Escrito por Shun Ogawa
Hay obras que trascienden la pantalla, que se instalan en el alma y nos dejan una huella imborrable. A Silent Voice (Koe no Katachi) es una de esas joyas cinematográficas. No solo nos sumerge en una historia de arrepentimiento, perdón y la compleja búsqueda de la comunicación, sino que también nos transporta a un mundo visualmente sobrecogedor, pintado con una paleta de colores nostálgicos y una sensibilidad exquisita. Cada fotograma parece susurrar una emoción, cada paisaje parece reflejar el tumultuoso mundo interior de sus protagonistas, Shoya Ishida y Shoko Nishimiya. Lo que muchos no saben es que este mundo no es una invención completa; tiene un ancla en la realidad, un lugar físico donde los susurros de la película aún resuenan. Este lugar es la ciudad de Ōgaki, en la prefectura de Gifu, un rincón de Japón que se convirtió, sin buscarlo, en el corazón latente de esta obra maestra. Emprender un peregrinaje (seichi junrei) a Ōgaki no es simplemente visitar las localizaciones de un anime; es un acto de inmersión, una oportunidad para caminar por los mismos puentes, sentir la misma brisa junto al río y, quizás, comprender un poco más profundamente la delicada danza de las emociones humanas que la película retrata con tanta maestría. Es un viaje para escuchar la voz silenciosa del paisaje, una voz que habla de conexión, de segundas oportunidades y de la serena belleza que se esconde en los lugares más inesperados. Prepárense para un recorrido que no solo deleitará sus ojos, sino que tocará las fibras más sensibles de su corazón, llevándolos al epicentro emocional donde la historia de Shoya y Shoko cobró vida.
Si te apasiona explorar los lugares reales que inspiraron películas profundas, también te fascinará descubrir el peregrinaje cinematográfico a los escenarios de ‘Her’.
Ōgaki: La Ciudad del Agua y los Ecos Melancólicos

Ōgaki no fue escogida al azar. Reconocida como la «Ciudad del Agua» (水の都, Mizu no Miyako), su identidad está intrínsecamente vinculada a la red de ríos y canales que la atraviesan, una característica que actúa como un personaje más dentro de la narrativa visual de A Silent Voice. El agua, en la película, es un leitmotiv constante: es el río donde Shoya busca redención, el reflejo de los fuegos artificiales que no se oyen pero sí se sienten, la superficie que separa y al mismo tiempo une mundos. Al llegar a Ōgaki, uno comprende de inmediato por qué la directora Naoko Yamada encontró aquí el lienzo perfecto. La atmósfera de la ciudad es de una tranquilidad casi tangible, una calma impregnada de una suave melancolía que llena el aire. No es una metrópolis bulliciosa; es un lugar donde el tiempo parece fluir a un ritmo más lento y contemplativo, acompasado por el murmullo constante del agua que corre. Los sauces llorones se inclinan sobre los canales, sus ramas rozando la superficie, creando una imagen poética que se repite una y otra vez en la película. Caminar por sus calles es como adentrarse en un haiku viviente, donde cada rincón evoca una sensación de mono no aware, esa sensibilidad japonesa hacia la belleza efímera de las cosas. Esta ciudad, que históricamente fue una parada importante en la ruta Nakasendō y el destino final del viaje del poeta Matsuo Bashō en su «Senda hacia Oku», respira una historia profunda que se combina con la modernidad de manera sutil, formando el telón de fondo ideal para una historia sobre la conexión entre el pasado y la búsqueda de un futuro.
El Puente Midori: Donde las Almas Aprenden a Comunicarse
Si hay un lugar que captura la esencia de A Silent Voice, sin duda es el Puente Midori (美登鯉橋). No es simplemente un puente; es un santuario, un escenario sagrado donde se desarrollan algunos de los momentos más cruciales y emotivos de la película. Es el sitio donde Shoya y Shoko comienzan a tejer, con hilos delicados, el tapiz de su nueva relación. Aquí alimentan a las carpas koi, un acto sencillo que se convierte en un poderoso ritual de comunicación no verbal, un lenguaje universal que trasciende las barreras del sonido y el arrepentimiento. En la realidad, el puente es tan evocador como en el anime. La pintura verde, el diseño de sus barandillas y la forma en que se arquea sobre el río Suimon… todo ha sido reproducido con una fidelidad impresionante. Pararse en el centro del puente y mirar hacia el agua donde nadan las carpas es una experiencia profundamente conmovedora para cualquier fanático de la película. Se percibe el peso de las palabras no dichas, la tensión de los malentendidos y la esperanza incipiente de una conexión auténtica.
El Latido del Río Suimon
Bajo el puente, el río Suimon fluye con una calma serena. Este cauce es la arteria vital de Ōgaki y, en la película, el testigo silencioso de la evolución de sus personajes. El sonido del agua, el reflejo del cielo en su superficie, el movimiento pausado de las carpas… todos estos elementos conforman una atmósfera sonora y visual que invita a la introspección. Para vivir la experiencia plenamente, no basta con cruzar el puente. Hay que bajar a la orilla, sentarse en los escalones de piedra que llevan hacia el agua, tal como lo hacen Shoya y Shoko. Es en esa cercanía con el elemento acuático donde uno puede conectar verdaderamente con el espíritu del lugar. Recomendamos comprar un poco de pan en una tienda cercana (aunque siempre es conveniente revisar las regulaciones locales sobre alimentar a los peces) y pasar un rato en silencio, simplemente observando. Es en ese silencio donde uno puede escuchar la “voz” de la película, su mensaje sobre la paciencia y cómo los pequeños gestos pueden construir puentes más sólidos que el hormigón.
Un Escenario para Cada Estación
Visitar el Puente Midori es una experiencia distinta en cada estación, tal como la relación de los protagonistas florece y enfrenta tempestades. En primavera, los cerezos en flor que bordean el río forman un túnel rosado de belleza etérea, un reflejo de los momentos más esperanzadores de la película. En verano, el verde intenso de los sauces y el sonido de las cigarras sumergen en la atmósfera cálida y húmeda de los veranos japoneses, tan presentes en el anime. El otoño tiñe el paisaje con tonos ocres y dorados, aportando una capa de melancolía introspectiva, mientras que el invierno, con su luz clara y su aire frío, resalta la estructura del puente y la quietud del agua. Cada visita ofrece una nueva interpretación de la misma escena, una oportunidad renovada para sentir la historia desde una perspectiva diferente.
Los Paisajes Cotidianos: Trazando el Mapa de sus Vidas

El genio de A Silent Voice radica en la manera en que transforma lo cotidiano en algo extraordinario. Los escenarios de la vida diaria de los personajes son lugares reales de Ōgaki, lo que añade una capa de autenticidad que hace que la historia resulte aún más conmovedora. Así, el peregrinaje se convierte en un fascinante juego de descubrimiento, donde cada rincón puede revelar un fragmento de la película.
La Plaza de las Cuatro Estaciones (Shiki no Hiroba)
Justo a la salida de la estación de Ōgaki, se encuentra un espacio abierto que los fans reconocerán al instante: la Plaza de las Cuatro Estaciones. Este lugar es un punto de encuentro constante para el grupo de amigos en la película. Es el sitio donde esperan, charlan y donde se desarrollan muchas de las dinámicas sociales que impulsan la trama. En la realidad, la plaza funciona como el vestíbulo de la ciudad, un punto de partida ideal para la exploración. El Centro de Información Turística, ubicado aquí, suele contar con mapas y folletos dedicados a las localizaciones de la película, reconociendo con orgullo el vínculo entre Ōgaki y la obra. Sentarse en uno de los bancos de la plaza es revivir esas escenas, imaginar las conversaciones y sentir el latir de la ciudad que fue cuna de esta historia.
El Mundo Escolar: Un Respetuoso Vistazo
Las escuelas que aparecen en la película, tanto la primaria como la secundaria, son elementos fundamentales donde se germinan las semillas del conflicto y, más adelante, del reencuentro. Aunque estos edificios están basados en escuelas reales de la región de Ōgaki y sus alrededores, es vital recordar que son instituciones educativas en funcionamiento. La privacidad y seguridad de los estudiantes y el personal son prioritarias. Por ello, no se debe intentar entrar a los centros escolares ni tomar fotografías que puedan resultar intrusivas. El verdadero peregrino demuestra su amor por la obra respetando a la comunidad que la inspiró. Se puede admirar la arquitectura desde el exterior, observar el ambiente general de los barrios escolares y valorar cómo el equipo de producción capturó la esencia de la vida estudiantil japonesa sin necesidad de invadir estos espacios. Es un acto de respeto y admiración desde la distancia.
Más Allá del Agua: El Viaje Surrealista a Yōrō
El peregrinaje de A Silent Voice no se limita a los alrededores de Ōgaki. Uno de los arcos argumentales más memorables de la película lleva a los personajes a un lugar completamente diferente, tanto en lo geográfico como en lo estético: el Parque de Yōrō, y en especial, una de sus instalaciones más emblemáticas.
El Sitio de la Reversión del Destino: Un Laberinto para el Alma
El lugar donde el grupo de amigos pasa un día que se convierte en un punto de inflexión es el «Sitio de la Reversión del Destino Yōrō» (養老天命反転地, Yōrō Tenmei Hantenchi). No es una localización común; es una obra de arte interactiva de gran escala, diseñada por los artistas Shusaku Arakawa y Madeline Gins. El parque es un paisaje surrealista y desconcertante, lleno de colinas artificiales, construcciones inclinadas, caminos que no conducen a ningún lado y un laberinto de muros que desafían la percepción del equilibrio y el espacio. La elección de este sitio para la película resulta una genialidad narrativa. La propia naturaleza del parque, que obliga a sus visitantes a estar siempre alerta, a ayudarse mutuamente para no caer y a descubrir nuevas formas de moverse en un terreno impredecible, funciona como una metáfora perfecta de los desafíos que enfrentan los personajes. Ellos intentan navegar por el complejo terreno de sus relaciones, hallar el equilibrio emocional y apoyarse unos a otros en un mundo que frecuentemente resulta confuso y hostil. Visitar este parque es una experiencia tanto física como sensorial. Se recomienda llevar calzado cómodo y estar preparado para una aventura. Perderse en sus laberintos, escalar sus pendientes y sentir el vértigo de sus estructuras es experimentar en carne propia la desorientación y el esfuerzo por conectar que definen a los protagonistas de la película. Es, literalmente, ponerse en sus zapatos en uno de los momentos más simbólicos de su camino.
El Ferrocarril de Yōrō: Un Viaje en el Tiempo
El mismo trayecto hasta el parque forma parte de la experiencia del peregrinaje. Los personajes viajan en el Ferrocarril de Yōrō, una línea de tren local con un encanto nostálgico. Las estaciones, de aspecto retro, y los vagones que se mecen suavemente a lo largo del paisaje rural de Gifu, transportan al viajero no solo hasta Yōrō, sino también a una época pasada. Tomar este tren desde la estación de Ōgaki es revivir el viaje del grupo, mirar por la ventanilla y contemplar los mismos campos y montañas que ellos vieron, sintiendo la anticipación e incertidumbre de lo que les esperaba al final del trayecto. Esto constituye una parte esencial de la narrativa, un preludio tranquilo antes de la intensidad sensorial y emocional del Sitio de la Reversión del Destino.
Guía Práctica para el Peregrino Emocional

Emprender este viaje requiere más que un simple mapa de ubicaciones; exige una preparación que permita una inmersión plena y respetuosa en el universo de A Silent Voice.
Cómo Llegar y Moverse
Ōgaki cuenta con una ubicación estratégica. Es una parada destacada en la línea principal JR Tokaido, lo que la hace fácilmente accesible en tren desde grandes ciudades como Nagoya (a unos 30 minutos) o mediante un transbordo desde el Shinkansen en Maibara si vienes de Kioto u Osaka. Una vez en Ōgaki, el núcleo del peregrinaje es sorprendentemente compacto. La mayoría de los lugares clave, como el Puente Midori y la Plaza de las Cuatro Estaciones, están a una distancia caminable desde la estación. Sin embargo, para una experiencia más auténtica y placentera, considera alquilar una bicicleta. Moverse en bicicleta por las orillas de los canales no solo es práctico, sino que también te permite recrear la sensación de los personajes de la película, disfrutando la brisa y descubriendo rincones ocultos a tu propio ritmo. Para llegar a Yōrō, deberás tomar el ya mencionado Ferrocarril de Yōrō desde la estación de Ōgaki. El trayecto dura aproximadamente 25 minutos y te adentra en el paisaje rural que conecta ambos escenarios principales.
La Ética del Peregrino: Respeto y Agradecimiento
Es esencial recordar que estos lugares no son un set de filmación. Son parte de una comunidad viva, hogares y espacios de trabajo para miles de personas. El verdadero fan demuestra su admiración por la obra mostrando el máximo respeto. Evita hacer ruido, especialmente en áreas residenciales. No dejes basura; al contrario, contribuye a que los lugares queden más limpios de lo que los encontraste. Solicita permiso antes de fotografiar personas o propiedades privadas. Apoya la economía local: come en los restaurantes de la zona, compra en sus tiendas. Este peregrinaje es una oportunidad para expresar gratitud a la ciudad de Ōgaki por haber brindado un hogar tan hermoso a una historia que ha conmovido a millones. La amabilidad y el respeto son el mejor homenaje que se puede rendir a A Silent Voice.
Una Voz que Resuena en el Silencio del Paisaje
Visitar Ōgaki y Yōrō siguiendo los pasos de Shoya y Shoko es mucho más que una simple excursión turística. Es un diálogo con la obra, una manera de vivir sus temas de forma visceral y personal. Es situarse en el Puente Midori y sentir el peso del arrepentimiento junto con la ligereza de la esperanza. Es perder el equilibrio en el Sitio de la Reversión del Destino y entender la importancia de ofrecer una mano amiga. Es escuchar el murmullo del agua y descubrir en él un eco de todas las voces que luchan por ser escuchadas. Al término del viaje, uno no solo se lleva fotos de lugares emblemáticos, sino también una comprensión más profunda de la fragilidad y la resistencia del corazón humano. Ōgaki no es únicamente el escenario de A Silent Voice; es su esencia. Y esa esencia, una vez que la has sentido, resuena en ti mucho después de haber tomado el tren de regreso a casa, como un susurro constante que te recuerda que, incluso en el silencio más profundo, siempre existe la posibilidad de conexión.

