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De Tal Padre, Tal Hijo: Un Viaje Cinematográfico al Corazón de Japón

Hay películas que vemos y olvidamos, y luego están aquellas que se instalan en el alma, que nos hacen cuestionar la esencia misma de nuestras vidas. «De Tal Padre, Tal Hijo» (そして父になる), la obra maestra de Hirokazu Kore-eda, es una de esas películas. Narra la historia de dos familias unidas y separadas por un giro del destino: un intercambio de bebés al nacer. Pero más allá del drama humano, la película es un poema visual que contrapone dos visiones de Japón, dos filosofías de vida, dos formas de entender la paternidad. Y el escenario de este poema no es otro que el propio paisaje japonés, un personaje silencioso pero elocuente que moldea a sus habitantes. Como fotógrafo, siempre he creído que los lugares tienen memoria y voz. En este viaje, seguiremos los pasos de Ryota, Yudai y sus familias, no solo para visitar localizaciones de rodaje, sino para sentir el pulso de los dos mundos que Kore-eda nos presenta con tanta maestría: el vértigo corporativo de Tokio y la calidez terrenal de la prefectura de Gunma. Este no es solo un peregrinaje para cinéfilos; es una inmersión en las texturas, los contrastes y el corazón de un Japón que late más allá de los neones y los templos. Es una invitación a mirar a través del objetivo de Kore-eda y descubrir la geografía del alma japonesa.

Si te ha cautivado la forma en que un paisaje puede moldear una historia, te invitamos a descubrir otro viaje cinematográfico que explora la conexión entre lugar y narrativa en nuestro artículo sobre un viaje por carretera al corazón de la Eslovenia secreta.

目次

Maebashi, Gunma: El Lienzo de la Calidez Humana

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El viaje en tren desde el corazón de Tokio hasta Maebashi, en la prefectura de Gunma, es una transición suave, una descompresión tanto visual como espiritual. Los imponentes rascacielos de acero y cristal se van desvaneciendo gradualmente en un mosaico de casas bajas, campos de arroz que se mecen con el viento y, finalmente, la majestuosa y apacible presencia de las montañas Akagi, Haruna y Myogi. Este es el mundo de la familia Saiki, un universo que se mueve a un ritmo distinto, marcado por las estaciones, los lazos comunitarios y una sencillez que Ryota Nonomiya, el arquitecto exitoso, al principio desprecia y luego anhela con desesperación. Maebashi no es un destino turístico evidente, y ahí radica precisamente su encanto. Es un Japón auténtico, sin artificios, un lugar donde la vida cotidiana se desarrolla con una honestidad conmovedora. Para el viajero cinematográfico, recorrer sus calles es como adentrarse en los fotogramas de Kore-eda, sintiendo el calor del asfalto en verano, el aire fresco que desciende de las montañas y la atmósfera de un sitio donde las relaciones humanas todavía se construyen cara a cara, no detrás de una pantalla.

El Latido de la Vida Cotidiana: Saida Denki

El epicentro del mundo de Yudai Saiki es su sencilla tienda de electrodomésticos, «Saida Denki». Aunque la tienda que aparece en la película es un set, su esencia representa perfectamente las miles de tiendas familiares que se encuentran en los barrios de todo Japón. No es una gran tienda impersonal, sino un lugar con historia, donde los cables se enredan en las esquinas y los aparatos antiguos conviven en las estanterías con los modelos más modernos. Es un espacio donde el propietario no solo vende productos, sino que también repara, aconseja y charla con sus vecinos. Para captar esta atmósfera, hay que aventurarse en las shotengai, las galerías comerciales cubiertas de Maebashi. Al pasear por lugares como la Chuo Shopping Street, se puede percibir el espíritu de Saida Denki en cada rincón: el sonido metálico de las persianas al abrirse por la mañana, el aroma del té verde que se escapa de alguna tienda, los saludos entusiastas de los comerciantes. Estos lugares son el corazón latente de la comunidad. Representan un modelo de negocio y de vida basado en la confianza y la familiaridad, en marcado contraste con el mundo corporativo y competitivo de Ryota. Aquí, el valor no se mide en transacciones económicas, sino en la fuerza de los vínculos. Para el visitante, la experiencia no consiste en encontrar la fachada exacta, sino en sumergirse en este ambiente, comprar algo pequeño en una tienda de barrio, intercambiar una sonrisa con el dueño y sentir, aunque sea por un momento, esa conexión palpable que el dinero no puede comprar. Es una lección de humildad y humanidad que la película transmite a través de este sencillo escenario.

Vínculos a Orillas del Río Tone

Uno de los espacios más poéticos y significativos del film es la ribera del río Tone (利根川), el vasto y tranquilo curso de agua que atraviesa Maebashi. Es allí donde ambas familias intentan conectarse torpemente, donde los niños juegan y donde se desarrollan algunas de las escenas más emotivas. La inmensidad del cielo abierto, el murmullo constante del agua y la distancia del bullicio urbano crean un santuario natural para la introspección y la emoción. Es aquí donde Ryota, un hombre atrapado en la verticalidad de su rascacielos y su carrera, experimenta por primera vez la amplitud horizontal de la naturaleza y, quizás, de sus propios sentimientos. La escena en la que Yudai enseña a los niños a volar una cometa es emblemática; la cometa que danza en el viento simboliza una libertad y una alegría simples que el éxito material de Ryota no le ha brindado. Visitar la ribera del Tone es una experiencia profundamente sensorial. Recomiendo recorrer al atardecer el sendero que bordea el río, cuando la luz dorada baña el paisaje y las siluetas de las montañas se recortan contra el cielo. El aire es limpio y el único sonido es el del viento y el agua. Es un lugar perfecto para la reflexión. Sentarse en la hierba, como hacen los personajes, permite conectarse con el ritmo de la naturaleza y comprender por qué Kore-eda eligió este lugar para explorar la idea del «tiempo de calidad». No se trata de actividades planificadas o costosas, sino de la simple presencia compartida, de dejar que el tiempo fluya sin la presión de la productividad. El río Tone se convierte en un personaje más, un testigo silente de la transformación de un padre que aprende que los lazos de sangre no son nada sin los vínculos forjados por el tiempo, el juego y el amor incondicional.

Conversaciones en el Parque Shikishima

El Parque Shikishima (敷島公園) es otro escenario clave, un espacio neutral donde las dos familias se reúnen para discutir el futuro de sus hijos. Es un parque público amplio y hermoso, representativo de los espacios verdes que funcionan como pulmones en las ciudades japonesas. Con su estanque de botes, su jardín de rosas y sus frondosos árboles, el parque es un lugar idílico que contrasta fuertemente con la tensión y el dolor de las conversaciones que allí se desarrollan. Kore-eda utiliza la serenidad del entorno para enfatizar la agitación interna de los personajes. El parque cambia con las estaciones, y visitarlo en diferentes momentos del año ofrece una experiencia distinta que refleja las fases emocionales de la narrativa de la película. En primavera, los cerezos en flor crean un ambiente de belleza efímera, un recordatorio de la fugacidad de la infancia. En otoño, los cálidos tonos de las hojas de arce pintan un cuadro melancólico pero hermoso, eco de la tristeza y la aceptación que los personajes deben afrontar. Pasear por los mismos senderos que recorren los Nonomiya y los Saiki es una experiencia conmovedora. Se puede sentar uno en un banco junto al estanque e imaginar la incomodidad de ese primer encuentro, la mezcla de curiosidad y resentimiento. El parque, con familias locales paseando, niños riendo y parejas disfrutando de la tarde, representa la normalidad que ambos clanes han perdido y desean recuperar. Es un microcosmos de la vida familiar japonesa, un escenario que subraya la universalidad del dilema de los protagonistas. Para el visitante, el Parque Shikishima no es solo una locación de rodaje, sino una oportunidad para contemplar la vida japonesa en su estado más relajado y natural, un respiro del caos urbano y un espacio para reflexionar sobre los temas universales que la película aborda con tanta sensibilidad.

Acceso y Alma de Gunma

Llegar a Maebashi desde Tokio es un viaje sencillo que forma parte de la experiencia de peregrinación. La manera más rápida es tomar el Joetsu o el Hokuriku Shinkansen desde la estación de Tokio hasta la estación de Takasaki (unos 50 minutos) y luego hacer transbordo a la línea local JR Ryomo hasta la estación de Maebashi (aproximadamente 15 minutos más). Este recorrido en tren es un deleite visual, una ventana al paisaje cambiante de la llanura de Kanto. Una vez en Maebashi, la ciudad es relativamente fácil de explorar. Muchas de las localizaciones, como el centro y la ribera del río, se recorren a pie o en bicicleta, lo que permite vivir la atmósfera local a un ritmo pausado. Para llegar al Parque Shikishima, se puede tomar un autobús local desde la estación de Maebashi. Un consejo para el viajero es no limitarse a las localizaciones exactas. Gunma es una prefectura de impresionante belleza natural, famosa por sus onsen (aguas termales) como Ikaho y Kusatsu. Considerar pasar una noche en un ryokan (posada tradicional japonesa) cercano puede enriquecer mucho el viaje, ofreciendo una inmersión más profunda en la cultura de la hospitalidad y la relajación, en marcado contraste con la vida en Tokio. Probar las especialidades locales, como el udon y los productos frescos de la granja, es otra forma de conectar con el espíritu de Gunma, un lugar que, al igual que la familia Saiki, valora lo auténtico, lo artesanal y lo hecho con el corazón.

Tokio: La Arquitectura de la Ambición y la Soledad

Si Gunma representa la tierra, la comunidad y el corazón, Tokio es el cielo, la ambición y la mente. Es el mundo de Ryota Nonomiya, un universo definido por líneas limpias, superficies pulidas, horarios estrictos y una búsqueda constante de la perfección. La capital japonesa, a través de la mirada de Kore-eda, no es solo un telón de fondo, sino la encarnación física de la filosofía de vida de Ryota. Es una ciudad de una belleza fría y geométrica, un laberinto de cristal y acero que puede impulsar a alguien hacia la cima del éxito profesional mientras lo aísla emocionalmente. El Tokio de «De Tal Padre, Tal Hijo» no es el de los templos antiguos ni los barrios bohemios; es el Tokio de los distritos financieros de Marunouchi, de los complejos residenciales de lujo en Minato y de la energía implacable de Shinjuku. Explorar este lado de Tokio es comprender la presión y la mentalidad que moldearon a un hombre como Ryota, un padre que inicialmente cree que el éxito y la disciplina son las únicas herencias valiosas que puede legar a su hijo.

El Vértigo Vertical: El Hogar de los Nonomiya

El apartamento de la familia Nonomiya es una torre de marfil en el cielo de Tokio. Ubicado en un rascacielos de lujo, con ventanales que ofrecen vistas panorámicas de la interminable jungla urbana, el apartamento simboliza tanto su estatus social como su aislamiento. Es impecablemente moderno, minimalista y ordenado, reflejo del control que Ryota intenta ejercer sobre cada aspecto de su vida. Sin embargo, este espacio carece del calor y el desorden vital de la casa de los Saiki. No hay juguetes esparcidos ni proyectos a medio terminar; todo tiene su lugar, incluido, aparentemente, el afecto, que se ofrece de manera medida. Para el visitante, encontrar el edificio exacto es imposible y, en cierto sentido, irrelevante. La esencia de este lugar se puede captar en barrios de alto nivel como Roppongi Hills, Tokyo Midtown en Akasaka o las zonas residenciales de Minato. Visitar las plataformas de observación de edificios como el Edificio del Gobierno Metropolitano de Tokio en Shinjuku o Mori Tower en Roppongi ofrece una experiencia similar a mirar por la ventana de Ryota. Desde estas alturas, la ciudad se convierte en un mapa abstracto, una red de luces y líneas. Las personas son invisibles, reducidas a meros puntos en un sistema complejo. Esta perspectiva aérea es una metáfora perfecta de la visión del mundo de Ryota: una mirada macro, estratégica, que a menudo pasa por alto los detalles humanos y emocionales que se encuentran a nivel del suelo. La experiencia de estar en estas alturas, rodeado de una quietud casi irreal mientras la ciudad bulle silenciosamente debajo, permite comprender la soledad que puede acompañar al éxito en una metrópolis tan vasta.

El Crisol del Éxito: La Oficina de Ryota

El lugar de trabajo de Ryota, una exitosa firma de arquitectura, es la extensión de su hogar y de su personalidad. Es un entorno de alta presión, competitivo y orientado a resultados, donde las largas jornadas son la norma y el éxito se mide en proyectos ganados y edificios construidos. Kore-eda retrata este mundo con una precisión sutil, mostrando espacios abiertos y colaborativos que, sin embargo, irradian una tensión palpable. Las maquetas de edificios, perfectas y a escala, simbolizan la vida que Ryota intenta construir: planificada, estructurada y sin imperfecciones. Para sentir la atmósfera de este entorno, se puede pasear por distritos financieros como Marunouchi, cerca de la estación de Tokio, o el ala oeste de Shinjuku. Estas zonas son cañones de acero y cristal, pobladas durante el día por un ejército de «salarymen» y «office ladies» vestidos de oscuro, todos con propósito y prisa que marcan el ritmo de la capital. La arquitectura de estos barrios es imponente y, a menudo, abrumadora, reflejando poder, eficiencia y ambición global. Al observar el flujo constante de personas entrando y saliendo de estos gigantes corporativos, uno puede imaginar la vida de Ryota: las reuniones, las fechas límite, la presión continua por superar a la competencia. Es un mundo que premia la lógica sobre la emoción, la eficiencia sobre la espontaneidad. Este ambiente ayuda a entender por qué Ryota lucha tanto para conectar emocionalmente con sus hijos; su formación diaria es la de un solucionador de problemas, no la de un compañero de juegos. Visitar estos distritos ofrece una visión fascinante del motor económico y cultural de Japón, un elemento indispensable para comprender la dualidad que presenta la película.

Navegando el Corazón de Neón

Experimentar el Tokio de los Nonomiya requiere sumergirse en su sofisticado y eficiente sistema de transporte público. La red de metro y trenes JR es la forma más auténtica de recorrer la ciudad, sintiendo el pulso de la vida diaria de millones de tokiotas. Usar una tarjeta Suica o Pasmo facilita enormemente los desplazamientos. Para el primer visitante, el orden y la puntualidad del sistema resultan asombrosos. Un consejo es evitar las horas punta (aproximadamente de 7:30 a 9:30 y de 17:00 a 19:00) si se busca una experiencia más tranquila. Para captar la esencia visual del Tokio de la película, es recomendable explorar no solo de día sino también de noche. Es entonces cuando los distritos financieros se transforman, con las luces de las oficinas encendidas hasta tarde y los reflejos de neones danzando sobre las superficies de cristal. Un paseo nocturno por Shinjuku o Ginza, seguido de una copa en un bar con vistas desde un hotel de lujo, puede transportar al visitante directamente al mundo estético y emocional de Ryota Nonomiya. Sin embargo, también es importante buscar el contraste. A pocas paradas de metro de estos gigantes de hormigón, se hallan barrios residenciales tranquilos como Yanaka o Kagurazaka, que ofrecen un respiro y muestran la increíble diversidad de Tokio, una ciudad que es a la vez una metrópolis futurista y una colección de pequeños pueblos, cada uno con su propio ritmo y carácter.

Saitama: El Cruce de los Destinos

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Geográficamente y simbólicamente situada entre la metrópolis de Tokio y el entorno más rural de Gunma, la prefectura de Saitama actúa como punto de inflexión en la narrativa, el lugar donde los caminos de ambas familias se cruzaron por primera vez y donde sus vidas cambiaron irrevocablemente. Aquí se encuentra el hospital donde ocurrió el intercambio de bebés, convirtiéndolo en el epicentro del drama. Saitama, frecuentemente considerada una prefectura dormitorio para quienes trabajan en Tokio, representa en la película un espacio de transición, un lugar funcional y anónimo que se convierte en el escenario de un evento que transformará todo para siempre. No es el destino final, sino el origen del conflicto, el punto cero de la crisis de identidad que define la historia.

El Hospital: Donde las Vidas se Entrecruzaron

El hospital de la película es un edificio moderno, limpio y eficiente, un lugar que se enorgullece de su profesionalismo y precisión. Sin embargo, es en este espacio donde se comete un error humano fundamental con consecuencias devastadoras. La arquitectura del hospital, con sus largos y estériles pasillos, habitaciones idénticas y atmósfera clínica, refleja la naturaleza impersonal del suceso. No fue un acto malintencionado, sino un fallo en un sistema diseñado para ser infalible. Este entorno subraya la ironía de la situación de Ryota: un hombre que confía plenamente en los sistemas, procedimientos y la lógica, se ve obligado a enfrentar el caos provocado por un error sistémico. El hospital específico utilizado para el rodaje es el Centro Médico de la Prefectura de Saitama. Aunque visitarlo no es una experiencia turística común y debe realizarse con el máximo respeto a su función como centro de salud, su ubicación es significativa. Situado en la periferia de Tokio, en ciudades como Kawagoe o Saitama City, permite al viajero experimentar esa tierra de nadie entre los dos mundos de la película. La atmósfera de estas ciudades periféricas combina eficiencia e infraestructura de una gran urbe, pero sin el glamour ni el prestigio del centro de Tokio. Son espacios de la vida cotidiana, funcionales y modestos, un telón de fondo ideal para un drama que trata sobre personas comunes atrapadas en circunstancias extraordinarias. Visitar esta área, aunque menos espectacular visualmente que Tokio o Gunma, es esencial para completar el triángulo geográfico y emocional del viaje.

Un Viaje a Través del Paisaje de Kanto

Realizar el recorrido completo, desde Tokio a Saitama y luego a Gunma, es la mejor manera de comprender la narrativa espacial de Kore-eda. Este trayecto por la llanura de Kanto es una lección de geografía humana. Al salir de la densidad urbana de Tokio en tren, el paisaje se va abriendo gradualmente. Los edificios son más bajos, los espacios verdes más frecuentes, y el ritmo de vida parece desacelerarse con cada estación que pasa. El viajero puede observar por la ventana cómo el entorno influye en la vida de las personas. La experiencia de este viaje en tren funciona como una metáfora del propio viaje emocional de Ryota. Comienza en su zona de confort, el mundo predecible y estructurado de Tokio. La parada en Saitama representa la confrontación con la verdad, el momento en que su universo se fractura. Y el destino final, Gunma, es un territorio desconocido que lo desafía a redefinir sus valores, identidad y concepto de familia. Prestar atención a los detalles durante este viaje enriquece la peregrinación: los escolares con sus uniformes, los ancianos cuidando sus pequeños jardines, los paisajes industriales entremezclados con campos cultivados. Todo ello compone el tapiz del Japón moderno que Kore-eda captura con gran realismo y afecto. Es un recordatorio de que, más allá de los dramas personales, la vida sigue su ciclo constante y resiliente, un tema central en la filmografía del director.

El Eco de Dos Mundos: Reflexiones de un Peregrino Fotográfico

Al concluir este viaje, no solo se han explorado las localizaciones de una película, sino que se ha atravesado el núcleo de una pregunta universal: ¿qué nos define como personas? ¿La sangre o el afecto? ¿La naturaleza o la crianza? Hirokazu Kore-eda no ofrece respuestas simples, sino que nos invita a observar, sentir y reflexionar a través de los paisajes que habitan sus personajes. Desde mi punto de vista como fotógrafo, este peregrinaje ha sido una lección magistral sobre cómo el entorno puede contar una historia con la misma fuerza que cualquier diálogo. La composición visual del filme es un estudio de contrastes: las líneas verticales y la luz fría de Tokio frente a las líneas horizontales y la luz cálida de Gunma. El encuadre cerrado y claustrofóbico del apartamento de los Nonomiya comparado con los planos abiertos y amplios de la ribera del río Tone. Cada elección de localización es una pincelada en un retrato complejo de la sociedad japonesa contemporánea y de la eterna búsqueda humana de conexión. Visitar estos sitios es permitir que la película trascienda la pantalla y se transforme en una experiencia tangible y multisensorial. Es sentir la brisa del río que acarició el rostro de los personajes, es experimentar el vértigo de la altura que definía la perspectiva de Ryota, es percibir el pulso de la comunidad que acogía a la familia Saiki. Al regresar, uno no solo conserva fotografías de lugares, sino también el eco de dos mundos, la resonancia de una historia que nos recuerda que la familia no es algo que se nos da, sino algo que construimos día a día, con paciencia, sacrificio y, sobre todo, con amor. Es un viaje que, al igual que la película, permanece contigo mucho después de que los créditos hayan terminado.

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この記事を書いた人

Guided by a poetic photographic style, this Canadian creator captures Japan’s quiet landscapes and intimate townscapes. His narratives reveal beauty in subtle scenes and still moments.

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