El cine, en su esencia más pura, es un portal. Un umbral que nos transporta a otros tiempos, a otras vidas, a realidades que de otro modo nos serían ajenas. Y hay películas que no solo nos transportan, sino que nos marcan, nos sacuden y nos obligan a mirar de frente los abismos de la condición humana. ‘Der Untergang’ (‘La Caída’ en el mundo hispanohablante), la obra maestra de Oliver Hirschbiegel, es una de esas películas. Es un descenso vertiginoso y claustrofóbico a los últimos doce días del Tercer Reich, confinados en la atmósfera irrespirable del Führerbunker. La interpretación de Bruno Ganz como Adolf Hitler no es una actuación, es una transfiguración que heló la sangre del mundo y redefinió los límites de la representación histórica en la pantalla.
Pero, ¿dónde yace el alma de esos escenarios? ¿Dónde se materializó el hormigón opresivo del búnker, las calles devastadas de un Berlín en llamas, el eco de la locura y la desesperación? Este no es un simple artículo sobre localizaciones de rodaje. Es una invitación a una peregrinación. Un viaje que nos llevará desde la gélida majestuosidad de San Petersburgo, que prestó su piel para encarnar a la capital alemana en su agonía, hasta los legendarios estudios de cine de Múnich, donde el corazón del búnker fue recreado con una fidelidad obsesiva. Y finalmente, nos detendremos en el Berlín actual, para buscar el silencio de la historia en el lugar exacto donde todo terminó. Este es un recorrido para el cinéfilo, para el historiador aficionado, para el viajero que busca más que postales. Es un viaje para sentir el peso de la historia, la magia del cine y la persistente resonancia de aquellos días finales que cambiaron el mundo para siempre. Acompáñenme, como Li Wei, en este peregrinaje a través del tiempo y el espacio, siguiendo las huellas indelebles de ‘Der Untergang’.
Si te ha cautivado este viaje cinematográfico a través de la historia, también te interesará explorar el viaje cinematográfico al corazón de la crisis financiera de 2008.
La Reconstrucción de un Mundo en Ruinas: El Desafío Cinematográfico de ‘Der Untergang’

Para entender la magnitud de la peregrinación a los escenarios de ‘Der Untergang’, primero debemos adentrarnos en la audacia de su creación. La película no fue simplemente un proyecto; representó un acto de valentía cinematográfica, especialmente dentro de la industria alemana. Durante décadas, la representación de Adolf Hitler en el cine alemán había sido un tabú: una figura demasiado monstruosa para ser humanizada y demasiado compleja para reducirla a una caricatura. Oliver Hirschbiegel y el productor Bernd Eichinger se atrevieron a romper ese silencio, no para justificar ni glorificar, sino para comprender. Basaron su trabajo en testimonios de testigos presenciales, principalmente en las memorias de Traudl Junge, secretaria personal de Hitler, y en la monumental obra del historiador Joachim Fest, ‘El Hundimiento’. El objetivo era lograr autenticidad, un realismo casi documental que sumergiera al espectador en el corazón de la bestia, en la claustrofobia física y psicológica del búnker.
Este compromiso con la verdad histórica presentó un desafío logístico y artístico enorme. ¿Cómo recrear el Berlín de 1945? La ciudad moderna, renacida de sus cenizas, es un palimpsesto de historia; sin embargo, las cicatrices visibles de la Batalla de Berlín han sido en su mayoría reparadas y cubiertas por décadas de reconstrucción y reunificación. Rodar en las calles actuales de Berlín para representar su destrucción era una imposibilidad práctica y visual. La arquitectura ha cambiado, el paisaje urbano es distinto, y la atmósfera es la de una metrópolis vibrante, no la de un cementerio apocalíptico. Además, la logística de cerrar calles céntricas para simular una zona de guerra habría sido una pesadilla de producción con costos prohibitivos.
Aquí fue donde intervino la genialidad de la producción, tomando una decisión que definiría la estética de la película y el destino de nuestra peregrinación: mirar hacia el Este. La búsqueda de un ‘doble’ para el Berlín de 1945 los llevó a San Petersburgo, Rusia. Una elección que, a primera vista, podría parecer sorprendente, pero que resultó ser un golpe maestro. La antigua capital de los zares, con su majestuosa arquitectura de los siglos XVIII y XIX y, crucialmente, con vastas zonas industriales de la era soviética en desuso, ofrecía el lienzo perfecto para plasmar la desolación. Estos distritos olvidados, con sus fachadas de ladrillo desgastado y calles adoquinadas, poseían una textura, una melancolía y una escala que evocaban de manera asombrosa el Berlín de esa época. Era una ciudad que podía sangrar y arder en pantalla sin las limitaciones de una capital europea moderna y funcional. La decisión estaba tomada: el Götterdämmerung, el ‘ocaso de los dioses’ del Tercer Reich, encontraría su representación visual en la antigua Leningrado, una ciudad que, irónicamente, había sufrido uno de los asedios más brutales de esa misma guerra. Esta dualidad histórica añade una capa de profundidad y resonancia a cada escena filmada allí, convirtiendo a San Petersburgo en el primer y más crucial destino de nuestro viaje.
San Petersburgo: El Alma de un Berlín Agonizante
San Petersburgo no fue solo una localización conveniente para el equipo de ‘Der Untergang’; se transformó en un personaje más, encarnando el cuerpo herido y febril de Berlín. La ciudad rusa brindó una autenticidad cruda que habría sido imposible de replicar en un estudio o mediante efectos digitales a la escala que la película requería. La elección no fue casual. El director de fotografía, Rainer Klausmann, y el diseñador de producción, Bernd Lepel, encontraron en los distritos industriales y en las calles menos transitadas de San Petersburgo un reflejo visual perfecto de la arquitectura berlinesa de la primera mitad del siglo XX. Muchas edificaciones de la era zarista y soviética temprana compartían similitudes estilísticas con los edificios de barrios como Mitte o Kreuzberg antes de su destrucción. Pero fue el estado de ciertos barrios, marcado por el paso del tiempo y el abandono postsoviético, lo que los convirtió en el escenario ideal.
La producción se enfocó en áreas específicas, principalmente en distritos industriales a las afueras del centro histórico, donde viejas fábricas y almacenes de ladrillo rojo ofrecían un telón de fondo de una autenticidad impresionante. Estos edificios, con sus ventanas rotas, fachadas cubiertas de hollín y aire de abandono, no requerían grandes modificaciones para representar una ciudad bajo un bombardeo constante. El equipo de arte simplemente añadió escombros, vehículos quemados y señales de batalla para completar la ilusión. Fue una forma de arqueología cinematográfica: en lugar de construir un mundo desde cero, rescataron y adaptaron uno ya existente, impregnado de su propia historia y melancolía.
Esta decisión estratégica no solo aportó beneficios visuales, sino también atmosféricos. Rodar en localizaciones reales, con frío auténtico, el tacto del ladrillo antiguo y el eco de pasos en calles vacías, impactó profundamente a actores y equipo. Los extras, muchos de ellos locales, se movían en un paisaje de destrucción palpable. Cuando vemos a civiles corriendo para refugiarse o a soldados defendiendo barricadas improvisadas, no están en un plató con pantalla verde detrás; están en una calle real, sintiendo el frío de Europa del Este, rodeados de una decadencia genuina. Esta inmersión sensorial se refleja directamente en la pantalla, contribuyendo a la sensación de realismo documental que caracteriza a la película.
Tras los pasos de la Cancillería del Reich en las calles de Rusia
La peregrinación del cinéfilo en San Petersburgo comienza en el lugar donde la desesperación de la película se percibe con mayor intensidad: en las escenas exteriores que recrean los alrededores de la Cancillería del Reich y el Führerbunker. Aunque el edificio se recreó parcialmente o se sugirió, las calles aledañas, donde se libran algunas de las batallas más feroces y se desarrollan momentos humanos desgarradores, fueron filmadas en el distrito de Kirovsky, especialmente en la zona alrededor de la estación de metro Narvskaya. Esta área, conocida por su arquitectura industrial estalinista y sus enormes complejos fabriles, se convirtió en el corazón del Berlín cinematográfico.
Una localización clave fue una antigua fábrica en la calle Promyshlennaya. Sus amplios patios interiores y sus fachadas monumentales y austeras sirvieron para representar la entrada al complejo de la Cancillería. Aquí se filmaron escenas icónicas, como la condecoración de los jóvenes miembros de las Juventudes Hitlerianas por un Hitler tembloroso y encorvado. Caminar por estas calles hoy es una experiencia extraña y poderosa. Aunque alguna actividad industrial ha regresado a ciertas áreas, muchas de las estructuras antiguas permanecen, silenciosas y expectantes. El visitante puede detenerse en esos patios, observar las mismas paredes de ladrillo y, con imaginación, escuchar el eco de los disparos, el retumbar de la artillería y la voz quebrada de Hitler agradeciendo a unos niños por defender una causa perdida. Es un lugar que no aparece en las guías turísticas convencionales de San Petersburgo, pero para el fan de ‘Der Untergang’, es un santuario.
Otra escena crucial, el suicidio público de la familia Goebbels en los jardines de la Cancillería, también se rodó en los alrededores de estas zonas industriales, utilizando patios traseros y pequeños parques abandonados que, con la magia del diseño de producción, se transformaron en el desolado jardín del búnker. Explorar esta área requiere espíritu aventurero. Se aconseja llevar un mapa, capturas de pantalla de la película y la disposición para perderse un poco. La recompensa es inmensa: descubrir el ángulo exacto de una toma, reconocer una pared o ventana y sentir esa conexión tangible entre el lugar real y el mundo ficticio que cautivó en la pantalla.
Para llegar, la línea 1 (roja) del metro de San Petersburgo conduce directamente a la estación Narvskaya. Desde allí, es posible caminar a través de un paisaje urbano que parece detenido en el tiempo. Se recomienda visitar durante el día y mantener respeto, ya que son áreas residenciales e industriales activas. No esperes placas conmemorativas ni tours organizados; esta es una peregrinación personal y un descubrimiento íntimo de la historia del cine.
La atmósfera de la desesperación: un viaje sensorial
Visitar los lugares de rodaje de ‘Der Untergang’ en San Petersburgo es mucho más que localizar escenas; es una inmersión sensorial en la atmósfera que la película transmite con tanta maestría. Para captar verdaderamente la esencia de este viaje, hay que ir más allá de lo visual y abrirse a lo que el lugar evoca en un nivel más profundo. El mejor momento para emprender esta exploración es probablemente el otoño tardío o el invierno. El cielo gris y plomizo de San Petersburgo, la luz pálida y difusa, el frío que cala hasta los huesos y la posible presencia de una ligera capa de nieve o aguanieve en el suelo contribuyen a recrear la paleta de colores sombría y la sensación de opresión de la película.
Al caminar por las calles del distrito de Kirovsky es importante prestar atención a los sonidos. El zumbido lejano del tráfico moderno se mezcla con el silbido del viento entre edificios abandonados, un sonido que fácilmente puede convertirse en el lamento de sirenas antiaéreas en la imaginación. El crujido de los propios pasos sobre grava o asfalto agrietado puede evocar la marcha de soldados agotados o civiles desesperados. Es un lugar que invita a la contemplación silenciosa. Sentarse en un banco, si se encuentra uno, y observar la interacción de luz y sombra en las fachadas de ladrillo puede resultar una experiencia profundamente meditativa. En estos momentos de quietud, la barrera entre el presente y el pasado cinematográfico se vuelve más tenue.
Para fotógrafos, tanto aficionados como profesionales, estas localizaciones son un paraíso de texturas y estados de ánimo. El consejo es centrarse en los detalles: la pintura descascarada de una puerta, el óxido en una reja, los patrones de grietas en una pared. Utilizar una paleta de colores desaturada en la postproducción puede ayudar a emular la cinematografía de Rainer Klausmann. Busque composiciones que resalten la escala abrumadora de la arquitectura industrial, haciendo que cualquier figura humana parezca pequeña y vulnerable, un tema recurrente en el filme. No se trata solo de documentar el lugar, sino de capturar el sentimiento, la ‘Stimmung’ (atmósfera, en alemán) que convirtió estas calles en el escenario perfecto para el fin del mundo.
Este viaje sensorial no concluye en las localizaciones exactas. Tras recorrer la zona de Narvskaya, un paseo por el centro histórico de San Petersburgo, a lo largo de sus canales, ofrece un contrapunto necesario. La belleza y opulencia de la ciudad de los zares contrasta brutalmente con la desolación de los escenarios de la película, recordando al visitante la dualidad de la historia y la capacidad de ciudades como San Petersburgo (Leningrado) y Berlín para sobrevivir, reconstruirse y renacer de las cenizas más oscuras.
Múnich: El Corazón del Búnker en los Estudios de Baviera

Si San Petersburgo fue el cuerpo de ‘Der Untergang’, Múnich fue, sin duda, su corazón claustrofóbico y palpitante. Mientras las escenas exteriores de destrucción se rodaban en Rusia, la inmersión total en la locura y desintegración de los últimos días de Hitler tuvo lugar dentro de los legendarios Bavaria Film Studios, ubicados en Geiselgasteig, a las afueras de la capital bávara. Allí fue donde la meticulosidad y la obsesión por el detalle del equipo de producción alcanzaron su máximo nivel. No se podía filmar en el búnker real, ya que fue destruido casi por completo por los soviéticos y sus restos sellados bajo tierra. Por lo tanto, la única opción fue reconstruirlo desde cero, dando lugar a una de las construcciones de sets más impresionantes y psicológicamente impactantes en la historia del cine moderno.
Los Bavaria Film Studios son una institución tanto en el cine alemán como mundial. Fundados en 1919, han sido el hogar de producciones icónicas, desde ‘Das Boot’ de Wolfgang Petersen hasta ‘La historia interminable’ del mismo director. Su vasta experiencia y sus enormes platós proporcionaron el espacio y los recursos necesarios para un proyecto de la magnitud de ‘Der Untergang’. El diseñador de producción Bernd Lepel y su equipo emprendieron una investigación exhaustiva, utilizando planos originales del Führerbunker, fotografías de la época, testimonios de supervivientes y toda la información disponible para reconstruir el laberinto de hormigón con una precisión casi arqueológica.
El set no fue solo una aproximación; fue una réplica funcional y detallada. Se construyeron pasillos estrechos, pequeñas habitaciones, la centralita telefónica, la sala de conferencias donde Hitler movía ejércitos fantasmales sobre un mapa, y sus aposentos privados. Pero la genialidad no residía únicamente en la arquitectura, sino en la textura. Las paredes no eran lisas ni limpias; fueron diseñadas para ‘sudar’, mostrar la humedad y el moho que, según los relatos, impregnaban el búnker real debido a su construcción apresurada y su proximidad al nivel freático de Berlín. La iluminación fue hecha para ser opresiva, con la luz parpadeante de bombillas desnudas y el constante zumbido de generadores diésel que suministraban energía. Todo estaba pensado para crear un entorno sensorialmente abrumador, un útero de hormigón que asfixiaba a sus habitantes y, por extensión, al espectador.
Dentro del Führerbunker: La Magia del Cine en Geiselgasteig
El set del Führerbunker en los estudios Bavaria fue mucho más que un simple telón de fondo; fue un catalizador para las interpretaciones. El propio Bruno Ganz señaló en entrevistas cómo el entorno físico del set le ayudó a meterse en la piel de un Hitler decrépito y aislado. El espacio reducido, los techos bajos y la sensación de estar atrapado bajo toneladas de tierra contribuyeron a la intensidad de cada escena. Los actores no tuvieron que imaginar la claustrofobia; la vivieron. Cuando vemos a los personajes moverse por pasillos abarrotados, chocando entre sí, sudando bajo el calor de las luces y el aire viciado, estamos observando una reacción genuina a un ambiente diseñado para ser incómodo y estresante.
Bernd Lepel y su equipo prestaron una atención obsesiva a los detalles más mínimos. Los muebles fueron recreados o adquiridos para coincidir con el estilo de la época. Los mapas en las paredes eran reproducciones exactas de los mapas militares usados en 1945. Incluso los objetos sobre los escritorios, los teléfonos, las máquinas de escribir, todo fue cuidadosamente seleccionado para mantener la ilusión de autenticidad. Esta dedicación al detalle es lo que distingue a ‘Der Untergang’ de otras películas históricas. No hay un solo momento en que el espectador sea sacado de la ficción por un anacronismo o un detalle fuera de lugar. La inmersión es total y aterradora.
Una de las características más ingeniosas del diseño del set fue su modularidad. Aunque parecía un laberinto sólido, algunas paredes podían moverse o retirarse para permitir la colocación de cámaras y equipos de iluminación. Esto le dio al director Oliver Hirschbiegel la flexibilidad para filmar desde ángulos íntimos y voyeuristas, haciendo que el espectador se sintiera como un fantasma invisible, un testigo silencioso de la desintegración del poder. La cámara a menudo se mueve a la altura de los hombros, siguiendo a los personajes por los pasillos, aumentando la sensación de inmediatez y caos. Este estilo de filmación, casi documental, fue posible gracias a la inteligencia con que se diseñó y construyó el set.
¿Se Puede Visitar el Set? Una Peregrinación al Templo del Cine Alemán
Para el peregrino cinematográfico, la pregunta inevitable es: ¿se puede recorrer hoy en día esos pasillos opresivos? La respuesta, lamentablemente, es no en su forma original. Los sets de cine, especialmente los tan complejos, suelen ser estructuras temporales que se desmontan tras el rodaje para dar paso a la siguiente producción. El set de ‘Der Untergang’ no fue la excepción, y ya no existe tal como se mostró en la película.
Sin embargo, esto no significa que visitar los Bavaria Film Studios en Múnich sea infructuoso. Todo lo contrario. El complejo ofrece una atracción turística popular llamada ‘Bavaria Filmstadt’, un tour que lleva a los visitantes a través de la historia y la magia del cine alemán. Aunque no sea posible entrar en el búnker de Hitler, el recorrido ofrece una visión fascinante del proceso de producción cinematográfica. Se pueden ver otros sets famosos, como el submarino de ‘Das Boot’ o áreas del mundo fantástico de ‘La historia interminable’.
Una visita a Filmstadt es una peregrinación al corazón creativo donde ‘Der Untergang’ cobró vida. Los guías suelen compartir anécdotas sobre las numerosas películas filmadas allí, y probablemente puedan señalar el plató exacto donde se construyó el búnker, además de relatar historias de la producción. Es una oportunidad para estar en el espacio físico donde Bruno Ganz realizó su transformación monumental y para sentir la energía de uno de los centros neurálgicos del cine europeo. Asimismo, Filmstadt suele contar con exposiciones temporales y atracciones interactivas que celebran el arte cinematográfico.
Para llegar, desde el centro de Múnich, se puede tomar el tranvía número 25 con dirección a Grünwald y bajar en la parada ‘Bavariafilmplatz’. El viaje es agradable y atraviesa los frondosos suburbios del sur de la ciudad. Se recomienda comprar las entradas para el tour con anticipación, especialmente en temporada alta. Aunque el búnker ya no exista, una visita a los Bavaria Film Studios es el complemento perfecto para un viaje a San Petersburgo. Es pasar de la piel exterior de la película a su alma interna, de la representación de la destrucción a la celebración de la creación artística.
Berlín: El Eco Real de la Historia
Tras haber explorado los paisajes cinematográficos de San Petersburgo y los estudios creativos de Múnich, nuestra peregrinación llega a su clímax en el corazón mismo de la historia: Berlín. Aquí no buscamos escenarios de filmación, sino las verdaderas huellas, los fantasmas de los acontecimientos que la película retrató con tanta crudeza. Visitar Berlín después de ver ‘Der Untergang’ es una experiencia profundamente conmovedora y necesaria. Es el acto de superponer las imágenes del filme sobre la realidad tangible de una ciudad vibrante y renacida, un ejercicio que revela tanto el pasado como el presente. En Berlín, la ficción cinematográfica se encuentra con el peso ineludible de la historia, y el silencio puede hablar más que cualquier diálogo.
La ciudad es hoy un monumento a la resiliencia. Sus cicatrices, a menudo escondidas bajo capas de modernidad y reconstrucción, permanecen para quien sabe dónde mirar. Caminar por Berlín es recorrer la historia. Cada calle y plaza albergan relatos, muchos entrelazados con los sucesos de abril de 1945. Este tramo de nuestro viaje no busca el encuadre perfecto para la cámara, sino crear un espacio para la reflexión, para conectar con el espíritu del lugar y entender el contexto que dio origen a la historia de ‘La Caída’. Es el acto final de nuestra peregrinación, el más solemne y, quizás, el más relevante.
El Lugar del Führerbunker Hoy: Un Aparcamiento y un Silencio Profundo
El destino final, donde historia y película convergen, es el emplazamiento del antiguo Führerbunker. Quienes esperen un monumento grandioso, una reconstrucción o un museo encontrarán una realidad muy distinta y, en muchos aspectos, más poderosa. El sitio donde Adolf Hitler y otros altos mandos nazis pasaron sus últimos días, donde se tomaron decisiones que costaron cientos de miles de vidas y donde la historia del siglo XX giró decisivamente, es hoy un modesto aparcamiento junto a un bloque de apartamentos de la era de la Alemania Oriental.
Localizado en la esquina de In den Ministergärten con Gertrud-Kolmar-Straße, a pocos pasos del imponente Monumento a los Judíos de Europa Asesinados, el lugar permanece deliberadamente anónimo. Durante décadas tras la guerra, no tuvo marca alguna. Las autoridades alemanas, temiendo que pudiera convertirse en santuario para neonazis, optaron por dejarlo en el olvido, cubriéndolo primero con el Muro de Berlín y luego con tierra y césped. Fue hasta 2006, coincidiendo con el Mundial de Fútbol y un renovado interés público, cuando se instaló una discreta placa informativa.
Esa placa es todo lo que existe. De pie junto a ella, en medio del aparcamiento, se siente una mezcla desconcertante de sensaciones. Es un lugar de extraña normalidad. Se oyen niños jugando en un patio cercano, vecinos aparcando sus coches, turistas consultando mapas. Y sin embargo, bajo el asfalto, reposan los restos ocultos del epicentro de una ideología genocida. Esta yuxtaposición refleja profundamente la forma alemana de enfrentar un pasado difícil: sin dramatismo ni glorificación, solo un hecho presentado con sobriedad. La placa muestra un diagrama del búnker y un resumen breve de los hechos que ocurrieron allí. Leerlo mientras se está sobre el sitio real resulta estremecedor.
Para el cinéfilo, es momento de rememorar las escenas de la película: el temblor en la mano de Hitler, el fanatismo de Goebbels, el llanto de los niños, el disparo solitario. Imaginar todo eso sucediendo justo bajo tus pies, en este espacio ahora tan cotidiano, es comprender el verdadero poder del cine para dar vida a la historia y la responsabilidad que la historia tiene para anclarnos en la realidad. La visita al búnker no es espectacular, pero sí esencial. Es un instante de silencio y reflexión sobre la fragilidad de la civilización y la oscuridad que puede acechar bajo lo cotidiano.
Un Recorrido por el Berlín de los Últimos Días
La peregrinación histórica en Berlín no concluye en el aparcamiento. Toda la ciudad es un museo al aire libre que narra los últimos días del Tercer Reich. Desde el emplazamiento del búnker, es posible seguir a pie un itinerario que conecta varios puntos clave, creando un mapa físico y emocional de los hechos de la película.
Un punto natural de partida es el Reichstag, sede del parlamento alemán. Su moderna cúpula de cristal, diseñada por Norman Foster, simboliza la transparencia de la nueva Alemania, aunque el edificio conserva sus cicatrices. Busque los grafitis de los soldados soviéticos que lo capturaron en mayo de 1945, preservados como recordatorio histórico. La icónica imagen del soldado izando la bandera roja en su tejado marcó el final simbólico de la Batalla de Berlín, una escena evocada en los momentos finales de ‘Der Untergang’.
Desde allí, un breve paseo conduce a la Puerta de Brandeburgo, emblema de Berlín y Alemania. En 1945, estaba severamente dañada y en tierra de nadie, testigo silencioso de la destrucción. Hoy restaurada, representa un símbolo de paz y reunificación. Pararse ante ella e imaginarla rodeada de tanques y ruinas es un poderoso ejercicio de contraste histórico.
A pocos metros se encuentra el mencionado Monumento al Holocausto, un campo ondulante compuesto por 2,711 estelas de hormigón. Caminar por sus estrechos pasillos es una experiencia opresiva y desorientadora, una representación abstracta del horror y la pérdida. Es un lugar fundamental para la reflexión, recordatorio de las causas y consecuencias de la guerra y la caída del régimen.
Siguiendo hacia el sur se llega a la ‘Topografía del Terror’, un museo y centro de documentación ubicado en el lugar de las antiguas sedes de la Gestapo y las SS. Allí, la maquinaria burocrática del terror nazi se exhibe con un detallismo escalofriante. Es un complemento académico y profundamente perturbador a la narrativa personal de la película.
Finalmente, un paseo por Wilhelmstrasse, antigua arteria central del gobierno nazi, completa el recorrido. Aunque la mayoría de sus edificios originales fueron destruidos, algunos, como el antiguo Ministerio del Aire del Reich (hoy Ministerio de Finanzas), permanecen como imponentes ejemplos de arquitectura nazi. Recorrer esta avenida e imaginar el poder que emanaba es el epílogo perfecto para un día de inmersión en la historia más oscura de Berlín.
Este recorrido no es alegre, pero es esencial. Une los puntos entre la ficción que nos conmovió y la realidad que nunca debe olvidarse. Es el paso final para comprender ‘Der Untergang’, no solo como una película, sino como una ventana a un pasado que sigue resonando en el presente.
El Viajero Cinéfilo: Consejos Prácticos para una Peregrinación Inolvidable

Embarcarse en la peregrinación de ‘Der Untergang’ representa un viaje ambicioso que abarca tres ciudades, dos países y una inmersión profunda en la historia y el cine. Requiere una planificación cuidadosa para aprovechar al máximo la experiencia. Esta sección está creada para ofrecerte consejos prácticos y logísticos que te ayudarán a diseñar tu propio itinerario, transformando una idea en una aventura tangible y memorable.
Planificando tu Itinerario: De San Petersburgo a Berlín
La ruta lógica para este viaje sigue la narrativa de nuestra exploración: primero San Petersburgo, luego Múnich y finalmente Berlín. Sin embargo, la logística de los vuelos puede sugerir otras combinaciones, por lo que es importante mantener la flexibilidad.
Duración y Ritmo: Para hacer justicia a las tres ciudades, se recomienda un mínimo de 10 a 12 días. Esto permitiría dedicar unos 3-4 días a San Petersburgo, 2-3 días a Múnich y 4-5 días a Berlín. Este ritmo permite no solo visitar los lugares clave relacionados con la película, sino también absorber la atmósfera de cada ciudad y explorar sus otros encantos.
Visados y Moneda: Para San Petersburgo (Rusia), la mayoría de las nacionalidades necesitarán un visado. Es fundamental investigar los requisitos específicos para tu país con suficiente antelación, ya que el trámite puede llevar tiempo. Rusia utiliza el rublo (RUB). Alemania, al formar parte del Espacio Schengen y la Eurozona, es más accesible para muchos viajeros y utiliza el euro (EUR). Asegúrate de que tu pasaporte posea la validez requerida.
Transporte:
- Entre ciudades: La forma más eficiente de desplazarse entre San Petersburgo, Múnich y Berlín es en avión. Varias aerolíneas, tanto de bajo coste como tradicionales, operan estas rutas. Reservar con anticipación suele garantizar mejores precios. Alternativamente, para el tramo Múnich-Berlín, el tren de alta velocidad (ICE) es una opción excelente y panorámica que permite disfrutar del paisaje alemán.
- Dentro de las ciudades: Las tres cuentan con sistemas de transporte público excelentes. En San Petersburgo, el metro es no solo eficiente, sino que sus estaciones son verdaderos palacios subterráneos. En Múnich y Berlín, las redes de U-Bahn (metro), S-Bahn (tren suburbano), tranvías y autobuses son integradas y fáciles de usar. Considera adquirir abonos de transporte de varios días para ahorrar dinero y tiempo.
Alojamiento: Cada ciudad ofrece una amplia variedad de opciones, desde hostales económicos hasta hoteles de lujo. Para una experiencia más auténtica, considera alojarte en barrios con personalidad. En San Petersburgo, cerca de la Avenida Nevski para estar en el centro de la actividad. En Múnich, en barrios como Schwabing o Haidhausen para un ambiente más local. En Berlín, Kreuzberg o Prenzlauer Berg brindan una vibrante escena artística y gastronómica, mientras que Mitte te sitúa cerca de la mayoría de los sitios históricos.
Mejor Época para Viajar: Como se mencionó anteriormente, el otoño y el invierno pueden ofrecer una atmósfera más acorde con el tono de la película, especialmente en San Petersburgo y Berlín. Sin embargo, la primavera y el verano presentan un clima más agradable y más horas de luz para explorar. La elección dependerá de si priorizas la atmósfera o la comodidad climática.
Más Allá de la Pantalla: Sumergiéndose en la Cultura Local
Una peregrinación cinematográfica no debería limitarse exclusivamente a los lugares de rodaje. La experiencia se enriquece considerablemente al adentrarse en la cultura, la gastronomía y la vida contemporánea de cada ciudad. Esto aporta un contexto vital y un necesario respiro de la intensidad temática de ‘Der Untergang’.
En San Petersburgo:
- Arte y Cultura: Dedica al menos un día completo al Museo del Hermitage, uno de los museos más grandes y prestigiosos del mundo. Asistir a un ballet en el Teatro Mariinski es otra experiencia cultural inolvidable.
- Gastronomía: Prueba platos rusos clásicos como el Borsch (sopa de remolacha), los Pelmeni (dumplings) y los Blinis (crepes). Acompaña la comida con un vaso de kvas o, para los más atrevidos, un chupito de vodka.
- Exploración: Pasea en barco por los canales para comprender por qué se la conoce como ‘la Venecia del Norte’. Visita la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada y la Fortaleza de San Pedro y San Pablo.
En Múnich:
- Tradición Bávara: Visita una cervecería tradicional (Hofbräuhaus es la más famosa, pero hay muchas otras más auténticas) y disfruta de una cerveza de litro (Maß) y un pretzel gigante. Si viajas a finales de septiembre, el Oktoberfest es una experiencia única.
- Tecnología y Naturaleza: Explora el Deutsches Museum, uno de los museos de ciencia y tecnología más antiguos y grandes del mundo. Relájate en el Englischer Garten, un vasto parque urbano incluso más grande que el Central Park de Nueva York.
- Gastronomía: No dejes de probar el Weisswurst (salchicha blanca), el Schweinshaxe (codillo de cerdo asado) y el Apfelstrudel (strudel de manzana).
En Berlín:
- Arte y Contracultura: Recorre la East Side Gallery, una sección del Muro de Berlín convertida en la galería de arte al aire libre más larga del mundo. Sumérgete en la escena artística de barrios como Kreuzberg y Neukölln.
- Historia Reciente: Además de los sitios del Tercer Reich, explora la historia de la Guerra Fría visitando el Checkpoint Charlie, el Memorial del Muro de Berlín en Bernauer Strasse y el Museo de la Stasi.
- Gastronomía Multicultural: Berlín es un crisol de culturas, y su escena gastronómica lo refleja. Prueba el famoso Currywurst en un puesto callejero, disfruta de la increíble comida turca (el döner kebab supuestamente se inventó aquí) y explora la creciente oferta de comida vietnamita.
Equilibrar la solemne búsqueda de los escenarios de ‘Der Untergang’ con la vibrante vida de estas tres metrópolis europeas hará que tu viaje sea más completo, profundo y, en definitiva, más humano. Es un diálogo entre pasado y presente, oscuridad y luz, que representa la esencia de cualquier gran viaje.
Conclusión: La Historia que Sigue Respirando
Nuestro viaje, que comenzó en la penumbra de una sala de cine, nos ha llevado por las calles de tres de las ciudades más fascinantes de Europa. Hemos recorrido los distritos industriales de San Petersburgo, imaginando el fuego y la furia del Berlín de 1945. Hemos vislumbrado la magia de los estudios de Múnich, donde la claustrofobia de un búnker fue recreada con una precisión impresionante. Y hemos permanecido en silencio en un aparcamiento de Berlín, sintiendo el peso de la historia bajo nuestros pies. Seguir las huellas de ‘Der Untergang’ significa mucho más que turismo cinematográfico; es una forma de conectar con la historia de manera visceral, íntima y profundamente personal.
La película de Oliver Hirschbiegel nos obligó a enfrentar un capítulo oscuro de la humanidad, no con la distancia segura de un libro de texto, sino con la inmediatez de la experiencia vivida. Nuestra peregrinación nos invita a hacer lo mismo: cerrar la brecha entre el pasado y el presente. Al visitar estos lugares, nos convertimos en algo más que espectadores. Nos convertimos en testigos. Testigos de la capacidad del cine para resucitar mundos perdidos, y testigos de la fortaleza de las ciudades y las personas para soportar, recordar y reconstruir.
Desde mi perspectiva como Li Wei, este viaje resuena con un tema universal que trasciende las fronteras europeas. La manera en que una nación enfrenta los capítulos más dolorosos de su pasado es una medida de su madurez y sabiduría. Alemania, con su enfoque de ‘Vergangenheitsbewältigung’ (superar el pasado), ofrece un modelo complejo y valiente. El anonimato deliberado del sitio del búnker en Berlín contrasta con otras formas de memoria histórica en Asia, pero el objetivo fundamental es el mismo: nunca olvidar, para nunca repetir.
Este viaje no ofrece respuestas fáciles. En cambio, plantea preguntas. ¿Qué es el mal? ¿Cómo se desintegra una sociedad? ¿Qué se necesita para mantener la humanidad en las circunstancias más inhumanas? Al final de esta peregrinación, no regresamos con un álbum de fotos, sino con una comprensión más profunda de la complejidad humana. Volvemos con la certeza de que la historia no es algo muerto y polvoriento, confinado a los libros. Es una fuerza viva que respira en las calles que recorremos, en los edificios que tocamos y en las historias que elegimos contar. ‘Der Untergang’ fue una de esas historias. Ahora, te toca a ti salir y encontrar sus ecos en el mundo real. El viaje te espera.

