Hay películas que se ven y se olvidan. Hay otras que se instalan en el alma, que redefinen la épica y nos transportan a mundos tan vastos y complejos que sentimos el eco de su historia mucho después de que los créditos hayan terminado. «El Último Emperador» (1987) de Bernardo Bertolucci es, sin duda, una de estas últimas. Ganadora de nueve premios de la Academia, incluyendo Mejor Película y Mejor Director, la cinta no es solo un biopic sobre Aisin-Gioro Puyi, el último monarca de la dinastía Qing, sino una obra de arte monumental que abrió las puertas de un mundo hasta entonces hermético para Occidente. Por primera vez, un equipo de filmación occidental obtuvo un permiso sin precedentes para rodar dentro de los muros sagrados de la Ciudad Prohibida en Beijing. Este acto de apertura cultural nos regaló una autenticidad visual que ninguna recreación en estudio podría jamás igualar. Seguir las huellas de esta producción es, por lo tanto, mucho más que un simple peregrinaje cinematográfico. Es un viaje tangible a través de los corredores del poder, la soledad y la tumultuosa transformación de la China del siglo XX. Es caminar sobre las mismas losas de piedra que sintieron los pasos de un niño-dios y, décadas más tarde, los de un ciudadano común. Este recorrido nos invita a mirar más allá de la pantalla, a sentir la textura de la historia, el frío del mármol imperial y el calor de un sol que ha sido testigo de la gloria y la caída de un imperio. Prepárate para un viaje que entrelaza la magia del cine con la imponente realidad de la historia, un peregrinaje al corazón de una leyenda.
Si te apasiona este tipo de peregrinaje cinematográfico, no te pierdas nuestro recorrido por los escenarios de Manhattan.
El Corazón del Imperio: La Ciudad Prohibida de Beijing

El alma de «El Último Emperador» habita aquí, entre los muros carmesí y los tejados dorados de la Ciudad Prohibida, o Palacio Museo (Gùgōng), como se le conoce hoy en día. Este extenso complejo, formado por 980 edificios y más de 8,700 habitaciones, fue el hogar de 24 emperadores durante cinco siglos. Para el joven Puyi, representaba su mundo entero: una jaula de oro y un parque de recreo de dimensiones inimaginables. La decisión de Bertolucci de rodar en este lugar sagrado no fue solo logística; fue una declaración artística. Quiso que la autenticidad del sitio impregnara cada fotograma, que el peso de la historia se percibiera en la actuación de cada extra. Y lo consiguió. Al visitar hoy la Ciudad Prohibida, es imposible no superponer las imágenes imborrables de la película con la realidad que se despliega ante nuestros ojos.
El Trono del Dragón: El Salón de la Armonía Suprema
La escena más emblemática de la película, la coronación del pequeño Puyi a los tres años, se filmó aquí, en el patio frente al Salón de la Armonía Suprema (Tài Hé Diàn). Es el corazón ceremonial del imperio, la estructura de madera más grande de China. La cámara de Bertolucci capta la inmensidad del patio, repleto de miles de cortesanos postrándose al unísono, un mar de seda y reverencia que se extiende hasta donde alcanza la vista. El niño emperador, abrumado y confundido, emerge desde detrás de una cortina dorada para afrontar su destino.
Visitar este lugar hoy es una experiencia impresionante. La escala resulta difícil de comprender solo mediante fotografías. El patio parece infinito, diseñado para que cualquier individuo se sienta insignificante ante el poder del Hijo del Cielo. Al pararte en medio de esta explanada de piedra, bajo el mismo cielo que presenció la ceremonia, casi puedes escuchar el solemne silencio capturado por la película, roto únicamente por el viento que susurra entre los aleros curvos. El propio Salón, elevado sobre una triple terraza de mármol, alberga el Trono del Dragón, aunque no es posible ingresar. Sin embargo, contemplar su interior desde la distancia e imaginar al pequeño Puyi sentado allí es un momento de profunda conexión con la historia y el cine.
Consejos para la visita
Para disfrutar esta experiencia al máximo, la planificación es fundamental. La Ciudad Prohibida atrae multitudes enormes. La mejor estrategia es comprar las entradas en línea con anticipación, ya que el número de visitantes diarios está limitado. Procura llegar temprano, justo cuando abren las puertas. Esto no solo te permitirá evitar las peores aglomeraciones, sino también disfrutar de la luz matinal, que baña los tejados amarillos con un resplandor dorado y crea sombras largas y dramáticas, muy al estilo de la cinematografía de Vittorio Storaro. El calzado es esencial; afrontarás un día de caminata sobre adoquines irregulares y grandes distancias. Unas zapatillas cómodas y elegantes serán tu mejor aliado. Desde la perspectiva de una viajera, la seguridad en las multitudes es crucial. Mantén tu bolso o mochila siempre a la vista y bien cerrado. En lugares tan concurridos, la distracción es la mejor aliada de los carteristas.
Los Patios Interiores: La Vida Privada de un Emperador Solitario
Si el Salón de la Armonía Suprema representa el poder público de Puyi, los patios y palacios de la corte interior exhiben su humanidad y su profunda soledad. La película explora magistralmente esta dualidad, llevándonos a los espacios donde el emperador creció, estudió y jugó, siempre bajo la mirada vigilante de eunucos y concubinas. Bertolucci utilizó varios de estos palacios residenciales para recrear la vida cotidiana de Puyi, desde sus lecciones con su tutor escocés, Reginald Johnston, hasta sus desesperados intentos de escapar de su prisión dorada.
Al adentrarte en la mitad norte del complejo, el ambiente cambia. La escala monumental da paso a una serie de patios más íntimos, jardines rocosos y pabellones finamente decorados. Aquí, la atmósfera es más silenciosa y contemplativa. Puedes recorrer los mismos pasillos por donde el joven Puyi montaba su bicicleta, símbolo de modernidad enfrentada a siglos de tradición. Es en estos espacios donde la película teje su drama más personal: la relación con su esposa, la emperatriz Wanrong, y su concubina, Wenxiu. Lugares como el Palacio de la Tranquilidad Terrenal (Kunning Gong) o los jardines imperiales (Yuhua Yuan) se transforman en el telón de fondo de un anhelo de libertad que nunca se concretó.
Descubriendo la atmósfera
Para captar la esencia de estas escenas, aléjate de las rutas principales. Explora los pasillos laterales y asómate a los patios más pequeños. Fija la atención en los detalles: los dragones de bronce, las celosías de las ventanas, los colores vibrantes de la cerámica en los muros. En estos rincones se percibe la verdadera textura de la vida palaciega. Procura visitar en una tarde de día laborable, cuando las multitudes empiezan a disminuir. El silencio que desciende sobre estos patios al atardecer es mágico y melancólico, evocando perfectamente la sensación de aislamiento que definió la juventud de Puyi. Siéntate en un banco del jardín imperial e imagina ser un prisionero en el lugar más suntuoso de la Tierra. Esta reflexión personal es lo que convierte una simple visita turística en un auténtico peregrinaje.
De Emperador a Marioneta: El Palacio Imperial de Manchukuo en Changchun
El segundo acto en la vida de Puyi, así como en la narrativa de la película, tiene lugar lejos de la grandeza de Beijing. Nos trasladamos a Changchun, en el noreste de China, capital del estado títere de Manchukuo, creado por el Imperio de Japón en la década de 1930. Allí, Puyi fue nombrado emperador de un régimen sin poder real, un peón en un juego geopolítico mucho más amplio. El lugar que sirvió como su palacio, conocido localmente como Wei Huang Gong, es una de las ubicaciones clave de la película y un destino fundamental para entender la trágica trayectoria del protagonista.
Un Capítulo Oscuro: El Wei Huang Gong
El contraste con la Ciudad Prohibida es inmediato y chocante. El Palacio Imperial de Manchukuo no es una obra maestra de la arquitectura tradicional china. Es un conjunto de edificios de estilo ecléctico, mezcla de influencias chinas y occidentales, que refleja la naturaleza artificial del propio estado. Bertolucci utiliza esta arquitectura para enfatizar la caída de Puyi. Ya no ocupa el centro del universo, sino una construcción funcional y opresiva, rodeado por asesores japoneses que controlan cada uno de sus movimientos. Las escenas filmadas aquí están impregnadas de una sensación de claustrofobia y paranoia.
Actualmente, el complejo alberga el Museo del Palacio Imperial del Estado Títere de Manchuria. Visitarlo es una experiencia profundamente aleccionadora. Las salas han sido conservadas y restauradas, incluyendo las dependencias privadas de Puyi y la emperatriz Wanrong, las oficinas gubernamentales e incluso un refugio antiaéreo. A diferencia de la majestuosa impersonalidad de Beijing, aquí la historia se siente dolorosamente personal. Se puede ver el salón de banquetes donde se celebraban fiestas vacías de significado, o la sala de cine donde la pareja imperial intentaba evadirse de su realidad. La atmósfera es densa, cargada de tristeza y resignación.
Información práctica para el viajero
Llegar a Changchun desde Beijing es relativamente sencillo gracias a la red de trenes de alta velocidad de China; el viaje dura unas 4-5 horas. Una vez en la ciudad, el museo es accesible en taxi o transporte público. A diferencia de los destinos turísticos principales de China, aquí se encuentran menos multitudes internacionales, lo que permite una visita más tranquila y reflexiva. Se recomienda dedicar al menos medio día para explorar el complejo en su totalidad. Las exposiciones (con algunas traducciones al inglés) ofrecen un contexto histórico crucial sobre la ocupación japonesa y la naturaleza del régimen de Manchukuo. Es un lugar que no busca impresionar, sino educar y provocar la reflexión.
Los Ecos de la Intriga y la Tragedia
La película retrata desgarradoramente el declive de la vida personal de Puyi en Changchun. Es allí donde su relación con Wanrong se desintegra, culminando en su adicción al opio y su trágico final. Los interiores del palacio, frecuentemente oscuros y sombríos en la película, reflejan este colapso psicológico. Al recorrer estas habitaciones, casi se pueden sentir los ecos de las discusiones, la desesperación de Wanrong y la impotencia de Puyi. El hipódromo, también presente en la película, se encuentra cerca y puede visitarse, agregando otra capa a la historia de un emperador que intentaba mantener una fachada de normalidad y poder mientras su mundo se desmoronaba.
Desde la perspectiva de una viajera, Changchun ofrece una visión distinta de China. Es una ciudad con una historia industrial fuerte y una arquitectura que narra influencias rusas y japonesas. Es un destino que recompensa al viajero curioso. Aprender algunas frases básicas en mandarín abrirá muchas puertas y permitirá conectar de manera más auténtica con la gente local. Es un recordatorio de que viajar no es solo visitar lugares, sino comprender las complejas capas de historia que los conforman.
El Regreso del Ciudadano: El Pekín de la Revolución Cultural

La transformación final de Puyi, de prisionero de guerra a ciudadano de la República Popular China, es quizás la más extraordinaria de todas. Tras la derrota de Japón, Puyi fue capturado por los soviéticos y finalmente entregado a las autoridades comunistas chinas. La película documenta su década de «reeducación» y su vida posterior como un hombre común en el Pekín de Mao Zedong.
La Prisión de Fushun: Centro de Reeducación
Gran parte del tercer acto de la película transcurre en el Centro de Gestión de Criminales de Guerra de Fushun, donde Puyi pasó diez años. Allí, el hombre que fue criado para ser adorado como un dios aprendió a atarse los zapatos, a cuidarse a sí mismo y a enfrentar sus acciones como emperador títere. Aunque muchas de las escenas interiores de la prisión fueron recreadas para la película por razones prácticas, el espíritu del lugar resulta fundamental para la historia. Bertolucci captura la atmósfera institucional, la estricta disciplina y el lento proceso de transformación ideológica al que fue sometido Puyi.
El centro de Fushun es ahora un museo abierto al público. Visitarlo es una experiencia intensa y aleccionadora. Es posible ver las celdas, los talleres donde trabajaban los prisioneros y las aulas donde recibían su adoctrinamiento. Es un lugar despojado de toda grandeza, un espacio funcional diseñado para desmantelar una identidad y construir una nueva. La crudeza del entorno contrasta violentamente con los palacios de su juventud, haciendo que el recorrido vital de Puyi sea aún más asombroso. Es un destino que requiere mente abierta y disposición para confrontar un período complejo y a menudo doloroso de la historia moderna.
Las Calles de Pekín: Un Hombre Común en un Mundo Nuevo
Las escenas finales de la película tienen una belleza conmovedora. Vemos a un anciano Puyi, ahora jardinero en el Jardín Botánico de Pekín, moverse por una ciudad transformada por la Revolución Cultural. Las calles están llenas de Guardias Rojos, pancartas con lemas revolucionarios y el omnipresente sonido de los altavoces políticos. Puyi, una reliquia de un pasado olvidado, es ahora un anónimo entre millones. Estas escenas fueron filmadas en los hutongs reales de Pekín, los tradicionales callejones que forman el tejido histórico de la ciudad.
Para el viajero moderno, explorar los hutongs es una de las experiencias más auténticas que ofrece Pekín. Aunque muchas áreas han sido modernizadas o convertidas en atracciones turísticas bulliciosas como Nanluoguxiang, aún existen barrios más tranquilos donde la vida sigue un ritmo más pausado. Alquilar una bicicleta y perderse en este laberinto de callejones es la mejor manera de conectar con el Pekín que Puyi encontró al final de su vida. Es un mundo de patios compartidos, de bicicletas apoyadas contra muros grises y del aroma de la comida casera flotando en el aire. Es aquí donde se puede sentir el pulso real de la ciudad, lejos de los monumentos imperiales.
Sugerencias de una viajera con estilo
Explorar los hutongs es una oportunidad fotográfica increíble. La yuxtaposición de lo antiguo y lo nuevo crea composiciones fascinantes. Viste con capas cómodas pero elegantes, ya que el clima de Pekín puede cambiar rápidamente. Un pañuelo de seda puede añadir un toque de color y protegerte del polvo o el sol. Sé siempre respetuosa, ya que caminas por los hogares de la gente. Una sonrisa y un simple «nǐ hǎo» (hola) pueden hacer maravillas. Es en esos momentos de conexión humana, por fugaces que sean, donde el viaje adquiere un significado más profundo, reflejando el propio regreso de Puyi a la humanidad.
Más Allá de China: El Esplendor Italiano en la Producción
Aunque la autenticidad de las localizaciones chinas es la base de «El Último Emperador», la película también representa un triunfo del cine europeo, una visión de China vista a través de la lente artística de un maestro italiano. Entender esta dualidad añade una capa profunda de apreciación al peregrinaje. La producción, aunque firmemente anclada en la realidad china, fue refinada y embellecida con la magia del cine italiano.
Cinecittà: La Magia del Cine en Roma
No todas las escenas pudieron rodarse en China. Por cuestiones de control, logística o simplemente para crear escenarios específicos que ya no existían, algunas de las secuencias interiores más complejas fueron recreadas en los legendarios estudios de Cinecittà en Roma. Este lugar es la cuna del cine italiano, hogar de Federico Fellini y de innumerables obras maestras. El diseñador de producción, Ferdinando Scarfiotti, y el director de fotografía, Vittorio Storaro, trabajaron aquí para garantizar que la transición entre las localizaciones reales y los sets de estudio fuera imperceptible.
Para el verdadero amante del cine, una visita a Cinecittà es, en sí misma, un peregrinaje. Los tours guiados recorren los sets permanentes y relatan la historia de las grandes producciones que han pasado por sus puertas. Saber que parte de la opulencia visual de «El Último Emperador» fue concebida y creada aquí, a miles de kilómetros de la Ciudad Prohibida, es un testimonio del increíble arte de construir mundos en el cine. Revela que la «realidad» de una película es una construcción meticulosa, una alquimia entre lo auténtico y lo imaginado.
La Influencia Italiana: Estilo y Perspectiva
La película no es un documental; es una interpretación poética de la historia. La visión de Bertolucci, impregnada de su sensibilidad europea, se centra tanto en la psicología íntima de Puyi como en el espectáculo épico. La paleta de colores de Storaro, que evoluciona con las etapas de la vida de Puyi —desde los rojos y dorados saturados del imperio hasta los tonos grises y azules de su encarcelamiento, y los colores desvaídos de su vejez— es una narrativa en sí misma. Este enfoque estilístico es lo que eleva la película de un simple relato histórico a una experiencia sensorial y emocional.
Al visitar las localizaciones en China, intenta verlas a través de esta lente cinematográfica. Observa cómo la luz cae sobre los muros del palacio al atardecer, cómo las sombras se alargan en los patios, cómo el color de un sencillo detalle arquitectónico puede evocar una emoción. El viaje se transforma entonces en un diálogo entre el lugar real y su representación artística. No solo estás viendo dónde se filmó una escena, sino que estás participando en la misma apreciación de la luz, el espacio y el color que inspiró a los cineastas. Estás aprendiendo a ver el mundo con los ojos de un artista.
Un Viaje a Través del Tiempo y el Alma

Seguir los pasos de «El Último Emperador» es emprender una odisea que va más allá del turismo convencional. Es una inmersión profunda en la historia de una nación que vivió una de las transformaciones más radicales del siglo XX, todo ello reflejado a través de la vida de un hombre que fue su símbolo, su prisionero y, al final, su ciudadano. Desde la majestuosa imponencia de la Ciudad Prohibida hasta la melancólica dignidad del palacio de Manchukuo, pasando por la cruda realidad de la China de Mao, cada lugar relata un capítulo de esta increíble saga.
Este recorrido nos muestra que los lugares tienen memoria. Las paredes de estos palacios y prisiones conservan los ecos de un pasado que el cine de Bertolucci supo escuchar y traducir a un lenguaje universal. Al estar allí, nos convertimos en parte de ese diálogo constante entre el pasado y el presente, entre la historia y el arte. Es una experiencia que transforma, que amplía la comprensión del mundo y de las complejas fuerzas que moldean el destino humano. Caminar por la Ciudad Prohibida es sentir el peso de la corona; pasear por Changchun es escuchar los susurros de la historia; y volver a Pekín es comprender el viaje de un hombre, y de una nación, en busca de su identidad. «El Último Emperador» no es solo una película para ver, es un viaje para vivir.

