Hay películas que se ven y hay películas que se viven, que se respiran con cada fotograma, que nos transportan a lugares donde la geografía es, en sí misma, un personaje central, un narrador silencioso y omnipresente. «Paraíso Ahora» (Paradise Now), la obra maestra de Hany Abu-Assad, es una de esas películas. No es simplemente un thriller político; es una inmersión profunda y desgarradora en la psicología de sus protagonistas, Said y Khaled, dos jóvenes palestinos preparados para cometer un atentado suicida en Tel Aviv. Pero para comprender verdaderamente su dilema, su humanidad atrapada en una espiral de desesperación y convicción, debemos viajar a los lugares donde su historia fue forjada y filmada. Este no es un peregrinaje turístico convencional. Es un viaje al corazón de la dualidad, al epicentro de un conflicto que define vidas y paisajes. Nos adentraremos en las calles laberínticas de Nablus, una ciudad que exuda historia y resistencia, y luego cruzaremos el espejo hacia la vibrante y moderna Tel Aviv, el destino que representa tanto un objetivo como una revelación. Filmar en estos lugares durante la Segunda Intifada fue un acto de audacia artística y periodística, una apuesta por la autenticidad que impregna cada escena con una tensión palpable, una verdad que ningún estudio podría jamás replicar. Este artículo es una guía para el viajero consciente, para el cinéfilo que busca entender cómo el espacio físico moldea la narrativa y cómo una historia de ficción puede revelar las verdades más profundas de un lugar real. Prepárense para caminar por las mismas piedras, sentir el mismo sol y confrontar los mismos contrastes que definieron el viaje de Said y Khaled, un viaje hacia un paraíso prometido que se desdibuja en el horizonte de la realidad.
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Nablus: El Alma de la Resistencia y la Cotidianidad

Nablus no es simplemente un telón de fondo en «Paraíso Ahora»; es el núcleo de la historia, el lugar donde surgen las motivaciones, los temores y los vínculos que impulsan a los protagonistas. La ciudad, una de las más antiguas y vibrantes de Cisjordania, se muestra en la película como un organismo vivo, con sus propias cicatrices, su pulso agitado y sus momentos de calma melancólica. Para el viajero que sigue los pasos de la película, la experiencia es intensamente sensorial. El aire se impregna de aromas a especias, a pan recién horneado en hornos de piedra, y al dulce y penetrante olor del knafeh, el postre por el que Nablus es mundialmente reconocido. Y bajo todo esto, se percibe una tensión subyacente, una historia de ocupación y resistencia grabada en las paredes y en las miradas de su gente.
La Casbah: Un Laberinto de Piedra y Vida
El corazón de Nablus es su Ciudad Vieja, la Casbah. Recorrerla es como adentrarse en un laberinto temporal. Callejones tan estrechos que casi permiten tocar ambas paredes con los brazos extendidos, arcos de piedra que se elevan sobre las cabezas, y una arquitectura otomana que ha sido testigo de siglos de historia. Aquí es donde Hany Abu-Assad sitúa gran parte de la vida de Said y Khaled. Observamos a los personajes moverse por estos pasadizos con una familiaridad que contrasta con la claustrofobia que siente el espectador. La cámara los sigue de cerca, generando una sensación de encierro y falta de escape, reflejo directo de sus vidas. El diseño de la Casbah, con sus innumerables recovecos y salidas ocultas, habla también de una historia de refugio y guerrilla urbana, un espacio concebido para la protección y la resistencia.
Al recorrer la Casbah hoy, se reconocen esquinas y plazas que aparecen en la película. El bullicio del zoco, con sus vendedores anunciando sus productos, el sonido metálico de artesanos trabajando el cobre y el murmullo constante de las conversaciones, crean una atmósfera a la vez vibrante y opresiva. Es en este espacio donde los protagonistas mantienen sus diálogos esenciales, reciben sus instrucciones y se despiden de una vida conocida. Para el visitante, es fundamental tomarse el tiempo para perderse en este laberinto. Cada esquina revela una nueva escena: un antiguo baño turco, una mezquita con un imponente minarete, o una de las famosas fábricas de jabón de aceite de oliva que han sido pilar de la economía local durante generaciones. Visitar una de estas fábricas es una experiencia visual y olfativa única, conectando al viajero con una tradición que ha resistido el paso del tiempo. La sensación predominante en la Casbah es la de resiliencia. A pesar de las cicatrices visibles de incursiones militares y el peso de la ocupación, la vida fluye con una fuerza inquebrantable. Los niños juegan en las plazas, las familias compran en el mercado, y el aroma del café con cardamomo se escapa de las puertas abiertas. Es la normalidad en medio de lo anormal, un tema central en «Paraíso Ahora».
Alrededores de Nablus: Paisajes de Belleza y Fractura
La película no se limita a la densidad urbana de la Casbah. También muestra los paisajes que rodean Nablus: las colinas áridas y onduladas de Samaria, salpicadas de olivos centenarios. Estas escenas son clave para comprender el contexto geográfico y político del conflicto. Cuando Said y Khaled viajan en coche, la cámara capta la belleza cruda de la tierra, una belleza interrumpida abruptamente por la presencia de asentamientos israelíes en las cimas de las colinas, los puestos de control militares y el imponente muro de separación. Este paisaje fracturado funciona como metáfora visual de las vidas fragmentadas de sus habitantes. El contraste entre la tierra ancestral y las estructuras modernas de la ocupación es un lenguaje visual que Abu-Assad maneja con maestría.
Una de las secuencias más tensas de la película es el intento de los protagonistas por cruzar la frontera. Filmada en estas colinas, la escena transmite una sensación de vulnerabilidad absoluta. Los personajes, vestidos con sus trajes, parecen fuera de lugar en este terreno rocoso y expuesto. El paisaje se convierte en un adversario, un espacio abierto sin lugar para esconderse. Para el viajero que explora estas áreas, es imposible ignorar la realidad política. Se recomienda hacerlo con un guía local que pueda explicar la geografía de la ocupación: qué son las zonas A, B y C, dónde están los asentamientos y cómo afectan a la vida diaria de los palestinos. Las vistas desde estas colinas son espectaculares, pero llevan una carga política evidente. Ver un atardecer sobre los olivares mientras, a lo lejos, se divisan las luces de un asentamiento es una experiencia que condensa la complejidad de la región. Es un recordatorio de que en esta tierra, la belleza y el dolor están inextricablemente ligados, tal como ocurre en las vidas de los personajes de la película.
Tel Aviv: El Deslumbrante Espejo de la Alteridad
El viaje de Nablus a Tel Aviv en la película representa más que un simple traslado geográfico; es un salto a otra dimensión, un paso a través de una membrana invisible que separa dos mundos radicalmente distintos, coexistentes a apenas una hora de distancia. Mientras que Nablus simboliza la historia, la lucha y el encierro, Tel Aviv se presenta como el epítome de la modernidad, la libertad y una aparente normalidad ajena al conflicto. Este contraste marcado constituye el eje central de la segunda mitad de la película y la transformación interior de sus protagonistas.
Un Choque Urbano y Sensorial
Cuando Said, separado de Khaled, llega a Tel Aviv, la ciudad lo impacta con una fuerza abrumadora. El espectador experimenta este impacto a través de sus ojos. El ruido sordo y perpetuo de Nablus es reemplazado por el estruendo del tráfico, la música que emana de los cafés y las conversaciones en un idioma que no comprende. Los callejones estrechos y oscuros de la Casbah dan paso a amplios bulevares bañados por el sol, a la imponente arquitectura Bauhaus y a los rascacielos de cristal reflejados en el mar Mediterráneo. La paleta cromática de la película cambia notablemente: de los tonos ocres y terrosos de Nablus a los azules intensos y blancos luminosos de Tel Aviv.
Para el espectador cinematográfico, recrear este viaje resulta una experiencia reveladora. El contraste sigue siendo tan poderoso hoy como lo fue en la película. Un día se puede estar tomando té de menta en un café centenario en la Casbah de Nablus, y al siguiente, disfrutando un cóctel en una terraza de moda en el bulevar Rothschild de Tel Aviv. La ciudad es un hervidero de actividad, energía y diversidad, un centro tecnológico y cultural conocido por su vibrante escena artística, vida nocturna y su ambiente liberal y cosmopolita. Caminar por las calles del centro de Tel Aviv es adentrarse en un mundo que, en la superficie, parece completamente desconectado de la realidad que se vive a pocos kilómetros al este. Esta desconexión es precisamente lo que la película explora. Said deambula por la ciudad como un fantasma, invisible para la multitud que lo rodea, un hombre que carga la muerte en su cuerpo en un lugar que celebra la vida con una intensidad casi febril.
La Playa: Un Océano de Libertad y Aislamiento
La escena más icónica y conmovedora de la estancia de Said en Tel Aviv ocurre en la playa. Tras vagar sin rumbo, llega al paseo marítimo y contempla el mar por primera vez. La inmensidad del Mediterráneo se despliega ante él, un horizonte infinito que contrasta fuertemente con los muros y barreras de su mundo. Observa familias jugando en la arena, parejas paseando, jóvenes surfeando. Es una imagen de una vida normal, de una libertad que él nunca ha conocido. La playa, en este contexto, se convierte en un símbolo poderoso. Es un espacio de ocio y despreocupación, pero para Said, es un lugar de profunda alienación y reflexión. Sentado en un autobús con una bomba adherida a su cuerpo, mira esta escena de felicidad cotidiana, y en ese momento su determinación empieza a flaquear. El paraíso prometido choca con este paraíso terrenal, imperfecto pero real.
Visitar las playas de Tel Aviv, como la playa Gordon o la playa Frishman, es esencial en cualquier recorrido por la ciudad. El ambiente es relajado y vibrante. El largo paseo marítimo, conocido como la Tayelet, es ideal para caminar, correr o simplemente sentarse en un banco y observar a la gente. Para el seguidor de «Paraíso Ahora», sentarse en esa misma playa e intentar verla a través de los ojos de Said es una experiencia profundamente emotiva. Es comprender cómo un mismo lugar puede representar cosas tan diferentes para distintas personas. Para los habitantes de Tel Aviv, es su espacio de recreo. Para Said, es un espejo que refleja todo lo que nunca podrá tener. Es en esta dualidad donde reside la genialidad de la película y la complejidad de la región. El mar, que debería ser un símbolo universal de libertad, se transforma también en un recordatorio de la prisión invisible que lo rodea.
La Audacia de Filmar: Creando Arte en la Línea de Fuego

No se puede hablar de las localizaciones de «Paraíso Ahora» sin rendir homenaje al extraordinario y peligroso proceso que implicó su creación. La decisión del director Hany Abu-Assad de rodar en Nablus en plena Segunda Intifada, una época marcada por incursiones militares diarias, toques de queda y violencia constante, fue un acto de valentía casi temeraria. Esta elección no fue un mero capricho estético; constituyó una declaración de principios y una búsqueda inquebrantable de autenticidad, que dota a la película de un poder y una veracidad que la sitúan por encima de la ficción.
Un rodaje bajo constante amenaza
El equipo de producción, compuesto por palestinos, israelíes y europeos, trabajó bajo condiciones de extremo peligro. En diversas entrevistas, Abu-Assad y su equipo han contado cómo el rodaje era interrumpido frecuentemente por disparos o explosiones cercanas. Tuvieron que sortear un laberinto de permisos militares, puestos de control y toques de queda imprevisibles. De hecho, la producción se vio obligada a detenerse y trasladarse temporalmente a Nazaret después de que un misil cayera cerca del hotel donde se alojaban en Nablus. La tensión que se percibe en pantalla, la mirada alerta constante de los actores, no es solo actuación; refleja un entorno real en el que el peligro estaba siempre presente.
El actor principal, Kais Nashef, quien interpreta a Said, ha relatado cómo el simple hecho de caminar por las calles de Nablus para llegar al set lo sumergía por completo en la realidad de su personaje. La ciudad no era un decorado desmontable al final del día, sino una entidad viva y herida que envolvía a todo el equipo. Esta inmersión total en el entorno real permite que la película evite los clichés y ofrezca un retrato profundamente humano y matizado. La suciedad, el caos, la belleza inesperada y la permanente sensación de amenaza son reales. Cuando vemos a los personajes moverse con cautela por un callejón, es porque el propio equipo de filmación también tenía que hacerlo. Esta sinergia entre la narrativa y la realidad de la producción convierte a «Paraíso Ahora» en un documento histórico además de una obra artística.
Un puente cinematográfico entre mundos
Paradójicamente, en medio de este contexto de conflicto, el set de «Paraíso Ahora» se transformó en un microcosmos de coexistencia y colaboración. El hecho de que un equipo formado por personas de ambos lados del conflicto trabajara junto para contar una historia tan sensible es un testimonio del poder del arte para superar las divisiones políticas. Se creó un espacio seguro, una especie de burbuja cuyo objetivo común era narrar una historia humana, sin tomar partido. Esta colaboración fue clave para la película, cuyo tema central es la humanización del «otro». La obra nos invita a mirar más allá de las etiquetas de «terrorista» o «víctima» y a reconocer a los individuos atrapados en circunstancias excepcionales.
El propio rodaje en Tel Aviv, tras la intensidad de Nablus, reflejó el viaje de los personajes. El equipo experimentó el mismo choque cultural, el mismo cambio de atmósfera. Esta dualidad de experiencias enriqueció actuaciones y dirección, permitiendo captar con una autenticidad visceral el abismo psicológico que separa ambos mundos. Para el cinéfilo viajero, conocer la historia detrás de cámaras añade una profunda capa de significado al visitar estos lugares. No se trata solo de caminar por los sitios donde se filmó una escena, sino de recorrer espacios en los que hacer cine fue un acto de resistencia pacífica y un intento por construir un puente de entendimiento en un paisaje lleno de muros.
Peregrinaje Cinematográfico: Guía para el Viajero Consciente
Emprender un viaje a las localizaciones de «Paraíso Ahora» es una experiencia que va más allá del turismo cinematográfico convencional. No se trata solo de tomarse una foto en un lugar conocido, sino de adentrarse en una realidad compleja y a menudo dolorosa. Es un recorrido que demanda preparación, sensibilidad y una mente abierta. A continuación, se ofrecen algunos consejos para quienes deseen seguir los pasos de Said y Khaled de manera respetuosa y bien informada.
Preparación, Respeto y Sensibilidad
Antes de partir, es fundamental informarse. Lean sobre la historia del conflicto palestino-israelí, la situación actual en Cisjordania y la vida bajo la ocupación. Entender el contexto no solo enriquecerá su experiencia, sino que también representa una muestra de respeto hacia las personas que encontrarán. Tengan presente que visitan lugares que no son un museo, sino hogares y escenarios de la vida cotidiana y la lucha de millones de personas. La sensibilidad cultural resulta esencial. Vistan de forma modesta, especialmente en sitios religiosos y en las zonas más conservadoras de Nablus. Aprendan algunas frases básicas en árabe; un simple «Shukran» (gracias) puede abrir puertas y corazones. Estén listos para entablar conversaciones políticas, abordándolas con humildad y como una oportunidad para escuchar y aprender, no para imponer opiniones propias. La hospitalidad palestina es legendaria, y la gente a menudo estará dispuesta a compartir sus historias si se les acerca con respeto y un interés genuino.
Navegando por Nablus y sus Alrededores
Llegar a Nablus desde Jerusalén o Ramallah es relativamente sencillo utilizando los «servees» o taxis compartidos, que constituyen el principal medio de transporte para los palestinos. Una vez en Nablus, la mejor manera de explorar la Casbah es a pie. Aunque perderse forma parte de la experiencia, contratar un guía local para un recorrido inicial es muy recomendable. Un buen guía no solo mostrará los lugares históricos y las localizaciones de la película, sino que también proporcionará una visión profunda de la vida en la ciudad, su historia y su cultura. No dejen de visitar una fábrica tradicional de jabón y de probar el knafeh en alguna de las pastelerías locales; es una experiencia culinaria inolvidable. Para explorar los alrededores, como las colinas que aparecen en la película, es imprescindible contar con alguien que conozca bien la zona y la situación de seguridad. Agencias de turismo alternativo pueden ofrecer recorridos centrados en el impacto político y social en el paisaje, aportando un contexto imposible de obtener por cuenta propia.
Descubriendo Tel Aviv con una Nueva Perspectiva
En Tel Aviv, la experiencia es distinta pero igualmente enriquecedora si se mantiene la perspectiva de la película. Tras haber estado en Nablus, el contraste será evidente y poderoso. Paseen por el boulevard Rothschild para admirar la arquitectura Bauhaus, exploren los mercados vibrantes como el Carmel Market y luego diríjanse a la playa. Tómense un momento para sentarse en la arena, mirar el mar y reflexionar sobre el viaje de Said. Intenten imaginar cómo se vería este escenario de ocio y libertad a través de los ojos de alguien a quien se le ha negado todo eso. Esta dualidad de perspectivas es el verdadero regalo de este peregrinaje. Les permitirá ver más allá de la fachada de Tel Aviv como una simple ciudad de fiesta y playa, y entenderla como un componente complejo dentro de una narrativa mucho más amplia y trágica. Es una invitación a mantener ambos mundos simultáneamente en la mente, que es, en esencia, el gran logro de «Paraíso Ahora».
Este viaje, que sigue la huella de una película, se transforma en mucho más. Es una lección de historia, una inmersión cultural y un ejercicio de empatía. Las calles de Nablus y las playas de Tel Aviv dejan de ser meros puntos en un mapa para convertirse en espacios cargados de significado, donde se entrelazan historias humanas de dolor, resistencia, anhelo y una inquebrantable búsqueda de vida. «Paraíso Ahora» nos abre una ventana a estos mundos, pero visitarlos nos permite sentir su pulso, su textura, su compleja y conmovedora verdad. Sin duda, es un viaje que cambiará la forma en que ven no solo la película, sino también el mundo.

