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Con Ánimo de Amar: Un Peregrinaje Rítmico por los Escenarios de un Secreto Compartido

Hay películas que se ven, y hay películas que se sienten, que se respiran, que se habitan. Con Ánimo de Amar (In the Mood for Love, o Fa yeung nin wa en su cantonés original) no es solo una obra maestra cinematográfica de Wong Kar-wai; es un estado de ánimo, una cápsula de tiempo teñida de melancolía y anhelo, un poema visual que late al compás de un vals solitario. La historia de Su Li-zhen (Maggie Cheung) y Chow Mo-wan (Tony Leung), dos almas vecinas unidas por la traición de sus cónyuges, se desarrolla en los pasillos estrechos, las escaleras empinadas y los cafés humeantes de un Hong Kong de 1962, un mundo que ya solo existe en la memoria y en el celuloide. Pero para nosotros, los peregrinos del cine, esos lugares no han desaparecido. Se han transformado en santuarios, en portales a ese sentimiento suspendido, a esa belleza dolorosa que nos cautivó. Este no es un simple viaje a localizaciones de rodaje; es una inmersión en la geografía emocional de la película, un intento de caminar al mismo ritmo cadencioso de sus protagonistas, de sentir el roce de un cheongsam contra la pared de un callejón y de susurrar un secreto a las piedras antiguas que guardan el eco de un amor que nunca fue. Seguiremos las huellas de Su y Chow, desde el vibrante y sofocante corazón de Hong Kong hasta los templos silenciosos de Camboya, en busca no de un plató, sino de una atmósfera, de un sentimiento, de un ánimo para amar. Acompáñame en este baile a través del tiempo y el espacio, donde cada esquina es un fotograma y cada sombra cuenta una historia no contada.

Si te apasiona este tipo de peregrinaje cinematográfico, también te fascinará explorar el Tokio literario de Ryunosuke Akutagawa.

目次

Hong Kong: El Corazón Latente de la Melancolía

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Hong Kong no es simplemente el escenario de Con Ánimo de Amar; es el tercer personaje principal, un laberinto de emociones reprimidas y deseos contenidos. La ciudad, vista a través del lente de Wong Kar-wai, cobra vida propia: su humedad impregna la ropa, sus luces de neón dibujan rostros solitarios, y sus angostas calles fuerzan a sus habitantes a una intimidad cargada de dolor. Para el visitante, buscar el Hong Kong de la película es intentar encontrar el alma de una época pasada, una misión que demanda más sensibilidad e imaginación que un mapa exacto.

El Baile en las Escaleras de Central y Sheung Wan

Las escaleras aparecen una y otra vez en la película, un espacio límite donde los encuentros casuales adquieren un sentido profundo. Son el escenario del primer roce, de miradas tímidas, del elegante descenso de Su Li-zhen con su termo de fideos y del ascenso reflexivo de Chow Mo-wan. Aunque las escaleras que se ven en la película son una mezcla de varios sitios y parte de un set, su esencia está en las innumerables escaleras de piedra que enlazan los diferentes niveles de Central y Sheung Wan. Para comenzar este recorrido, hay que perderse entre ellas.

La Atmósfera de los Pasos Perdidos

Recorrer Ladder Street, o los tramos de escaleras que unen Hollywood Road con las calles inferiores, es entrar en el pulso de la película. Cierra los ojos un momento y atiende: el murmullo del cantonés, el choque de tacones sobre el granito gastado, el lejano rumor del tránsito. El aire se percibe denso, impregnado con el aroma del incienso de templos cercanos como el Man Mo y la fragancia de la comida que se cocina en los apartamentos abiertos. La luz del sol se cuela entre los edificios altos, creando juegos de luz y sombra que flotan sobre el suelo, reflejando la cinematografía de Christopher Doyle y Mark Lee Ping-bing. Es aquí donde la estética de Wong Kar-wai se hace palpable.

No intentes hallar una réplica exacta del fotograma. Busca la sensación. Siente el esfuerzo de la subida, la pausa para recuperar el aliento, la perspectiva al mirar hacia abajo. Imagina a Maggie Cheung, en su impecable cheongsam, descendiendo con una gracia casi irreal, su figura un estallido de color contra el gris del concreto y la piedra. Imagina a Tony Leung, con su traje perfectamente arreglado y su cigarrillo pensativo, apoyado en una barandilla, observando el paso del mundo. Estos no son solo puntos de paso; son escenarios cotidianos de silenciosos dramas. Al caminar aquí, no solo observas un lugar, participas en el ritmo de la ciudad, un ritmo que la película capturó a la perfección.

Consejos para el Viajero Sensorial

Visita esta zona al atardecer. La magia ocurre entonces. Las luces de los apartamentos se encienden, proyectando un brillo cálido y dorado. Los farolillos rojos de restaurantes y tiendas cobran vida, y las sombras se alargan, creando un ambiente de misterio e intimidad. Lleva una cámara, pero no te obsesiones con la imagen perfecta. Intenta capturar la sensación: el desenfoque del movimiento, el reflejo de un neón en un charco, la silueta de un desconocido que pasa. La fotografía de la película privilegia la emoción sobre la nitidez. Siéntate en un escalón y simplemente observa. Verás a los residentes regresar a casa, a los mensajeros apresurados, a parejas que pasean. Notarás que la película no inventó este mundo, sino que lo retrató con un ojo poético.

Goldfinch Restaurant: El Sabor del Anhelo

El Goldfinch Restaurant (金雀餐廳), en Causeway Bay, era más que un restaurante. Era el confesionario de Su y Chow, el lugar donde ensayaban sus enfrentamientos, donde compartían filetes con salsa de pimienta, y donde su vínculo se fortalecía en silencio, mediante miradas cruzadas sobre la mesa. Aquí Chow pregunta a Su si tiene un amante, y aquí practican cómo ella confrontará a su esposo. Cada comida se convierte en una representación, un modo de procesar su dolor común. Lamentablemente, el Goldfinch cerró definitivamente en 2015, llevándose consigo un fragmento de la historia del cine hongkonés.

El Legado de un Espacio Perdido

Aunque ya no es posible sentarse en sus reservados de cuero rojo ni pedir el «Menú In the Mood for Love», el espíritu del Goldfinch sigue vivo. Era un ejemplo típico de los restaurantes occidentales clásicos de Hong Kong, conocidos como bing sutt o cha chaan teng de lujo. Estos espacios, con su decoración nostálgica y su menú de fusión chino-occidental, eran el corazón social de una generación. Para el peregrino, la búsqueda ahora es hallar lugares afines que conserven esa atmósfera congelada en el tiempo.

Dirígete a restaurantes como Mido Cafe en Yau Ma Tei o Swiss Cafe en Central. Observa los detalles: las baldosas de mosaico, los ventiladores de techo girando lentamente, los menús plastificados, los camareros atentos con sus uniformes blancos. Pide un té con leche al estilo de Hong Kong y un plato de arroz al horno con cerdo. En estos sabores y ambientes puedes acercarte a la experiencia de Su y Chow. No es el mismo sitio, pero sí la misma emoción: un refugio del bullicio urbano, un espacio para conversaciones tranquilas y secretos compartidos. La comida en la película es un lenguaje; el acto de compartirla, una forma de compartir una intimidad que los protagonistas no se atreven a verbalizar. Recrear esa experiencia culinaria conecta con la capa más profunda de la narrativa.

La Intimidad de los Apartamentos: Arquitectura de la Represión

Los apartamentos de Su y Chow, aunque vecinos, nunca se muestran por completo. La cámara de Wong Kar-wai se detiene en los pasillos estrechos, los marcos de puertas y los espacios intermedios. Este lenguaje visual genera un sentido de claustrofobia que refleja las vidas limitadas de los protagonistas. Los apartamentos eran sets construidos para la película, pero su estilo está basado en los Tong Lau, edificaciones residenciales de mediados del siglo XX que aún pueden encontrarse en varias áreas de Hong Kong.

Explorando los Tong Lau de Sham Shui Po y Wan Chai

Para captar el ambiente interior de la película, visita barrios como Sham Shui Po, Wan Chai o algunas calles secundarias en Sheung Wan. Allí encontrarás estos edificios típicos, con balcones, ventanas enrejadas y fachadas gastadas por el tiempo y la humedad. Aunque no podrás entrar a las viviendas, puedes observar desde la calle cómo la vida se despliega hacia afuera: ropa tendida para secar, plantas en macetas en los balcones, la luz que se escapa nocturna por las ventanas. Estas construcciones no son monumentos, sino hogares vivos. Los pasillos que aparecen en la película, tan vitales para los encuentros de los protagonistas, son el alma de estos edificios. Son espacios semi-públicos, semi-privados, donde los aromas de la cocina de un vecino se mezclan con las conversaciones de otro. Son el tejido conectivo de la comunidad. Al pasear por estas calles, puedes imaginar las innumerables historias, semejantes a las de Su y Chow, que se han desarrollado en estos pasillos a lo largo de las décadas.

Bangkok: El Espejismo de un Hong Kong Pasado

Una de las grandes maravillas del cine es su habilidad para engañar. Gran parte de lo que creemos que es el Hong Kong de 1962 en Con Ánimo de Amar fue, en realidad, filmado en Bangkok, Tailandia. Debido a la rápida modernización de Hong Kong, Wong Kar-wai encontró en ciertos barrios de Bangkok la apariencia y el ambiente de la ciudad de su infancia, una atmósfera que ya había desaparecido en su propio hogar. Para el peregrino, este cambio geográfico añade una capa fascinante al viaje.

Charoen Krung Road: Un Viaje en el Tiempo

El centro del rodaje en Bangkok fue la zona de Charoen Krung Road, especialmente sus callejones (sois) y el barrio chino (Samphanthawong). Esta área, con su arquitectura sino-portuguesa, sus letreros de neón en caracteres chinos y su vibrante vida callejera, fue el doble perfecto para el Hong Kong de los años 60. Aquí se grabaron muchas escenas callejeras, incluyendo los paseos nocturnos bajo la lluvia de Chow Mo-wan.

La Fusión de Dos Mundos

Pasear por Charoen Krung Road hoy sigue siendo una experiencia cinematográfica. La calle está repleta de antiguas tiendas, joyerías, restaurantes y puestos de comida callejera. El aire se llena con una sinfonía de olores: el aroma de las especias, el dulce perfume de los postres tailandeses, el humo del wok. Aunque es Tailandia, la fuerte presencia de la comunidad chino-tailandesa crea un ambiente que resuena con la película. Los edificios de colores pastel, con sus persianas de madera y fachadas desconchadas, evocan una nostalgia palpable. Es un lugar donde pasado y presente conviven de manera muy visual. Puedes hallar un hotel boutique de moda junto a una tienda de hierbas medicinales que lleva generaciones allí. Esta mezcla es justo lo que Wong Kar-wai buscaba: un sitio que se sintiera vivido, con capas de historia.

El Callejón del Secreto

Uno de los lugares clave es un pequeño callejón sin nombre cerca de la Oficina General de Correos, usado para la escena en la que Su y Chow descubren que sus respectivos cónyuges poseen exactamente los mismos objetos (un bolso, una corbata), confirmando su aventura. Encontrar el callejón exacto puede ser un desafío, pero la búsqueda forma parte de la peregrinación. Explora los sois que se desprenden de Charoen Krung. Sumérgete en su estrechez, observa cómo la luz del sol apenas penetra, siente la intimidad forzada que generan. Es en uno de estos callejones donde puedes detenerte y percibir el peso de esa revelación, el momento en que la sospecha se transforma en una dolorosa certeza.

Hoteles y Restaurantes: Ecos de Citas Clandestinas

Bangkok también ofreció los interiores para muchas de las escenas en restaurantes y hoteles, lugares donde Su y Chow se refugian para escribir su serie de artes marciales y, en el proceso, se enamoran lentamente. Lugares como el antiguo restaurante Continental y el Hotel Oriental (hoy Mandarin Oriental) prestaron su atmósfera de elegancia decadente a la película. Aunque algunos de estos locales han cambiado o son difíciles de acceder, recorrer los hoteles históricos a lo largo del río Chao Phraya puede evocar una sensación similar. Entra en el vestíbulo de uno de estos grandes hoteles, ordena un té y siéntate en un rincón tranquilo. Observa el ir y venir de la gente, la decoración opulenta, la sensación de estar en un mundo aparte. Es en estos espacios donde Su y Chow podían escapar de la vigilancia de sus vecinos y vivir, aunque fuera de forma ficticia, la vida de pareja que les había sido negada. El lujo y el anonimato de un hotel se convierten en su único santuario.

Angkor Wat, Camboya: El Santuario Final de los Recuerdos

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El viaje de nuestra peregrinación culmina en un lugar de belleza y solemnidad sobrecogedoras: Angkor Wat, en Camboya. La película da un salto en tiempo y espacio, llevándonos con Chow Mo-wan, ya periodista, a cubrir la visita del general de Gaulle a Camboya en 1966. Es aquí, entre las ruinas de un antiguo imperio, donde la película alcanza su clímax emocional, una catarsis silenciosa y profundamente conmovedora.

El Muro de los Susurros

Chow, atormentado por el recuerdo de Su Li-zhen, busca un lugar para liberar su secreto, su amor no correspondido. Recuerda una antigua leyenda: si tienes un secreto que no puedes contar a nadie, subes a una montaña, encuentras un agujero en un árbol y lo susurras allí, sellándolo para siempre con barro. Chow halla su árbol en las paredes de piedra de Angkor Wat. Vemos cómo apoya la boca en un hueco de la pared, susurra sus sentimientos ocultos y luego lo cubre con hierba y barro. Es uno de los finales más poéticos en la historia del cine.

Encontrando el Lugar Preciso

La escena fue filmada en el complejo de Angkor, probablemente en los muros exteriores del templo principal de Angkor Wat o en las ruinas cercanas de Bayon o Ta Prohm, con sus famosas raíces de gigantescos árboles. Para el peregrino, la tarea no es hallar el agujero exacto donde lo hizo Tony Leung, un acto casi imposible y quizás algo sacrílego. La tarea es encontrar un lugar tranquilo dentro de este vasto complejo, lejos de las multitudes, y conectar con el espíritu de ese acto.

Angkor Wat es un lugar de espiritualidad abrumadora. Las piedras mismas parecen vibrar con siglos de historia, oraciones y secretos. Levántate antes del amanecer para ver el sol salir detrás de las torres icónicas del templo. El silencio matutino, roto solo por los sonidos de la jungla, es el momento perfecto para la contemplación. Camina por los largos pasillos de bajorrelieves que narran historias de dioses y reyes. Siente la textura fresca y rugosa de la piedra bajo tus dedos. Encuentra un rincón apartado, una ventana que dé a la selva, un nicho en una pared desgastada. Tómate un momento. Piensa en los secretos que llevas, en las palabras no dichas, en los recuerdos que pesan. No tienes que susurrar nada si no quieres. El solo acto de estar allí, en silencio, en un lugar que ha guardado los secretos de millones durante casi mil años, es una forma de liberación. Es comprender por qué Chow eligió este lugar para dejar ir su pasado.

Consejos para una Visita Reflexiva

Dedica al menos un par de días a explorar el complejo de Angkor. No te apresures. Alquila una bicicleta o un tuk-tuk con conductor para desplazarte entre los distintos templos. Aunque Angkor Wat es el más famoso, templos más pequeños y menos concurridos como Banteay Srei o Preah Khan ofrecen una experiencia más íntima. Lleva agua, protégete del sol, pero sobre todo, lleva el corazón abierto. La visita a Angkor Wat después de ver Con Ánimo de Amar transforma la experiencia. No estás solo observando ruinas antiguas; estás caminando por un cementerio de recuerdos, un santuario para todo lo que se ha perdido en el tiempo. Es el final perfecto para un viaje que trata sobre la memoria, el anhelo y la belleza efímera de los momentos que nos marcan para siempre.

Recreando la Estética: Guía para el Peregrino Cinematográfico

Un peregrinaje a los mundos de Wong Kar-wai no estaría completo sin intentar sumergirse en su inconfundible estética. No se trata de disfrazarse, sino de adoptar una sensibilidad particular, de ver el mundo a través de su lente estilizada y romántica. Es convertir tu viaje en tu propia película.

El Vestuario como Narrativa: El Cheongsam y el Traje

En la película, la ropa es un personaje más. Los más de veinte cheongsams que lleva Maggie Cheung no son simplemente vestidos; son un reflejo de su estado de ánimo, su armadura contra el mundo, una expresión de su elegancia contenida. Cada patrón, cada color, narra una parte de la historia. Los trajes impecables y el cabello engominado de Tony Leung muestran su profesionalismo y su deseo de mantener el control en medio del caos emocional.

Para el peregrino, esto no significa que tengas que viajar con un guardarropa de época. Pero sí puedes rendir homenaje a esta estética. Para las mujeres, considera visitar una sastrería tradicional en Hong Kong y hacerte un cheongsam a medida. Es un recuerdo único y una prenda de belleza atemporal. Si no, puedes optar por vestidos con cuellos altos, estampados florales sutiles y siluetas elegantes. Para los hombres, un traje bien cortado o simplemente una camisa de manga corta y pantalones de vestir pueden evocar la época. Presta atención a los detalles: un pañuelo de bolsillo, un reloj clásico de pulsera. La clave es la pulcritud, la sensación de que cada elemento ha sido elegido con intención. Vestirte de esta forma no solo es un guiño a la película, sino que también transforma la manera en que te mueves por la ciudad y cómo los demás interactúan contigo. Te invita a ralentizar el paso, a caminar con cierta gracia.

La Fotografía del Sentimiento: Capturando el Estilo Wong Kar-wai

La cinematografía de la película es legendaria por su uso del color, la luz, la sombra y el encuadre. Christopher Doyle y Mark Lee Ping-bing crearon un lenguaje visual a la vez íntimo y distante. Como peregrino fotógrafo, puedes intentar reproducir este estilo.

  • Busca el encuadre dentro del encuadre: Wong Kar-wai frecuentemente filma a sus personajes a través de ventanas, puertas, espejos o entre objetos, creando una sensación de voyeurismo y vidas atrapadas. Al recorrer las calles, busca oportunidades de encuadres naturales. Fotografía a través de la ventana de un restaurante o refleja la escena en el espejo retrovisor de un taxi.
  • Juega con la luz y la sombra: La película está llena de claroscuros. Emplea las duras sombras del mediodía o la luz suave del atardecer. Por la noche, evita el flash y utiliza la luz ambiental de neones, farolillos y farolas. Deja que las zonas oscuras permanezcan en penumbra. El misterio reside en lo que no se ve.
  • El color como emoción: Los rojos intensos, verdes profundos y amarillos cálidos dominan la paleta de la película. Busca esos colores en tu entorno: un taxi rojo, una pared verde musgo, la luz dorada de un puesto de fideos. Satura ligeramente los colores en la edición para darles ese toque de ensueño.
  • Movimiento y desenfoque: La película usa a menudo la cámara lenta y el desenfoque de movimiento (step-printing) para transmitir la subjetividad del tiempo y la memoria. Experimenta con velocidades de obturación lentas para capturar el movimiento de personas o del tráfico, creando estelas de luz y color. No todas las fotos deben ser nítidas; a veces, un desenfoque puede transmitir más emoción.

Conclusión: El Eco de un Sentimiento

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Recorrer las huellas de Con Ánimo de Amar va más allá de una simple visita a los escenarios de rodaje. Es un ejercicio de memoria y empatía. Es caminar por una calle y percibir el eco de los pasos de dos personas que hallaron consuelo en su soledad compartida. Es sentarse en un café y captar la tensión de las palabras no pronunciadas. Es estar frente a una antigua ruina y comprender el peso de un secreto guardado durante demasiado tiempo. Los lugares han cambiado, el Goldfinch ha cerrado, y Hong Kong ha seguido su ritmo frenético de transformación. Pero la atmósfera, el sentimiento, el ánimo de amar, perduran en estos rincones para quienes saben buscarlos. La película nos muestra que los momentos más importantes de nuestras vidas son a menudo los más silenciosos y fugaces. Este peregrinaje es una invitación a ralentizar el paso, a observar los detalles, a escuchar los susurros del pasado y a encontrar la belleza en la melancolía. Porque, al final, como nos enseña la película, esos instantes efímeros son los únicos que realmente poseemos, los únicos que llevamos con nosotros, como un secreto susurrado en la piedra, para siempre.

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