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El eco de Iris Murdoch: Un viaje filosófico por los paisajes de su vida y obra

Hay almas que tejen sus pensamientos en el tapiz del mundo, dejando hilos de sabiduría y misterio que perduran mucho después de su partida. Iris Murdoch, la novelista y filósofa nacida en Dublín y adoptada por Inglaterra, es una de esas almas. Su obra es un océano profundo donde la moral, el amor, la libertad y la naturaleza del bien y el mal danzan en una coreografía compleja y fascinante. Pero para comprender verdaderamente la magnitud de su universo, no basta con leer sus palabras; hay que caminar por los senderos que ella recorrió, respirar el aire que nutrió su intelecto y sentir la atmósfera de los lugares que moldearon su espíritu. Este no es un simple viaje turístico, sino una peregrinación filosófica, un diálogo silencioso con una de las mentes más brillantes del siglo XX. Nos adentraremos en las calles empedradas de Oxford, sentiremos la brisa literaria de Dublín y nos perderemos en la inmensidad de la costa británica que tanto la inspiró. Acompáñenme en esta ruta sagrada, un peregrinaje a los paisajes físicos y mentales de Iris Murdoch, donde cada rincón susurra un fragmento de su legado inmortal, un eco que resuena con una fuerza arrolladora. Es un viaje que nos invita a mirar hacia adentro, a cuestionar nuestras propias certezas y a encontrar la belleza en la complejidad de la existencia humana, tal como ella nos enseñó a través de sus inolvidables personajes e ideas.

Además de sumergirnos en el universo filosófico de Murdoch, se invita a explorar un recorrido literario inspirado en Edith Wharton que amplía la comprensión del compromiso cultural en la narrativa.

目次

Dublín: El murmullo de las raíces irlandesas

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Toda historia tiene un inicio, y la de Iris Murdoch nace en la verde y literaria tierra de Irlanda. Nació en Dublín en 1919, en el número 59 de Blessington Street, un lugar que, aunque hoy no es un museo, aún conserva la energía primordial de su existencia. Caminar por este barrio es captar el primer aliento de su vida, imaginar a una niña cuya mente ya empezaba a tejer los complejos patrones que definirían su obra futura. Dublín no fue solo su cuna, sino una influencia constante, una identidad que, pese a haber pasado la mayor parte de su vida en Inglaterra, nunca la abandonó. Su herencia angloirlandesa le otorgó una perspectiva única, una dualidad reflejada en la complejidad de sus personajes, a menudo atrapados entre mundos, entre lo racional y lo místico, lo terrenal y lo espiritual. Para el peregrino que busca a Murdoch, Dublín es el punto de partida fundamental. No se trata de buscar monumentos, sino de absorber la atmósfera. Pasear por St. Stephen’s Green, donde la luz se filtra a través de árboles centenarios, o recorrer las orillas del río Liffey, es conectar con el mismo paisaje que alimentó las primeras imaginaciones de la joven Iris. La ciudad entera es un santuario literario, hogar de Joyce, Yeats y Beckett, y en sus calles resuena un coro de voces del que Murdoch forma parte esencial. Es un lugar para caminar sin rumbo fijo, dejando que el espíritu de la ciudad nos hable, nos cuente historias de exilio, de identidad y de una profunda conexión con la tierra, temas que laten silenciosamente en el corazón de toda la obra de Murdoch. Visitar Dublín es comprender que, antes de ser la gran filósofa de Oxford, fue una niña irlandesa cuyo mundo estaba impregnado de la magia y la melancolía de la Isla Esmeralda.

Oxford: El crisol del pensamiento y la pasión

Si Dublín fue la raíz, Oxford fue el árbol completo: el tronco, las ramas y las hojas que se extendieron hacia el cielo del conocimiento. Resulta imposible separar a Iris Murdoch de Oxford; la ciudad y la universidad constituyeron el escenario principal de su vida intelectual, amorosa y creativa durante más de medio siglo. Llegó como estudiante de clásicos, filosofía e historia antigua en el Somerville College en 1938, y la ciudad la atrapó para siempre. Aquí se formó como filósofa, vivió su gran historia de amor con el crítico literario y académico John Bayley, y escribió la mayor parte de su amplia obra novelística. Para el peregrino, Oxford es el corazón del viaje, un laberinto de calles empedradas, agujas góticas y patios silenciosos donde el eco de sus pasos parece aún resonar.

La serenidad de Somerville College

El primer destino imprescindible es Somerville College, una de las primeras universidades para mujeres en Oxford. Cruzar sus puertas es acceder a un remanso de paz y erudición. Sus jardines, cuidadosamente cuidados, y su biblioteca con muebles de madera oscura invitan a la contemplación. Aquí, entre libros y debates intelectuales, la joven Iris comenzó a desarrollar su voz filosófica, absorbiendo a Platón, cuyo pensamiento sobre el Bien se convertiría en la piedra angular de su propia filosofía moral. Es fácil imaginarla paseando por el césped, debatendo sobre la naturaleza de la verdad con sus compañeras o sentada junto a una ventana, perdida en sus pensamientos mientras la luz dorada de la tarde bañaba las antiguas piedras. Somerville no solo le proporcionó las herramientas intelectuales, sino también un espacio de libertad y crecimiento en un mundo académico dominado por hombres. Visitar el college, si es posible durante las horas de apertura al público, es un acto de homenaje a sus años formativos, un momento para sentir la atmósfera de concentración y posibilidades que la impulsaron en su camino.

St Anne’s College y el arte de enseñar

Tras un periodo trabajando en el Tesoro británico durante la guerra y para la UNRRA después de esta, Murdoch regresó a Oxford, esta vez como tutora y fellow de filosofía en St Anne’s College, donde enseñó desde 1948 hasta 1963. St Anne’s, con una arquitectura más moderna en comparación con los colleges medievales, representa una etapa diferente de su vida: la de mentora y académica consolidada. Aquí pulió sus ideas sobre la moral, la atención y el amor como una fuerza del conocimiento. Se dice que era una profesora inspiradora, cuyas tutorías eran famosas por su rigor y su capacidad para desafiar a los estudiantes a pensar por sí mismos. Pasear por los terrenos de St Anne’s invita a reflexionar sobre el legado de Murdoch como educadora, sobre cómo sus ideas no solo se plasmaron en libros, sino que también se transmitieron a generaciones de jóvenes mentes. El campus, tranquilo y acogedor, ofrece un contraste con la grandiosidad del centro de Oxford, recordándonos que el pensamiento profundo frecuentemente florece en lugares sencillos y sin pretensiones.

El hogar en Cedar Lodge

La vida de Murdoch en Oxford no fue solo académica. Su relación con John Bayley fue el ancla de su existencia. Durante muchos años vivieron en Cedar Lodge, en North Oxford, una casa que se convirtió en un legendario centro de vida intelectual y, según se dice, de un entrañable caos doméstico. Aunque la casa es una residencia privada y no se puede visitar, caminar por los alrededores de Hamilton Road permite vislumbrar el entorno de su vida cotidiana. Lejos de las imponentes agujas universitarias, este barrio residencial revela un lado más íntimo de Murdoch. Fue aquí, en su estudio rodeado de libros y papeles, donde dio vida a sus novelas. Imaginarla en ese espacio, enfrentando a sus personajes y explorando las complejidades del corazón humano, añade una dimensión humana a su figura monumental. En este hogar vivió su amor, su creatividad y, finalmente, su lucha contra el Alzheimer, una historia conmovedora que Bayley relató en sus memorias. El peregrino, al transitar por estas calles, rinde homenaje no solo a la intelectual, sino también a la mujer, la esposa, la persona en toda su complejidad.

Londres: El telón de fondo de la intriga humana

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Aunque Oxford fue su hogar intelectual, Londres representó para Iris Murdoch un amplio y vibrante escenario donde se desarrollaban los dramas de la vida moderna. La capital británica aparece constantemente en sus novelas, no como un simple telón de fondo, sino como un personaje más: un laberinto de calles y relaciones donde sus personajes aman, traicionan, buscan y se pierden. Murdoch conoció bien la ciudad, ya que trabajó aquí como funcionaria pública durante la Segunda Guerra Mundial, una experiencia que le brindó un profundo conocimiento de la burocracia y las estructuras de poder que a menudo exploraría en su ficción. Para quien sigue sus pasos, Londres ofrece una experiencia diferente a la de Oxford: menos contemplativa y más inmersiva en el torbellino de la vida que tanto fascinaba a la autora.

Recorrer los barrios que aparecen en sus libros es como adentrarse en las páginas de sus novelas. Kensington y Notting Hill, con sus elegantes plazas y fachadas victorianas, son el territorio de personajes de clase media alta que enfrentan dilemas morales en salones decorados con buen gusto. Un paseo por Holland Park, con su tranquilo Jardín de Kioto, puede evocar la atmósfera de novelas como «A Fairly Honourable Defeat», donde la belleza exterior a menudo oculta turbulentas corrientes subterráneas. Por otro lado, zonas como Hammersmith o Shepherd’s Bush, con su carácter más diverso y terrenal, sirven de escenario para explorar otras facetas de la sociedad. La clave para experimentar el Londres de Murdoch es caminar, observar a la gente y prestar atención a los detalles arquitectónicos y a la atmósfera cambiante de cada barrio. Ella era una experta en captar la psicología de los lugares, cómo un apartamento desordenado o una vista desde un puente pueden reflejar el estado interior de un personaje.

Los susurros del Támesis

El río Támesis es una presencia constante y potente en la obra de Murdoch. Fluye a través de la ciudad y sus novelas como un símbolo de la vida, el tiempo y el inconsciente. A veces es sereno y reflejante, otras oscuro y amenazante, un lugar de encuentros fortuitos, decisiones fatales y revelaciones profundas. Un paseo por la orilla sur, desde el Puente de Waterloo hasta el Puente de la Torre, ofrece una perspectiva cinematográfica de la ciudad que ella conocía tan bien. En este tramo se encuentran hitos culturales como el National Theatre y la Tate Modern. Murdoch, apasionada del arte, creía que la contemplación de la belleza artística era una forma de salir de uno mismo y acercarse al Bien. Visitar la National Gallery o la Tate Britain, imaginando qué cuadros captarían su atención, es una manera de conectar con su filosofía estética. El Támesis, con su flujo incesante, nos recuerda la idea de Murdoch de que la vida es un peregrinaje continuo, un viaje a menudo confuso y sin un destino claro, pero lleno de momentos de gracia y belleza inesperada. Sentarse en un banco junto al río al atardecer, viendo cómo las luces de la ciudad comienzan a parpadear sobre el agua, es quizás uno de los homenajes más sencillos y profundos que se pueden rendir en Londres.

El campo y el mar: La naturaleza como espejo del alma

El universo de Iris Murdoch no se restringe únicamente a los escenarios urbanos. La naturaleza, en sus formas más salvajes e indómitas, desempeña un papel fundamental en su obra, actuando como un catalizador para la transformación de sus personajes y como un símbolo potente de las fuerzas que escapan al control humano. El campo inglés, con sus colinas onduladas y bosques antiguos, y sobre todo la costa rocosa y el mar imprevisible, constituyen los espacios donde sus personajes confrontan sus verdades más profundas. Como especialista en senderismo, siento una conexión especial con esta dimensión de Murdoch. Ella comprendía que caminar por un paisaje natural no es solo un ejercicio físico, sino un acto espiritual que nos aleja de nuestro ego y nos conecta con algo más grande y auténtico. Para realizar plenamente la peregrinación, es imprescindible aventurarse más allá de las ciudades y buscar esos paisajes que tanto la inspiraron.

La campiña de Oxfordshire, que rodeaba su hogar, era su refugio habitual. Los paseos por los senderos públicos que atraviesan campos y bosques formaban parte de su rutina, un momento para pensar y dejar fluir las ideas libremente. Para el visitante, explorar los Cotswolds o los Chilterns, zonas de excepcional belleza natural cercanas a Oxford, supone experimentar la tranquilidad y la sencillez que ella valoraba. Sin embargo, es en la costa donde la naturaleza alcanza en su obra su máxima expresión dramática.

Paseando por el escenario de ‘El mar, el mar’

Su novela «El mar, el mar», ganadora del Premio Booker, es quizá el ejemplo más claro de esta conexión. La historia transcurre en una casa aislada en la costa, donde el protagonista, un director teatral retirado, intenta escapar de su pasado, solo para descubrir que el mar se lo devuelve con una fuerza implacable. Aunque la localización exacta es ficticia, está claramente inspirada en lugares como la costa de Dorset o Cornualles, con sus acantilados escarpados, calas ocultas y aguas cambiantes. Para el peregrino, un viaje a la Jurassic Coast en Dorset se convierte en una experiencia transformadora. Caminar por el sendero de la costa suroeste, con el viento salado en el rostro y el sonido de las olas rompiendo contra las rocas bajo los pies, es sentir la atmósfera de la novela en propia piel. El mar en la obra de Murdoch no es un paisaje romántico; es una fuerza amoral, indiferente a los dramas humanos, que puede ser tanto hermosa como terriblemente destructiva. Representa la «otredad», aquello que está completamente fuera de nuestro control y que nos obliga a enfrentar nuestra propia insignificancia. Encontrar un lugar solitario en un acantilado, sentarse a contemplar el horizonte infinito y leer un pasaje de la novela es una de las experiencias más intensas que ofrece este viaje. Es un momento de «descentramiento», un concepto fundamental en la filosofía de Murdoch, donde el ego se disuelve ante la vastedad del mundo natural, permitiendo una percepción más clara y desinteresada de la realidad.

Consejos para el peregrino Murdochiano

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Embarcarse en un viaje siguiendo las huellas de Iris Murdoch requiere una preparación que va más allá de simplemente reservar vuelos y alojamiento. Es una inmersión tanto intelectual como emocional, y algunos consejos prácticos pueden enriquecer notablemente la experiencia. La mejor época para realizar este peregrinaje es en primavera u otoño. Durante estos meses, el clima en el Reino Unido suele ser más templado, los paisajes naturales muestran colores espectaculares y hay menos turistas, lo que permite una experiencia más contemplativa, especialmente en Oxford y en las zonas costeras. El verano puede ser hermoso, pero también más concurrido, mientras que el invierno, aunque atmosférico, puede presentar dificultades climáticas.

El transporte público, en especial el tren, es una excelente manera de desplazarse entre Dublín, Londres, Oxford y las regiones costeras. El sistema ferroviario británico es amplio y ofrece vistas panorámicas del paisaje que la propia Murdoch habría conocido. Para explorar las zonas rurales y costeras con mayor libertad, alquilar un coche puede ser una buena alternativa, permitiendo acceder a senderos y pueblos remotos no bien conectados por transporte público.

El equipaje debe ser práctico. Un buen par de zapatos cómodos para caminar es absolutamente esencial, ya que gran parte del viaje se realiza a pie, ya sea sobre los adoquines de Oxford o por los senderos de los acantilados de Dorset. La ropa impermeable es también necesaria, dado lo imprevisible del clima británico. Pero el elemento más importante que debe llevar en su mochila es, por supuesto, un libro de Iris Murdoch. Releer alguna de sus novelas en el mismo lugar donde fue concebida o ambientada genera una conexión mágica y profunda. Visite las librerías locales, como la famosa Blackwell’s en Oxford, y busque ediciones antiguas de sus obras; encontrar un tesoro así puede convertirse en uno de los mejores recuerdos del viaje.

Finalmente, aborde este viaje con una mente abierta y una actitud de «atención amorosa», otro de los conceptos clave de Murdoch. No se limite a señalar lugares en un mapa. Siéntese en un pub de Oxford, observe el flujo de la vida en una estación de metro de Londres, escuche el sonido del viento en la costa. Preste atención a los detalles, a las conversaciones que escucha, a la manera en que la luz cae sobre un edificio antiguo. Es en esta observación atenta y desinteresada del mundo donde, según Murdoch, reside la verdadera moralidad y el camino hacia la comprensión. Este viaje no es solo para conocer dónde vivió Iris Murdoch, sino para aprender a ver el mundo a través de sus ojos.

Entre los ecos de Murdoch

Al final del trayecto, tras haber recorrido las calles de su infancia en Dublín, los pasillos del saber en Oxford, el laberinto humano de Londres y los paisajes salvajes que alimentaron su imaginación, uno comprende que seguir a Iris Murdoch es mucho más que un mero ejercicio de biografía literaria. Es una invitación a un viaje interior. Cada lugar visitado se transforma en un punto de reflexión sobre las grandes preguntas que ella planteó con tanta urgencia y elocuencia: ¿Qué significa ser bueno? ¿Cómo podemos amar de verdad? ¿Es posible liberarse de las redes de nuestro propio ego? No hay respuestas sencillas, y Murdoch nunca las ofreció. En cambio, nos dejó un universo de historias y personajes que enfrentan estas cuestiones, un espejo complejo y a menudo oscuro de nuestra propia condición.

Regresamos de este peregrinaje no con un mapa completo, sino con un eco resonando en nuestro interior. El eco de su inteligencia, de su compasión hacia la fragilidad humana y de su inquebrantable fe en la existencia del Bien, aunque difícil de alcanzar. Hemos recorrido sus paisajes, y ahora, sus paisajes habitan dentro de nosotros. La próxima vez que abramos uno de sus libros, las palabras tendrán una nueva dimensión, un peso y una textura enriquecidos por la memoria del aire de Oxford, el murmullo del Támesis y el rugido del mar. El viaje físico puede haber concluido, pero la peregrinación filosófica, el diálogo con Iris Murdoch, apenas comienza. Y ese, quizás, es el mayor regalo que su legado nos ofrece: un camino sin fin hacia una comprensión más profunda de nosotros mismos y del misterioso y maravilloso mundo en que vivimos.

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Outdoor adventure drives this nature guide’s perspective. From mountain trails to forest paths, he shares the joy of seasonal landscapes along with essential safety know-how.

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