El extraordinario éxito global de ‘Dune: Parte Dos’, que ha recaudado más de 700 millones de dólares en la taquilla mundial, no solo ha conquistado a la crítica y al público, sino que también ha desatado un fenómeno turístico inesperado. Los áridos y majestuosos paisajes que dieron vida al planeta Arrakis en la pantalla grande se han convertido en el nuevo objeto de deseo para viajeros de todo el mundo, impulsando un notable crecimiento en el turismo hacia Jordania y Abu Dabi.
Los escenarios reales de un mundo de ficción
Para recrear el épico planeta desértico de Arrakis, el director Denis Villeneuve eligió dos de los desiertos más impresionantes del planeta: el uadi Rum en Jordania y el desierto de Rub al-Jali en Abu Dabi. Estas localizaciones no fueron seleccionadas al azar; su belleza sobrenatural y su inmensidad eran esenciales para capturar la esencia de la novela de Frank Herbert.
Wadi Rum: El Valle de la Luna
El uadi Rum, conocido como el Valle de la Luna, es un paisaje protegido por la UNESCO en el sur de Jordania. Sus arenas rojizas y sus formaciones rocosas de arenisca esculpidas por el viento durante milenios han sido escenario de grandes producciones cinematográficas, incluyendo clásicos como ‘Lawrence de Arabia’ y éxitos más recientes como ‘The Martian’. Sin embargo, su papel como el hogar de los Fremen en ‘Dune’ ha revitalizado su atractivo, presentando su paisaje a una nueva generación de cinéfilos y aventureros.
Rub al-Jali: El «Lugar Vacío»
Por otro lado, el desierto de Rub al-Jali en Abu Dabi, cuyo nombre significa «el Lugar Vacío», es el desierto de arena más grande del mundo. Sus dunas monumentales, que se extienden hasta donde alcanza la vista, proporcionaron la escala perfecta para las escenas más grandiosas de Arrakis, como aquellas que involucran a los gigantescos gusanos de arena. La elección de Abu Dabi también refleja el creciente papel de la región como un centro de producción cinematográfica de primer nivel, gracias a sus incentivos y su infraestructura de apoyo.
Un impacto económico escrito en la arena
El «efecto Dune» ya se está sintiendo en las economías locales. Agencias de viajes y operadores turísticos tanto en Jordania como en Abu Dabi reportan un aumento significativo en las consultas y reservas. Los viajeros no solo quieren ver los lugares de rodaje, sino que buscan una inmersión completa: desean acampar bajo las estrellas como los Fremen, recorrer las dunas en vehículos 4×4 y experimentar la sobrecogedora belleza del desierto que cautivó a los espectadores.
- Aumento de reservas: Fuentes del sector turístico jordano indican un incremento notable en las solicitudes de tours especializados en «la ruta de Dune».
- Nuevos paquetes turísticos: Han surgido ofertas de viaje temáticas que prometen llevar a los visitantes a los puntos exactos del rodaje, combinando la experiencia cinematográfica con la cultura local beduina.
- Promoción internacional: Las comisiones de cine y las autoridades de turismo de ambos destinos están aprovechando este impulso para promover sus países como lugares ideales no solo para el turismo, sino también para futuras producciones audiovisuales, lo que promete un flujo económico sostenido.
El futuro: Sostenibilidad y nuevas oportunidades
Este auge del turismo cinematográfico, o «set-jetting», presenta tanto oportunidades como desafíos. El principal reto es gestionar el aumento de visitantes de manera sostenible para proteger estos frágiles ecosistemas desérticos. Las autoridades locales y los operadores turísticos tienen la responsabilidad de asegurar que la magia de estos paisajes perdure para futuras generaciones, implementando prácticas de turismo responsable.
A largo plazo, el éxito de ‘Dune’ podría consolidar a Jordania y Abu Dabi como destinos de referencia para el turismo de aventura y cultural. La película ha funcionado como la campaña de marketing más espectacular posible, mostrando al mundo unos paisajes que, aunque parecen de otro planeta, están al alcance de los viajeros que buscan una experiencia verdaderamente transformadora. El renacimiento de ‘Dune’ ha demostrado que la ficción tiene el poder de redefinir la realidad, convirtiendo la arena de un planeta imaginario en una fuente de prosperidad económica real.

