga, en las orillas del majestuoso Lago Biwa. Allí, situado sobre una enorme formación de wollastonita, se encuentra el Templo Ishiyama-dera, un lugar de belleza natural y espiritual impactante. Su nombre significa «Templo de la Montaña de Piedra», y resulta evidente por qué. El complejo se extiende por la ladera de la colina, con senderos serpenteantes que se abren paso entre antiguas rocas, árboles centenarios y salones de madera que parecen emerger orgánicamente del paisaje. Ishiyama-dera ha sido un lugar sagrado por siglos, atrayendo a peregrinos, poetas y artistas. Sin embargo, para los amantes de la literatura, su renombre radica en una leyenda fundamental.

Se dice que en el año 1004, Murasaki Shikibu se retiró a este templo por orden de la Emperatriz Shoshi para escribir una nueva historia. Una noche de agosto, mientras contemplaba la luna llena reflejada perfectamente en la superficie tranquila del Lago Biwa, la inspiración la alcanzó como un rayo. La imagen de un príncipe radiante y exiliado, mirando la misma luna desde la solitaria costa de Suma, apareció en su mente. Fue en ese momento, en esa comunión mística entre la naturaleza y la imaginación, cuando nació el primer capítulo de «La Novela de Genji».

La Sala Genji: Donde Nació una Obra Maestra

Dentro del salón principal (Hondo) de Ishiyama-dera, declarado Tesoro Nacional, hay una pequeña habitación en una esquina conocida como la Sala Genji (Genji-no-ma). Aquí es donde, según la leyenda, Murasaki Shikibu escribió esas primeras líneas. El espacio es pequeño, oscuro e íntimo. Una figura de cera a tamaño real de la escritora se sienta frente a un escritorio bajo, con el pincel en mano, como si estuviese congelada en el acto creativo. La luz se filtra a través de las celosías de madera, iluminando motas de polvo que bailan en el aire. La atmósfera es casi sagrada. Se percibe una poderosa energía creativa, la resonancia de un momento que transformó la historia de la literatura. Estar de pie en este umbral provoca un escalofrío, una conexión directa a través de los siglos con el nacimiento de una obra maestra. Casi se puede oír el susurro de la seda de su kimono y el suave raspar del pincel sobre el papel.

Pero Ishiyama-dera ofrece mucho más que esta sala. Explorar el resto del complejo es toda una aventura. El Tahoto, una pagoda de dos pisos de exquisita belleza, es uno de los mejores ejemplos de su tipo en Japón. Los senderos atraviesan bosques de ciruelos y arces, pasando por estatuas cubiertas de musgo y pequeños santuarios. La vista desde el Tsukimi-dai, la plataforma para contemplar la luna, es espectacular, ofreciendo una panorámica del río Seta que fluye desde el lago. Para la fotografía, el templo es un festín de texturas y composiciones: la rugosidad de la roca natural frente a la suavidad de la madera pulida, el verde intenso del musgo, los vibrantes colores de las hojas en otoño y las flores en primavera. Es un lugar para recorrer sin prisa, dejando que la belleza del entorno se filtre lentamente.

Un Paisaje que Susurra Poesía

La relación de Ishiyama-dera con el arte va más allá de Murasaki Shikibu. El poeta de haiku Matsuo Basho vivió aquí durante un tiempo, y muchos otros escritores han buscado inspiración en su sereno entorno. El paisaje parece impregnado de poesía. El sonido del agua, el canto de las cigarras en verano, el aroma de las flores de ciruelo en febrero; todo contribuye a una experiencia sensorial que estimula la creatividad. Para llegar desde Kioto, se puede tomar la línea JR Tokaido hasta la estación de Ishiyama y luego un corto trayecto en la línea Keihan Ishiyama Sakamoto hasta Keihan Ishiyama-dera. Desde allí, es un agradable paseo de diez minutos. Se recomienda dedicar al menos medio día para explorar el templo sin prisa. La visita resulta especialmente mágica durante los eventos de iluminación nocturna en otoño, cuando los colores de los arces se vuelven incandescentes bajo las luces, creando una atmósfera casi de otro mundo, un eco perfecto del universo onírico que Murasaki Shikibu imaginó.

Uji, el Acto Final de un Amor Melancólico

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Nuestro viaje nos conduce ahora al sur de Kioto, a la pequeña y encantadora ciudad de Uji. Famosa por su té verde de calidad superior, Uji también es el escenario de los últimos diez capítulos de «La Novela de Genji». Estos capítulos, conocidos como los «Capítulos de Uji», representan un cambio significativo en el tono de la obra. Tras la muerte del Príncipe Genji, la historia se torna más oscura, introspectiva y profundamente melancólica. Se centra en las complejas relaciones de sus descendientes, Kaoru (considerado hijo ilegítimo de la esposa de Genji) y Niou, un príncipe imperial, y su trágico enredo amoroso con tres hermanas que viven en un exilio voluntario en Uji. La ciudad, con su río caudaloso y su atmósfera frecuentemente neblinosa, ofrece el marco perfecto para este drama psicológico.

El Puente de Uji: Un Cruce Entre Mundos

El corazón de Uji, y un personaje en sí mismo dentro de la novela, es el Puente de Uji. Construido por primera vez en el siglo VII, es uno de los puentes más antiguos de Japón. En la novela, es lugar de encuentros furtivos, anhelos no correspondidos y trágicas decisiones. Representa el umbral entre el mundo sofisticado de la capital y la reclusión rural de las princesas. Estar sobre el puente actual, una reconstrucción fiel, y observar el poderoso fluir del río Uji es sentir la fuerza de pasiones y destinos que chocan en las páginas del libro. El sonido del agua recuerda constantemente el paso del tiempo y la inevitabilidad del destino. Es fácil imaginar a Ukifune, la heroína de estos capítulos, contemplando esas mismas aguas antes de tomar su fatídica decisión. Desde el punto de vista fotográfico, el puente es un maravilloso anclaje visual, especialmente al amanecer o al atardecer, cuando la niebla se eleva del río y envuelve el paisaje en un velo de misterio que evoca perfectamente el tono de los Capítulos de Uji.

Templo Byodo-in: La Visión del Paraíso en la Tierra

A pocos pasos del río se encuentra una de las estructuras más icónicas y hermosas de Japón: el Salón del Fénix (Hōō-dō) del Templo Byodo-in. Construido originalmente en el siglo XI como villa para el poderoso regente Fujiwara no Michinaga (cuyo padre fue patrón de Murasaki Shikibu), fue convertido en templo por su hijo. El Salón del Fénix, con su arquitectura simétrica y elegante, fue diseñado para ser una réplica terrenal del paraíso de la Tierra Pura de Buda Amida. Su imagen, reflejada perfectamente en el estanque Aji-ike, aparece en el reverso de la moneda de 10 yenes. Aunque Byodo-in no se menciona explícitamente en la novela, representa la culminación de la estética aristocrática de la era Heian que Murasaki describe con tanto detalle. Es la manifestación física del mundo de belleza sublime que habitaban sus personajes. Visitarlo es como sumergirse en una de las escenas más opulentas del libro. En el interior del salón se encuentra una magnífica estatua de Amida Buda, y el museo Hoshokan, adyacente, alberga una increíble colección de tesoros del templo, incluyendo las puertas pintadas originales y las célebres estatuas de Bodhisattvas sobre nubes. Para el visitante primerizo, es fundamental tomarse el tiempo para caminar alrededor del estanque y observar cómo la luz transforma la apariencia del salón. La mejor hora para la fotografía es temprano en la mañana, cuando el agua está más quieta y hay menos multitudes.

Museo de la Historia del Genji Monogatari en Uji

Para completar la inmersión en el mundo de los Capítulos de Uji, la visita al Museo de la Historia del Genji Monogatari es esencial. Este museo moderno no es un espacio polvoriento lleno de artefactos, sino una experiencia inmersiva que utiliza dioramas, películas y exhibiciones interactivas para dar vida al mundo de la era Heian. Se pueden ver reconstrucciones de vestimentas de la corte, una réplica de un carro de bueyes e incluso experimentar los juegos y fragancias de la época. Las películas en alta definición recrean escenas clave de los Capítulos de Uji con una belleza visual impresionante, ayudando a los visitantes a conectar los lugares que acaban de ver (como el Puente de Uji) con los eventos de la novela. Es una herramienta maravillosa para contextualizar la peregrinación, haciendo que una historia que podría parecer distante se sienta tangible y real. Incluso para quienes no han leído la novela, el museo ofrece una visión fascinante de una de las épocas más refinadas de la historia japonesa.

El Sabor y el Ritmo de la Época Heian

Un viaje siguiendo los pasos de Murasaki Shikibu no estaría completo sin sumergirse en las experiencias sensoriales que definieron su mundo. La cultura Heian se caracterizaba por un refinamiento estético extremo, donde la habilidad para componer un poema, combinar los colores de las capas de un kimono o identificar la mezcla adecuada de incienso era tan importante como la política. Para conectar verdaderamente con su legado, debemos ir más allá de los lugares y explorar la estética que permea su obra.

La Estética del «Mono no Aware»

En el centro de «La Novela de Genji» y de toda la sensibilidad japonesa está el concepto de «mono no aware». Frecuentemente se traduce como «la tristeza de las cosas» o «el pathos de las cosas», pero su significado es más complejo. Es una conciencia agridulce sobre la naturaleza efímera de la belleza y de la vida. Es la alegría que despiertan los cerezos en flor, teñida por la tristeza de saber que sus pétalos caerán en pocos días. Es la belleza de la luna llena, realzada por su inevitable mengua. Esta sensibilidad impregna cada página de la novela de Murasaki. Se manifiesta en el amor de Genji hacia sus consortes, un amor a menudo destinado a la brevedad debido a la muerte o la separación. Está en la descripción de las estaciones cambiantes, cada una con su belleza pasajera. Al visitar estos lugares de peregrinación, uno puede sentir activamente el «mono no aware». Se percibe en la pátina de la madera de un templo antiguo, en el musgo que cubre una lápida olvidada, en la forma en que la luz vespertina se desvanece sobre el estanque de Byodo-in. Desde una perspectiva fotográfica, se trata de capturar no solo la belleza, sino también una sensación de impermanencia: un pétalo solitario flotando en un estanque, la niebla disipándose sobre el río Uji, una sombra alargándose.

Gastronomía de Kioto y Uji: Un Eco del Pasado

La experiencia sensorial también se extiende al paladar. La cocina de Kioto, conocida como Kyo-ryori, con su énfasis en ingredientes de temporada y presentación artística, es una heredera directa de la cocina de la corte Heian. Disfrutar de una comida kaiseki, una comida tradicional de varios platos, es una manera de saborear la estética de aquella época. Cada plato es una pequeña obra de arte, diseñada para deleitar tanto a la vista como al gusto. En Uji, el protagonista culinario es, por supuesto, el matcha. La ceremonia del té, con sus movimientos ritualizados y su enfoque en la atención plena, es una práctica que encarna el espíritu de refinamiento Heian. Visitar una casa de té tradicional cerca del río Uji, como la renombrada Nakamura Tokichi, y disfrutar de un tazón de matcha denso y espumoso acompañado de un dulce wagashi, es un ritual que conecta con siglos de tradición. El amargor del té y la dulzura del dulce crean un equilibrio perfecto, un reflejo del balance entre la alegría y la tristeza que se halla en el «mono no aware». No te marches de Uji sin probar el soba de té verde o el helado de matcha, delicias que llevan el sabor local a formas modernas y deliciosas.

Consejos Prácticos para el Peregrino Moderno

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Embarcarse en esta peregrinación literaria requiere algo de planificación para aprovechar al máximo la experiencia. Japón es un país extraordinariamente eficiente, pero conocer algunos detalles puede hacer que el viaje sea mucho más fluido y enriquecedor.

Planificando tu Itinerario

La base ideal para esta peregrinación es Kioto. Desde allí, los lugares clave son fácilmente accesibles. Se recomienda dedicar al menos tres días completos. Un día puede destinarse a los sitios de Kioto: el Palacio Imperial (recuerda reservar la visita con anticipación) y el Templo Rozan-ji por la mañana, dejando la tarde para explorar otras zonas de la ciudad. Un segundo día completo debería reservarse para una excursión a Uji, a la que se llega fácilmente tomando la línea JR Nara desde la estación de Kioto (unos 20-30 minutos). Una vez en Uji, todos los lugares principales (Byodo-in, el Museo de Genji, el Puente de Uji) están a corta distancia a pie. El tercer día puede ser una excursión al Templo Ishiyama-dera. Toma la línea JR desde Kioto hasta la estación de Ishiyama y luego transborda a la línea local Keihan. Este itinerario ofrece un ritmo relajado, dejando tiempo no solo para ver los lugares, sino para sentirlos.

La Mejor Época para Viajar

No hay un mal momento para seguir los pasos de Murasaki, ya que cada estación ofrece una belleza única que ella misma celebró en su escritura. La primavera (finales de marzo a principios de abril) es conocida por los cerezos en flor, creando escenas de una belleza casi conmovedora que encajan perfectamente con el espíritu de la novela. El otoño (mediados a finales de noviembre) es igualmente impresionante, con los arces teñidos de tonos carmesí y dorado, especialmente en Ishiyama-dera y los templos de Kioto. El verano, aunque caluroso y húmedo, es la única época para ver las campanillas púrpuras en flor en el Templo Rozan-ji, un espectáculo emotivo para cualquier admirador de Murasaki. El invierno ofrece una belleza austera, menos multitudes y la posibilidad de ver los templos cubiertos por un ligero manto de nieve, una visión serena y contemplativa.

Fotografiando el Alma de Heian

Como fotógrafo, mi consejo es enfocarse en la atmósfera más que en los monumentos. Lleva un objetivo que te permita capturar tanto paisajes amplios como detalles íntimos; un 35mm o 50mm es ideal para esto. Busca la interacción de la luz y la sombra en los pasillos de madera de los templos. Fotografía las texturas: el musgo sobre la piedra, la veta de la madera, la grava rastrillada. No temas disparar en condiciones de poca luz dentro de los templos para captar su ambiente solemne. En Uji, intenta capturar el movimiento del río con una velocidad de obturación lenta para transmitir su fuerza. Y lo más importante, tómate tu tiempo. Siéntate en la veranda del Templo Rozan-ji un rato antes de levantar la cámara. Pasea por los terrenos de Ishiyama-dera y siente la energía del lugar. Tu mejor foto será la que capture no solo lo que viste, sino también lo que sentiste en ese momento.

Un Final que es un Nuevo Comienzo

Seguir los pasos de Murasaki Shikibu es mucho más que un simple recorrido turístico. Es un diálogo a través del tiempo, una oportunidad para conectar con el espíritu de una de las figuras literarias más importantes del mundo en los mismos lugares que alimentaron su alma y su imaginación. Es descubrir que el mundo del Príncipe Genji, con su profunda apreciación por la belleza, su aguda conciencia de la impermanencia y sus complejas pasiones humanas, no está limitado a las páginas de un libro milenario. Está vivo. Se encuentra en el reflejo del Salón del Fénix sobre el estanque, en el susurro del viento entre los bambúes de Arashiyama, en el sabor agridulce del té de Uji y en la luz de la luna sobre el lago Biwa.

Al final de este viaje, no solo se comprende mejor la novela, sino que también se entiende con mayor profundidad una parte fundamental del alma japonesa. Se aprende a ver la belleza en los detalles, a encontrar la poesía en la imperfección y a aceptar la melancolía como una parte esencial de la experiencia humana. Este camino no termina al subir al tren de regreso. Las imágenes, los sonidos y los sentimientos de este mundo permanecen contigo, invitándote a contemplar tu propio mundo con una sensibilidad renovada. La peregrinación a la tierra de Murasaki Shikibu es, en última instancia, un viaje hacia el interior, un final que se convierte en el comienzo de una nueva manera de ver.

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この記事を書いた人

Guided by a poetic photographic style, this Canadian creator captures Japan’s quiet landscapes and intimate townscapes. His narratives reveal beauty in subtle scenes and still moments.

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