En el vasto universo de la literatura mundial, existen voces que no solo narran historias, sino que destilan la esencia misma de una ciudad, convirtiendo sus calles, sus gentes y susurros en un personaje vivo y palpitante. Lao She fue una de esas voces, un maestro tejedor de relatos cuyo telar era Pekín, la ciudad imperial y bulliciosa que él amaba con una ternura y una honestidad desgarradoras. Recorrer el Pekín de Lao She hoy en día es embarcarse en una peregrinación literaria, una búsqueda del alma de una metrópoli que se transforma a una velocidad vertiginosa, pero cuyo corazón antiguo aún late en los rincones que inspiraron al «Artista del Pueblo». Este no es un simple itinerario turístico; es una inmersión profunda en la historia, la cultura y las emociones de una China que fue, contada a través de los ojos de uno de sus más grandes cronistas. Es seguir los pasos de Xiangzi, el desventurado conductor de rickshaw, sentir la tensión social en una casa de té que condensa medio siglo de historia y encontrar la paz en el patio silencioso donde el maestro escribió sus últimas obras maestras. Prepárense para un viaje donde la literatura y la vida se entrelazan, donde cada callejón o hutong susurra un fragmento de una novela y donde el espíritu de Lao She nos guía a través del laberinto de la memoria y la modernidad de Pekín.
Para descubrir cómo otros escritores han inmortalizado sus ciudades en la literatura, puedes explorar un viaje literario similar tras los pasos de Nikolai Gógol.
El Nacimiento de un Gigante Literario: El Hutong Donde Todo Comenzó

Todo gran río nace de un manantial, y el torrente literario de Lao She surgió en un modesto hutong de Pekín. Nacido como Shu Qingchun en 1899 en una familia manchú empobrecida, el futuro escritor vino al mundo en el número 8 del Hutong Xiaoyangjia, cerca del actual Templo de Huguosi, en el distrito de Xicheng. Fue en este laberinto de callejones de ladrillo gris y patios compartidos donde se formó su percepción del mundo, una visión profundamente arraigada en la vida de la gente común: artesanos, vendedores ambulantes y familias que luchaban por sobrevivir con dignidad. Su padre, guardia imperial, falleció durante la Rebelión de los Bóxers cuando Lao She era apenas un niño, dejando a su madre la dura tarea de criar a sus hijos. Esta experiencia temprana de pérdida y resiliencia marcaría de manera indeleble su obra, dotándola de una empatía y comprensión únicas hacia los desfavorecidos.
La Atmósfera de los Hutongs: Un Viaje en el Tiempo
Visitar los hutongs cercanos a su lugar de nacimiento es como despojar capas del tiempo. Aunque el Pekín moderno se levanta con sus rascacielos de cristal y acero, aquí el ritmo de vida parece ralentizarse. El aire se llena del aroma de la comida casera, el sonido de las bicicletas al rodar sobre los adoquines y las animadas conversaciones de los vecinos. Es un mundo íntimo y comunitario, un microcosmos que Lao She capturó con maestría. Al recorrer estos callejones, es fácil imaginar a un joven Lao She observando el mundo desde el umbral de su puerta, absorbiendo historias, dialectos y dramas cotidianos que más tarde poblarían sus novelas. Aunque su casa natal original ya no existe, el espíritu del lugar permanece intacto. Es una invitación a perderse, a deambular sin rumbo fijo, descubriendo pequeños templos escondidos, mercados locales y la auténtica hospitalidad pekinesa.
Consejos para Explorar los Hutongs
Para vivir realmente la experiencia, alquile una bicicleta o tome un paseo en rickshaw. Los conductores, muchas veces residentes de toda la vida, son una fuente inagotable de anécdotas y conocimientos locales. Respete la privacidad de los habitantes; los hutongs son sus hogares. Una sonrisa y un simple «Nǐ hǎo» (hola) pueden abrir puertas y corazones. Busque las pequeñas tiendas y restaurantes familiares. Probar un «jianbing» (una especie de crepe salado) en un puesto callejero o un cuenco de fideos en un local modesto es conectarse con la cultura gastronómica que ha alimentado a generaciones de pekineses, incluido el propio Lao She. La mejor época para explorar es en primavera u otoño, cuando el clima es agradable y los árboles de los patios florecen o se tiñen de tonos dorados, aportando un toque poético al paisaje urbano.
El Corazón de la Vieja Pekín: «El Camello Xiangzi» y las Calles que lo Inspiraron
Si hay una obra que captura el espíritu del Pekín de Lao She, esa es «El Camello Xiangzi» («Luotuo Xiangzi»). La novela, un retrato crudo y conmovedor de la vida de un joven conductor de rickshaw honesto cuyos sueños son aplastados por la dura realidad social, actúa como un mapa literario de la ciudad. Seguir los pasos de Xiangzi es recorrer las arterias vitales del viejo Pekín, desde las bulliciosas puertas de la ciudad hasta los sombríos callejones donde la esperanza y la desesperación libraban una batalla cotidiana.
Tianqiao: El Escenario Popular
El área de Tianqiao, el «Puente del Cielo», era el epicentro del entretenimiento popular en el Pekín de entonces. No se trataba de un puente físico, sino de un vasto espacio donde acróbatas, cantantes de ópera, narradores, luchadores y toda clase de artistas callejeros actuaban para las masas. Para Xiangzi, Tianqiao representaba tanto la camaradería entre compañeros como la feroz competencia por los clientes. Lao She describe este lugar con una vitalidad impresionante, un torbellino de sonidos, olores y colores. Hoy en día, Tianqiao ha cambiado drásticamente, pero su legado persiste. El Teatro Tianqiao es un moderno centro de artes escénicas, y en sitios como la Casa de Té de Tianqiao se intenta revivir la atmósfera de antaño con espectáculos de artes tradicionales. Visitar esta zona es imaginar el rugido de la multitud, el eco de los gongs y la energía de un Pekín popular y sin filtros, el mismo que marcó el destino de Xiangzi.
Qianmen: La Gran Puerta del Sur
La calle Qianmen, que conduce a la puerta sur de la antigua Ciudad Interior, era una de las principales vías comerciales y la ruta por la que Xiangzi tiraba incansablemente de su rickshaw, transportando a ricos comerciantes y funcionarios. Era una arteria de poder y comercio, un lugar de contrastes donde la opulencia de las tiendas de seda y las farmacias tradicionales convivía con la miseria de mendigos y trabajadores. Actualmente, Qianmen ha sido restaurada como una pintoresca calle peatonal, con tranvías antiguos y fachadas que evocan su esplendor pasado. Pasear por allí es un deleite visual. Las tiendas de marcas centenarias, conocidas como «Laozihao», como la farmacia Tongrentang o la zapatería Neiliansheng, siguen en funcionamiento, ofreciendo una conexión tangible con la época de Lao She. Es un lugar ideal para sentir el pulso histórico de la ciudad y imaginar el sudor en la frente de Xiangzi mientras soñaba con ser dueño de su propio vehículo.
El Eje Central: La Torre del Tambor y el Campanario
La Torre del Tambor (Gulou) y el Campanario (Zhonglou), situadas en el extremo norte del eje central de la ciudad, eran los cronometradores de Pekín. El retumbar de los tambores al amanecer y el tañido de la campana al anochecer regulaban la vida urbana. Para los personajes de Lao She, esos sonidos eran una constante, un recordatorio del paso del tiempo y del ciclo inmutable de la vida y el trabajo. Subir a la cima de la Torre del Tambor ofrece una de las vistas más espectaculares de Pekín. Desde allí, se contempla un mar de tejados grises de los hutongs que se extienden en todas direcciones, una panorámica que apenas ha cambiado en siglos. Es un momento para la reflexión, una oportunidad para conectar con la perspectiva que el propio autor debió tener de su amada ciudad. La zona que rodea a las torres, con sus cafés bohemios, bares de moda y tiendas de diseño escondidas en los hutongs, es un fascinante ejemplo de cómo el viejo Pekín se fusiona con la creatividad contemporánea.
«La Casa de Té»: Un Microcosmos de la Sociedad China en el Corazón de Pekín

La obra maestra teatral de Lao She, «La Casa de Té» («Chaguan»), es una de las joyas de la dramaturgia china del siglo XX. Mediante la historia de la Casa de Té Yutai y sus clientes habituales, Lao She condensa cincuenta años de turbulenta historia china, desde el final de la dinastía Qing hasta el surgimiento de la nueva China. La casa de té no solo funciona como escenario, sino que se convierte en un personaje propio, un microcosmos donde se reflejan los cambios sociales, políticos y culturales que sacudieron al país. Es un punto de encuentro, de debate, de negocios y de ocio, el corazón social del antiguo Pekín.
La Experiencia en la Casa de Té Lao She
Aunque la Casa de Té Yutai es una creación ficticia, su espíritu perdura en la famosa Casa de Té Lao She (Lao She Chaguan), fundada en 1988 para homenajear al escritor y preservar la cultura tradicional de Pekín. Ubicado cerca de Qianmen, este establecimiento es mucho más que un simple lugar para tomar té. Es un vibrante centro cultural que ofrece un festín para los sentidos. Al entrar, uno es transportado a otra época, con mesas de madera lacada, farolillos rojos y un escenario donde se presentan actuaciones de Ópera de Pekín, acrobacias, magia, comedia «xiangsheng» y otras artes tradicionales. Degustar diferentes tipos de té chino, acompañado de bocadillos pekineses, mientras se disfruta del espectáculo, es una experiencia inmersiva e inolvidable. Es una forma de comprender el papel central que la casa de té tenía en la sociedad, un sitio donde, como escribió Lao She, se podía entrever todo el espectro de la vida.
Más Allá del Espectáculo: La Cultura del Té
Para una experiencia más tranquila y auténtica, vale la pena explorar las casas de té más pequeñas y tradicionales escondidas en los hutongs de las zonas de Houhai o Nanluoguxiang. Allí, el enfoque está en el arte de preparar el té, la ceremonia del «gongfu cha» y la conversación pausada. En estos espacios íntimos, uno puede realmente apreciar la filosofía que respalda la cultura del té en China: un momento de pausa, conexión y armonía. Es fácil imaginar a los personajes de Lao She, el recto gerente Wang Lifa o el noble manchú Chang Siye, sentados en un lugar así, discutiendo el destino de la nación mientras sorben su té de jazmín. Pedir consejo al maestro de té sobre las diferentes variedades, desde el robusto Pu’er hasta el delicado Longjing, es en sí mismo una educación y una manera deliciosa de conectarse con una tradición milenaria.
Los Años de Formación y Exilio: Huellas Más Allá de Pekín
Aunque Pekín fue su principal inspiración, la vida y obra de Lao She estuvieron profundamente influenciadas por sus experiencias en diversas ciudades, tanto dentro como fuera de China. Estos períodos de exilio y viaje enriquecieron su perspectiva, le brindaron una visión más amplia del mundo y, paradójicamente, profundizaron su anhelo y comprensión de su ciudad natal.
Londres: El Surgimiento del Novelista
Entre 1924 y 1929, Lao She residió en Londres, donde impartió clases de mandarín en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos (SOAS). Fue en esta ciudad húmeda y distante, lleno de nostalgia, donde comenzó a escribir su primera novela, «La Filosofía del Viejo Zhang». El contraste entre la cultura británica y sus raíces chinas agudizó su sentido de identidad y le otorgó el distanciamiento necesario para analizar su propia sociedad con una mirada crítica y afectuosa. Caminar por el barrio de Bloomsbury, cerca de su residencia y lugar de trabajo, es imaginar al joven profesor chino observando la vida londinense, leyendo a Dickens (una de sus mayores influencias) y forjando la voz literaria que lo haría famoso.
Qingdao y Chongqing: Testigo de la Historia
Durante los convulsos años de guerra, Lao She vivió en varias ciudades. En la costera Qingdao, una ciudad con marcada influencia alemana, enseñó en la universidad y escribió «El Camello Xiangzi». La brisa marina y la arquitectura europea de Qingdao ofrecen un contraste fascinante con el polvoriento Pekín. Hoy, la antigua residencia de Lao She en Qingdao es un museo dedicado a él y a su novela más conocida. Más adelante, durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa, se trasladó a la capital de guerra, Chongqing. Fue un período de intensa actividad patriótica, en el que lideró la Asociación de Escritores y Artistas de China contra la agresión extranjera. Estas experiencias de guerra y desplazamiento impregnaron su obra posterior con un profundo sentido de patriotismo y una preocupación por el destino de la nación.
El Último Refugio: La Casa en la Calle Fengfu

Después de la fundación de la República Popular China en 1949, Lao She regresó a Pekín lleno de esperanzas y se consolidó como una de las figuras literarias más destacadas del nuevo régimen. Se estableció con su familia en una tranquila casa con patio (siheyuan) en el número 19 del Hutong Fengfu, en el distrito de Dongcheng. Este lugar, que hoy es el Museo Conmemorativo de Lao She, fue su hogar durante los últimos y más fructíferos años de su vida. Allí escribió «La Casa de Té» y otras obras relevantes.
Una Ventana al Alma del Escritor
Visitar el museo es una experiencia profundamente emotiva. La casa se ha conservado tal como estaba cuando él vivía allí, brindando una visión íntima de su vida diaria y su proceso creativo. Al entrar al patio, se encuentran dos árboles de caqui que él mismo plantó, símbolo de paz y prosperidad. El silencio del lugar es un refugio en medio del bullicio urbano. Se puede ver su estudio con su escritorio, pinceles de caligrafía, biblioteca personal y sus gafas, como si acabara de levantarse para dar un paseo por el jardín. Las habitaciones están llenas de objetos personales, fotografías familiares y manuscritos, cada uno con su propia historia. Es un espacio sagrado para los amantes de la literatura, donde se siente la presencia del maestro, su disciplina, amor por la familia y dedicación al arte.
Información Práctica para la Visita
El museo es pequeño y no suele estar concurrido, lo que permite una visita serena y reflexiva. Está ubicado a poca distancia de la animada calle comercial de Wangfujing, pero se percibe como un mundo aparte. La entrada es gratuita, aunque es posible que soliciten una identificación. Se recomienda leer alguna de sus obras principales, especialmente «La Casa de Té», antes de la visita. Conocer su obra enriquece la experiencia, ya que cada rincón de la casa adquiere un significado más profundo. Es un lugar para pasar tiempo, sentarse en un banco del patio bajo los árboles de caqui e imaginar las conversaciones e ideas que florecieron entre esas paredes.
La Tragedia Final y el Legado Inmortal
La vida de Lao She, profundamente entrelazada con la historia de China, terminó trágicamente durante la Revolución Cultural. En agosto de 1966, fue humillado y golpeado públicamente por los Guardias Rojos. Al día siguiente, su cuerpo apareció en el Lago Taiping, al noroeste de Pekín. La causa oficial de su muerte fue el suicidio, aunque las circunstancias exactas permanecen como un doloroso misterio. En los años posteriores, el Lago Taiping fue drenado y rellenado, borrando físicamente el lugar de su fallecimiento, aunque no la memoria de la tragedia.
El Eco del Lago Taiping
Aunque el lago ya no existe, visitar el lugar donde estuvo es un acto de recuerdo. Es un momento para reflexionar sobre la fragilidad de la vida y el arte ante la locura ideológica. La muerte de Lao She significó una pérdida incalculable para la literatura china, el silenciar de una de sus voces más auténticas y humanas. Sin embargo, su legado resultó ser más fuerte que sus perseguidores. En 1978, fue rehabilitado póstumamente y su obra volvió a publicarse, recibiendo un fervor renovado.
Un Legado Vivo en las Calles de Pekín
El verdadero legado de Lao She no se encuentra solo en museos o placas conmemorativas, sino en la propia ciudad de Pekín. Su obra ha preservado el dialecto, las costumbres y el espíritu del viejo Pekín de una manera que ninguna historia oficial podría lograr. Gracias a él, podemos escuchar el pregón de los vendedores ambulantes, sentir la textura de los muros de un hutong y comprender los sueños y las luchas de la gente común. Leer a Lao She es obtener las llaves de la ciudad, una llave que abre no solo las puertas físicas, sino también las del corazón de sus habitantes. Sigue siendo el «Artista del Pueblo», un título que ganó no por decreto oficial, sino por el afecto perdurable de los lectores que encuentran en sus páginas el reflejo de sus propias vidas, su humor, su resiliencia y su inquebrantable amor por su hogar.
Saboreando el Pekín de Lao She: Gastronomía y Cultura Local

Un viaje siguiendo las huellas de Lao She no estaría completo sin una inmersión en la cultura sensorial de Pekín, especialmente en su gastronomía. La comida ocupa un lugar central en sus novelas, reflejando la identidad, el estatus social y los placeres sencillos de la vida cotidiana. Degustar los platos que disfrutaban sus personajes es otra manera de conectar con su mundo.
Platos Esenciales del Pekín Literario
- Pato laqueado a la pekinesa (Běijīng Kǎoyā): Aunque es un manjar de la realeza, su fama es inevitable. Saborear este plato en un restaurante histórico como Quanjude o Bianyifang es un auténtico ritual pekinés.
- Fideos con salsa de soja frita (Zhájiàngmiàn): Este es el verdadero sabor casero de Pekín. Un plato contundente de fideos gruesos bañados con una sabrosa salsa de cerdo y soja fermentada, acompañados de diversas verduras frescas. Es la clase de comida reconfortante que Xiangzi habría deseado después de una larga jornada laboral.
- Leche de soja fermentada (Dòuzhī): No apta para los delicados. Esta bebida tradicional de Pekín tiene un sabor ácido y un aroma intenso que divide a los locales y desconcierta a los visitantes. Lao She, como verdadero pekinés, la menciona en sus escritos. Probarla, aunque sea en un pequeño sorbo, es un rito de iniciación cultural.
- Cordero hervido (Shuàn Yángròu): El «hot pot» al estilo pekinés. En invierno, familiares y amigos se reúnen alrededor de una olla de cobre con chimenea para cocinar finas lonchas de cordero y verduras en un caldo hirviendo. Es una experiencia social y sabrosa que refleja las raíces manchúes de Lao She.
- Brochetas de fruta caramelizada (Tánghúlu): Un dulce emblemático de las calles de Pekín, especialmente durante el invierno. Espinos chinos (o fresas, kiwis, entre otros) recubiertos con un brillante y crujiente caramelo. Un capricho visual y gustativo ideal para un paseo por los hutongs.
Sumergiéndose en la Vida Local
Para captar genuinamente el espíritu de la ciudad, hay que vivirla como un habitante. Levántese temprano y visite un parque como el del Templo del Cielo o el Parque Beihai. Allí verá grupos practicando tai chi, cantando ópera, bailando o escribiendo caligrafía en el suelo con pinceles de agua. Es una maravillosa muestra de vida comunitaria. Camine por la zona de Shichahai, un conjunto de tres lagos rodeados de sauces llorones y hutongs. Alquile un bote en verano o patine sobre el hielo en invierno. Siéntese en un café junto al lago y contemple el paso del tiempo. Son en estos momentos de tranquila observación, lejos de las multitudes turísticas, cuando el Pekín de Lao She se siente más próximo y vivo.
Conclusión: El Pekín Eterno en la Tinta de un Maestro
Recorrer Pekín a través de la lente de Lao She es redescubrir una ciudad. Es transformar un simple paseo en un diálogo con la historia, convertir un plato de fideos en un acto de comunión literaria y hallar en el rostro de un anciano de un hutong el reflejo de un personaje de novela. Lao She nos enseñó que el alma de una ciudad no se encuentra en sus monumentos imperiales, sino en las historias anónimas de su gente, en su resiliencia, su humor y su capacidad para descubrir la belleza en medio de la adversidad. Aunque el Pekín que él describió con tanto cariño se desvanece ante el avance de la modernidad, su espíritu permanece. Perdura en el laberinto gris de los hutongs, en el eco lejano de los tambores, en el aroma del té de jazmín y, sobre todo, en las páginas inmortales que nos legó. Viajar a Pekín con un libro de Lao She en la mano no es solo un homenaje a un gran escritor; es un regalo para nosotros mismos, una oportunidad de ver más allá de la superficie y encontrar el corazón eterno de una de las ciudades más fascinantes del mundo. Es un viaje que inspira, conmueve y nos recuerda que, pese a todo, la humanidad y sus historias son lo que verdaderamente perdura.

