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El Mapa Espectral de Don DeLillo: Un Peregrinaje por los Paisajes del Alma Americana

Hay escritores cuyos mundos se construyen con palabras, y hay otros, como Don DeLillo, que erigen sus universos sobre los cimientos agrietados de la geografía real, transformando ciudades, calles y desiertos en escenarios para la gran ópera de la conciencia americana de finales del siglo XX y principios del XXI. Realizar un peregrinaje por los lugares de DeLillo no es simplemente visitar localizaciones; es una inmersión en un mapa espectral, un viaje a través de los ecos, las ansiedades y las revelaciones que se esconden bajo el asfalto de Nueva York, en el zumbido fluorescente de un supermercado o en el silencio abrumador del desierto. Este no es un recorrido turístico convencional, sino una exploración de los paisajes físicos y mentales que dieron forma a una de las voces más proféticas y penetrantes de la literatura contemporánea. Partimos desde el epicentro de su cosmos, el Bronx, para trazar las líneas de fuerza que conectan su biografía con la ficción, buscando el pulso secreto de un mundo que él supo leer antes que nadie. Un mundo de multitudes solitarias, de lenguaje cifrado, de rituales secretos y de una belleza extraña y a menudo terrible. Es un viaje al corazón de la paranoia y la maravilla, guiado por la prosa rítmica y cortante de un maestro. Acompáñenme a descifrar el código geográfico de Don DeLillo, a caminar por las calles donde sus fantasmas todavía susurran las verdades ocultas de nuestro tiempo.

Este peregrinaje por los paisajes literarios de DeLillo encuentra un paralelo fascinante en otros viajes que exploran la conexión entre autor y lugar, como este viaje literario por el corazón de Río de Janeiro tras las huellas de Machado de Assis.

目次

El Bronx: Cuna del Eco y la Memoria

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Para comprender el universo de Don DeLillo, es fundamental comenzar por donde todo inició: en el Bronx. No como un simple dato biográfico, sino como un personaje esencial, un útero de sonidos, olores y tensiones que alimentarían toda su obra. Nacido en 1936, en el seno de una familia ítalo-americana, el joven DeLillo creció en el barrio de Belmont, cerca de la legendaria Arthur Avenue. Este no era un Bronx común; era un enclave cultural particular, un mundo dentro de otro mundo, con sus propias normas, su propio dialecto —una mezcla de inglés e italiano— y un sentido de comunidad tan intenso y protector como sofocante. Caminar hoy por estas calles es buscar los fantasmas de una época, intentar capturar el eco de las conversaciones en los umbrales de las casas de ladrillo, el estruendo del tren elevado y el grito de los niños jugando al stickball, un sonido que resuena con fuerza en las primeras páginas de su obra magna, Bajo un mundo (Underworld).

Arthur Avenue: El Corazón Ítalo-Americano de DeLillo

Arthur Avenue y sus alrededores son el corazón vibrante del Bronx de DeLillo. Hoy en día, aún se le reconoce como la auténtica “Pequeña Italia” de Nueva York, un lugar donde el turismo no ha diluido por completo el carácter del vecindario. Para el peregrino literario, es un festín para los sentidos. El aroma del pan recién horneado que surge de panaderías centenarias como Madonia Bakery, el olor penetrante del provolone y el salami colgados en las vitrinas de Teitel Brothers o de Mike’s Deli, y el bullicio de la gente en el Arthur Avenue Retail Market crean una atmósfera que transporta. Este es el paisaje sensorial de la infancia de DeLillo, un mundo de rituales comunitarios centrados en la comida, la familia y la iglesia. No es difícil imaginar al joven Don absorbiendo estas escenas, observando los gestos, las cadencias del habla, cómo la vida pública y privada se entrelazaban en la acera. En su obra, esta densidad social se convierte en una obsesión por los sistemas, por los códigos secretos que rigen el comportamiento humano, ya sea en una familia ítalo-americana, en una célula terrorista o en el mercado financiero. Visitar Arthur Avenue no es solo un placer gastronómico, sino una clave para comprender la fascinación de DeLillo por las tribus urbanas y los microcosmos que operan bajo sus propias reglas.

Los Ritmos de la Calle y el Sonido de la Pelota

Más allá de la comida, el Bronx de DeLillo es un territorio de sonidos y movimientos. El juego callejero, especialmente el béisbol, es un leitmotiv fundamental. La escena inicial de Bajo un mundo, que recuenta el famoso partido de playoff de 1951 entre los Giants y los Dodgers, no es solo una proeza literaria, sino un homenaje a la mitología del béisbol en la Nueva York de su juventud. El Polo Grounds, el estadio donde se disputó ese encuentro, ya no existe, pero el espíritu de esa pasión colectiva aún puede sentirse. Para el visitante, recorrer los parques del sur del Bronx y ver a los niños jugar en los campos de béisbol locales es conectar con esa energía originaria. Es entender cómo un evento deportivo podía convertirse en un nexo histórico, un punto de convergencia de las esperanzas y ansiedades de una nación al borde de la Guerra Fría. El sonido de la pelota al golpear el bate es, en el universo de DeLillo, el eco del tiempo mismo, un instante congelado que se convierte en leyenda. Es el ritmo que subyace a la vida del barrio, un contrapunto al silencio de la paranoia nuclear que se cernía en el horizonte.

Fordham University: El Crisol Intelectual

Situada en el corazón del Bronx, la Universidad de Fordham representa otra pieza clave en el rompecabezas de DeLillo. Fue allí donde estudió, en el campus de Rose Hill, un remanso jesuita de arquitectura neogótica rodeado por la energía cruda del barrio. Un paseo por el campus revela un contraste fascinante: la serenidad académica frente al tumulto urbano. Fue en Fordham donde DeLillo se sumergió en el modernismo, el jazz y el cine europeo, comenzando a forjar la sensibilidad intelectual y el estilo preciso que definirían su prosa. La educación jesuita, con su énfasis en la lógica, el debate y el análisis riguroso, dejó una huella imborrable en su forma de pensar y escribir. Sus novelas están pobladas de personajes dedicados a la exégesis, que intentan descifrar sistemas complejos, ya sean teólogos, analistas de riesgo o expertos en gestión de residuos. Visitar Fordham es comprender el origen de esa mente analítica, de esa búsqueda incesante de patrones y significados ocultos en el aparente caos de la vida moderna. Es el lugar donde el chico del Bronx empezó a desarrollar las herramientas para deconstruir el mundo que lo rodeaba.

Más Allá de la Nostalgia: El Bronx en Bajo un mundo

Aunque el Bronx es el escenario de su infancia, en la obra de DeLillo rara vez aparece cubierto de una nostalgia sentimental. Es, más bien, un lugar de origen, una fuente de energía psíquica que se proyecta a lo largo de la historia. En Bajo un mundo, el Bronx no es solo un recuerdo, sino un personaje vivo que evoluciona a lo largo de las décadas. Vemos su decadencia en los años 70, con edificios quemados y abandono social, y su lenta y compleja resurrección. Para el peregrino delilliano, una ruta sugerida sería tomar el tren D hasta el Yankee Stadium y desde allí explorar el sur del Bronx, observando las cicatrices y la resiliencia del paisaje urbano. Es un ejercicio de arqueología contemporánea: buscar los murales de grafiti, las canchas de baloncesto, los terrenos baldíos que sirven de telón de fondo a la odisea de Nick Shay, el protagonista de la novela. Es en estos paisajes donde DeLillo explora sus grandes temas: el desecho y la memoria, el modo en que la basura de una sociedad cuenta su historia secreta, la conexión entre la vida personal y los grandes eventos históricos. El Bronx de Bajo un mundo es un palimpsesto donde las historias se superponen, se borran y se reescriben, un microcosmos de la propia América.

Manhattan: El Laberinto de la Postmodernidad

Si el Bronx representa el origen, el ancla biográfica y emocional, Manhattan es el escenario donde los personajes de DeLillo confrontan las fuerzas abstractas y abrumadoras de la modernidad tardía. Es un laberinto de cristal y acero, un nexo de poder, capital e información que fascina y atemoriza por igual. La isla se convierte en un personaje más, una entidad casi consciente que procesa y proyecta los sueños y neurosis de sus habitantes. Explorar el Manhattan de DeLillo es adentrarse en la psique de la ciudad postmoderna, donde la realidad se vuelve inestable y la imagen lo domina todo.

Wall Street y el Flujo del Capital en Cosmópolis

Ninguna novela captura mejor la esencia del Manhattan financiero de DeLillo que Cosmópolis. La odisea de un día del multimillonario Eric Packer a través de la ciudad en su limusina es una alegoría brillante del capitalismo tardío. El viaje del peregrino puede recorrer, aunque sea a pie, parte de esta ruta. Comenzar en el Lower Manhattan, en el cañón de Wall Street, rodeado por los imponentes edificios bancarios y las bolsas de valores. La atmósfera aquí está cargada de una energía frenética y abstracta. El flujo de personas con trajes caros, el parpadeo constante de números en las pantallas, el murmullo incesante de las transacciones globales. DeLillo refleja a la perfección esta desmaterialización del dinero, convertido en puro dato, en un lenguaje cifrado que solo unos pocos iniciados comprenden. Sentarse en Zuccotti Park, observar el ir y venir de la gente, es meditar sobre cómo este pequeño rincón del planeta determina los destinos de millones. La limusina de Packer simboliza la burbuja en la que vive la élite financiera, aislada del caos que generan sus propias acciones en las calles. Caminar por estas vías es percibir la tensión entre el orden abstracto del capital y el desorden orgánico, a menudo violento, de la vida humana que DeLillo explora con maestría.

El Mundo del Arte y la Desaparición del Autor en Mao II

DeLillo también se adentra en otro epicentro de poder en Manhattan: el mundo del arte. En Mao II, examina la relación entre el artista, la obra, la fama y el terrorismo. Los escenarios son los lofts y galerías de barrios como SoHo y TriBeCa. Aunque estos barrios se han gentrificado mucho desde que se escribió la novela, aún es posible captar parte de esa atmósfera. El peregrino puede dedicar una tarde recorriendo galerías de arte contemporáneo en Chelsea, observando cómo el arte se ha transformado en una mercancía de lujo y espectáculo mediático. Este es el mundo que DeLillo retrata: un lugar donde las multitudes se reúnen para eventos (la boda masiva de la secta Moon en el Yankee Stadium, una exposición de Andy Warhol) y donde el individuo, especialmente el artista solitario como el protagonista Bill Gray, se siente amenazado y absorbido por la masa. La novela plantea una inquietante pregunta: en una era de imágenes espectaculares y noticias terroríficas, ¿qué poder le queda a la palabra escrita, a la novela? Pasear por los espacios artísticos de Manhattan con esta pregunta en mente transforma la experiencia de ser un mero espectador en participar del diálogo crítico que propone DeLillo.

Torres Gemelas: El Espectro que Define una Era

Es imposible hablar del Manhattan de DeLillo sin mencionar las Torres Gemelas. Mucho antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las torres ya aparecían en su obra como un símbolo imponente y casi místico del poder y la ambición estadounidenses. En la portada original de Bajo un mundo, las torres se elevan fantasmagóricamente a través de una nube, con un pájaro volando hacia ellas en una premonición escalofriante. Tras el 11-S, DeLillo abordó directamente la tragedia en su novela El hombre del salto (Falling Man). Visitar hoy el National September 11 Memorial & Museum constituye una experiencia profundamente conmovedora y necesaria para comprender el Manhattan posterior a DeLillo. Las dos piscinas reflectantes que marcan las huellas de las torres son un monumento al vacío, a la ausencia, un tema recurrente en su obra. DeLillo no se detiene tanto en la geopolítica del suceso como en el impacto íntimo y existencial: cómo un evento de tal magnitud altera la percepción de la realidad, el lenguaje y las relaciones humanas. Estar en ese lugar, sintiendo el silencio interrumpido solo por el sonido del agua cayendo en el abismo, es conectar con el trauma colectivo que DeLillo intentó articular, un trauma que marcó el verdadero inicio del siglo XXI que él había estado imaginando durante décadas.

Los No-Lugares: Paisajes del Alma Americana

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El peregrinaje delilliano no se circunscribe a lugares geográficos específicos. Una parte fundamental de su universo transcurre en lo que el antropólogo Marc Augé denominó “no-lugares”: espacios transitorios, anónimos y despersonalizados que caracterizan la vida contemporánea. Aeropuertos, autopistas, centros comerciales y, sobre todo, supermercados. DeLillo fue uno de los primeros en advertir la carga poética y existencial de estos entornos, convirtiéndolos en escenarios tan significativos como una catedral gótica o un campo de batalla.

El Supermercado como Catedral del Consumo en Ruido de fondo

En Ruido de fondo (White Noise), el supermercado se erige como el epicentro espiritual de la vida de los personajes. Es un refugio, un lugar de asombro y también de terror. Los pasillos perfectamente ordenados, la abundancia de productos con envases coloridos, la música ambiental y el zumbido de los congeladores crean una atmósfera de falsa seguridad, un paraíso consumista que protege del miedo a la muerte. Para el peregrino, la misión consiste en entrar en cualquier gran supermercado estadounidense, ya sea un A&P, un Kroger o un Safeway, y observarlo con ojos delillianos. Prestar atención a la luz fluorescente que “baña a la gente en una promesa letal”. Escuchar las voces anónimas que anuncian ofertas por los altavoces. Contemplar la disposición de los productos, no como meros objetos, sino como tótems, como íconos de una nueva religión. DeLillo desvela cómo estos espacios están saturados de datos, mensajes subliminales, un “ruido de fondo” que nos moldea y define. En el supermercado, los personajes de la novela buscan una especie de trascendencia, donde los códigos de barras se leen como textos sagrados. Es una experiencia que convierte un acto cotidiano como hacer la compra en una profunda reflexión sobre la cultura del consumo, la tecnología y la ansiedad moderna.

Aeropuertos, Carreteras y la Transitoriedad de la Existencia

Los personajes de DeLillo suelen estar en movimiento, pero rara vez parecen arribar a un destino. Flotan en un estado de transitoriedad perpetua, y los aeropuertos y las carreteras son sus hábitats naturales. Estos no-lugares son áreas liminales donde las identidades se vuelven fluidas y el tiempo parece suspenderse. Para captar esta sensación, el viajero puede pasar tiempo en un gran aeropuerto, no con la prisa de tomar un vuelo, sino simplemente observando. Ver los rostros anónimos en la multitud, el flujo constante de llegadas y salidas en las pantallas, escuchar el mosaico de idiomas. Es el mundo de Los nombres o El hombre del salto, donde los aeropuertos funcionan como nodos en una red global de información y peligro. De igual modo, un viaje por carretera a través de las interestatales estadounidenses, con sus moteles idénticos, sus cadenas de comida rápida y sus vallas publicitarias, constituye una inmersión en el paisaje de la América de DeLillo. Es un espacio de hipnótica homogeneidad, donde uno puede sentirse en todas partes y en ninguna a la vez. En estos lugares, sus personajes confrontan su propia insignificancia y la vastedad de un sistema que los sobrepasa.

Horizontes Lejanos: Ecos de un Mundo Globalizado

Aunque DeLillo es considerado el cronista por excelencia de América, su perspectiva va más allá de las fronteras nacionales. Sus novelas frecuentemente se trasladan a otros continentes, explorando cómo las fuerzas del poder, la tecnología y el lenguaje americanos se proyectan y se refractan en culturas distintas. Estos viajes no son escapistas, sino extensiones de su indagación sobre la condición global.

Grecia y el Lenguaje Secreto en Los nombres

Grecia es el escenario principal de Los nombres, una de sus novelas más enigmáticas y atmosféricas. El protagonista, un analista de riesgos, se ve envuelto en el misterio de un culto que perpetra asesinatos rituales basándose en un juego alfabético. El peregrinaje aquí nos conduce a Atenas. Caminar por el barrio de Plaka, con el Partenón siempre visible en la colina de la Acrópolis, es experimentar el choque que DeLillo describe tan vívidamente: el contraste entre la monumentalidad de la historia antigua y la caótica y a menudo peligrosa realidad de la vida moderna. La novela está impregnada de la luz del Mediterráneo, del calor, del polvo. Es un paisaje donde las ruinas del pasado coexisten con la paranoia de la Guerra Fría, las agencias de inteligencia y las corporaciones multinacionales. El peregrino puede sentarse en una terraza en Kolonaki, el barrio donde residen los expatriados de la novela, y observar la mezcla de locales, turistas y empresarios. Es un lugar donde el lenguaje mismo se vuelve sospechoso, donde las palabras pierden su significado y se convierten en parte de un código mortal. Grecia, en manos de DeLillo, no es un destino turístico, sino un laberinto semiótico, un espacio donde el peso de la historia se enfrenta a la arbitrariedad de la violencia contemporánea.

El Desierto Americano: Vacío y Contemplación en Punto Omega y Bajo un mundo

El vasto y árido paisaje del desierto del suroeste americano es otro escenario recurrente en la obra tardía de DeLillo. Representa un contrapunto frente a la densidad urbana de Nueva York. Es un lugar de vacío, de silencio y de tiempo ralentizado, un espacio propicio para la contemplación y el enfrentamiento con las verdades últimas. En Punto Omega, un cineasta busca a un intelectual solitario que se ha retirado al desierto de California, cerca de Anza-Borrego. Para el peregrino, viajar a esta región es una experiencia transformadora. Conducir por carreteras solitarias, bajo un cielo inmenso, rodeado de un paisaje que parece de otro planeta. El calor, la quietud, la sensación de estar al borde del mundo. Es en este entorno donde los personajes de DeLillo se despojan de lo superfluo y confrontan sus obsesiones más profundas: el tiempo, la conciencia, el fin de la historia. El desierto también juega un papel fundamental en Bajo un mundo, donde una de las protagonistas, una artista llamada Klara Sax, crea una instalación masiva pintando bombarderos B-52 en desuso en el desierto de Arizona. Visitar el Pima Air & Space Museum en Tucson, con su «cementerio» de aviones militares, es contemplar directamente la materia prima de la fantasía de DeLillo: los desechos monumentales de la Guerra Fría, transformados en arte, en un testimonio silencioso de una era marcada por la locura nuclear.

Consejos para el Peregrino Delilliano

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Embarcarse en un viaje por los territorios de Don DeLillo exige una mentalidad particular. No se trata solo de señalar lugares en un mapa, sino de cultivar una forma de ver, escuchar y sentir el entorno.

Navegando el Bronx Hoy

Visitar el Bronx es seguro y gratificante si se planifica adecuadamente. La manera más sencilla de llegar a Arthur Avenue desde Manhattan es tomar el Metro-North en Grand Central hasta la estación de Fordham, un trayecto de solo 20 minutos. Una vez allí, el barrio es fácilmente explorado a pie. No tenga prisa. Entre en las tiendas, converse con los comerciantes. Pruebe un cannoli en Artuso Pastry Shop o una pizza en Zero Otto Nove. Lo importante es absorber la atmósfera, imaginar las capas de historia bajo sus pies. Para recorrer el sur del Bronx, es recomendable ir de día y estar alerta al entorno, como en cualquier gran ciudad. La recompensa es una visión más profunda y compleja de Nueva York, alejada de los clichés turísticos.

Sintiendo el Pulso de Manhattan

En Manhattan, el desafío es distinto. Se trata de escapar de la sobrecarga sensorial y descubrir los patrones que DeLillo describe. En lugar de correr de un punto de interés a otro, elija un lugar —una esquina en Wall Street, un banco frente a un museo, una mesa en una cafetería— y manténgase inmóvil. Observe a la multitud, no como individuos, sino como un sistema, un flujo. Escuche fragmentos de conversaciones, el ruido del tráfico, las sirenas. Piense en la ciudad como un texto, un torrente de información. Mire hacia arriba, a las fachadas de los rascacielos, y sienta el peso y la dimensión del poder corporativo y financiero. Camine sin rumbo fijo, dejándose llevar por la corriente, y estará experimentando la ciudad de la manera en que muchos personajes de DeLillo lo hacen: como observadores alienados que intentan descifrar un código vasto e incomprensible.

Un Eco en el Silencio

Al concluir el viaje, lo que perdura no es solo una colección de fotografías, sino una resonancia, un eco. El peregrinaje a través de los paisajes de Don DeLillo nos deja con una percepción más aguda de nuestro entorno. Comenzamos a descubrir la poesía oculta en los no-lugares, la historia secreta contenida en los objetos abandonados, la tensión entre el individuo y la multitud en cada plaza pública. Comprendemos que los mundos que él creó con palabras no son ficciones distantes, sino destilaciones proféticas de la realidad que ahora habitamos. Caminar por el Bronx, Manhattan o el desierto es darse cuenta de que el mapa de DeLillo no es solo un mapa de América, sino un mapa de la conciencia contemporánea. Y al volver, llevamos con nosotros una nueva forma de interpretar el mundo, siempre buscando la señal en el ruido, el patrón en el caos, el eco humano en el abrumador silencio de la historia.

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この記事を書いた人

Art and design take center stage in this Tokyo-based curator’s writing. She bridges travel with creative culture, offering refined yet accessible commentary on Japan’s modern art scene.

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